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Teodoro González:

“Prefiero que ella coma antes que yo”

Desde hace cinco años cuida a su esposa Albertina a causa de un accidente cerebrovascular que la dejó postrada. Su estado se traduce en elevados gastos, pero se las arreglan. Actualmente participan del PADAM de Osorno, que desde enero se avocó completamente a apoyar domiciliariamente a adultos mayores con dependencia severa.

Por María Luisa Galán

Este 2023 comienza con buenas noticias para Osorno y ciento veinte familias de la zona. El Programa de Atención Domiciliara al Adulto Mayor del Hogar de Cristo empezará a operar un nuevo servicio, uno que estará dirigido a personas mayores con dependencia severa. La nueva modalidad se pondrá en marcha gracias a fondos aportados por el Gobierno Regional de Los Lagos y, el lunes 16 de enero, fue presentado con bombos y platillos.

Teodoro González (79) es uno de los beneficiarios. Hace cinco años cuida a su esposa, Albertina Márquez (86), quien sufrió un accidente cerebrovascular. No tuvo síntomas. Él dice que era hipertensa, pero que nunca quiso ir al médico. Cuenta: “Y de ahí le cayó un día la cuestión. Le subió la presión, la llevé al hospital, pero no hubo caso. Ella hablaba y andaba caminando. Después estuvo diez días en el Hospital de Osorno. Salió de ahí pero no caminó ni habló más. Cuando llegó a la casa era puro huesitos”.

Teodoro González cuida a su esposa, Albertina

A pesar de todos los pronósticos, decidió llevársela a la casa. “Yo la cuido”, le dijo al doctor. “Porque si llega a pasar cualquier cosa, aquí en el hospital o en la casa, es lo mismo. Así es que me la trajeron a la casa y empecé a hacerle comida. Compramos Ensure. Es caro pero estamos obligados a comprarlo. Se come cuatro tarros al mes”, se explaya Teodoro sobre cómo cuida y los gastos en los que incurre para su mujer.

Son más de cien mil pesos al mes en alimento. Además de otras cosas. Según Teodoro, la pensión de ella alcanza para cubrir estos gastos. Si no, saca de su bolsillo. “No le falta nada”, asegura. Hoy, dice que está “gordita igual que antes. Prefiero que ella coma primero antes que yo”.

Teodoro: “Llegó con lo puesto”

Llevan cuarenta años de matrimonio. Si mal no recuerda Teodoro, se conocieron en una fiesta en donde ella estaba laborando. La vio y le dijo: “¿Pa´qué anda trabajando? ¿Por qué no nos casamos mejor?”, recuerda. Ella dijo que sí, y desde Tegualda, la tierra natal de Albertina, se la llevó a su hogar en Río Negro. “Tenía mi casa, todo. Llegó con lo puesto nada más”, dice.

Teodoro nació en el campo, al interior de Río Negro. Trabajó por años en jardinería y en la industria forestal, esto último en Argentina. Su actual casa la compró, precisamente, gracias a lo que ganó cuando se desempañaba tras la frontera. “Trabajaba con bueyes. Ganaba plata”, recuerda.

Tuvieron una hija, quien hoy es educadora de párvulos en un colegio de monjas de Río Negro. También la ayuda en el cuidado de su señora. Y tiene tres nietos grandes; una que está a punto de titularse de nutricionista.

Un catre gratis

Teodoro relata que han sido buenos años de matrimonio; que nunca les pasó nada. Eso, hasta la enfermedad de su señora.

No hicieron mayores adaptaciones en la casa. Sólo se consiguieron un catre clínico. Primero habían cotizado uno por 800 mil pesos en Santiago, pero su hija se consiguió uno gratis gracias al trabajo en el que está. “Con eso me alivié porque estaba jodido de la cintura. El catre que teníamos era muy bajo. Estuve como un mes fregado de la cintura. Antes yo la levantaba. La tenía en silla de ruedas, pero después, cuando estuve jodido, no se pudo más y quedó en la cama no más”, cuenta.

Dice que ha sido harto trabajo estos casi cinco años. “No pude trabajar más y, qué hago, obligado a cuidarla”, cuenta con cariño y resignación. Agrega: “No es difícil cuidarla, ya estoy acostumbrado. Cinco minutos me demoro en cambiarla”.

Teodoro recibiendo un homenaje por su rol como cuidador durante la ceremonia de presentación de los nuevos servicios del PADAM de Osorno.

Al equipo del PADAM le tiene mucho aprecio. Hace cinco años que participa, recibiendo apoyo psico-social y pañales. Dice: “Es harto buena para mí la ayuda del PADAM porque lo paso más o menos no más, como no puedo trabajar. Qué saco con tener herramientas si no puedo trabajar y cuando mando a otros, se dejan más de la mitad”.


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