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Cuando todo está mojado: Una Ruta Calle puede salvar una vida

Durante la emergencia climpatica que golpea a gran parte de Chile, acompañamos una Ruta Calle por distintas comunas de la capital. En el auto hay café, comida y ropa seca. En cada parada, el equipo también observa y pregunta: quién necesita atención médica, quién está dispuesto a ir a un albergue y quién requiere apoyo para comenzar a salir de la calle.
Por Matías Concha P.
Julio 22, 2026

En una casa, la lluvia golpea las techumbres. En la calle, cae sobre el cuerpo, la ropa, las frazadas y los documentos. Manuel vive esa diferencia en avenida Portales, frente al Museo Artequín, donde intenta protegerse junto a su compañera.

—Lo que más nos afecta es el agua. El frío o el calor uno los aguanta como puede. Si uno se moja, no tiene cómo secarse: no hay otra ropa ni otra frazada. Ahí viene el riesgo de enfermarse, de sufrir una hipotermia y también de morir. Así estamos.

El agua de la que habla Manuel no ha dado tregua. Chile lleva varios días bajo sucesivos sistemas frontales, con lluvias desde Atacama hasta Los Ríos. Para quienes viven a la intemperie, cada nueva precipitación vuelve a empapar lo que nunca alcanzó a secarse. En esas condiciones, encontrar a tiempo a una persona mojada, entregarle ropa seca y lograr que acepte un traslado puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

En esa tarea lleva 39 de sus 64 años Luis Vidal. Ha recorrido calles, puentes y sitios donde duermen personas a las que conoce por su nombre. También conoce sus tiempos: distingue cuándo alguien acaba de llegar y cuándo la calle ya se convirtió en rutina.

Esta vez lo acompañan Catalina Cortés (24) y Belén Azócar (27), ambas voluntarias. Para ellas todo es nuevo: es su primera Ruta Calle. Los tres recorren distintos puntos de Estación Central, Quilicura, Lo Prado y Quinta Normal con café, sándwiches y ropa seca.

En una pausa, le preguntamos a Belén qué es lo que más la ha impactado hasta ahora.

—Encontramos personas empapadas, con frío, algunas sin zapatos y viviendo en rucos inundados. Tenían las frazadas y la ropa mojadas. Para ellos, la lluvia es algo de lo que no pueden escapar.

Belén se queda pensando en esos refugios improvisados y en lo que ocurriría si los desarmaran durante el temporal.

—Menos mal que la municipalidad no los ha desalojado. Literalmente no tienen dónde ir.

Desde allí, la ruta continúa hasta calle 9 de Julio, en Lo Prado. Allí conversan con Sabina (64) y Miguel (54). Apenas comienza la conversación, ella aclara algo que considera importante: Miguel no es su pareja.

—Somos amigos, buenos compañeros. A veces la gente juzga sin saber. Antes yo vivía sola. Ahora, gracias a Dios, tengo a alguien que me acompaña y nos cuidamos.

Esa compañía les ha permitido enfrentar varios días de frío y humedad. Una fogata podría aliviar la noche, aunque Sabina dice que no se arriesgan a encenderla.

—Si hacemos fuego, nos echan de aquí. Así que aguantamos el frío como podemos.

Luego la conversación pasa a la comida.

—¿Y han podido comer?

—A veces llega un plato, a veces no. No tenemos té ni comida todos los días. El ser humano necesita comer todos los días, no de vez en cuando.

Antes de que el equipo retome el recorrido, Sabina mira a Luis y a las voluntarias.

—Gracias a Dios que Hogar de Cristo viene a verme. Al menos sé que están presentes conmigo.

Eso que Sabina llama “estar presentes” se consigue volviendo. Los equipos identifican los lugares donde duerme cada persona, revisan su estado de salud, entregan ayuda y ofrecen un traslado cuando las condiciones se vuelven peligrosas. Si alguien no quiere ir a un albergue, la visita no termina ahí: el equipo regresa.

Cuando le preguntamos a Catalina qué significa para ella esta primera salida, responde desde la distancia que acaba de descubrir entre su vida cotidiana y lo que ocurre en la calle.

—Uno se queda dentro de su metro cuadrado y si uno está bien, cree que todos los demás también está bien. Esta ruta me obligó a salir de eso y ver cómo otras personas lo están pasando. Las personas sí quieren recibir ayuda. Nuestra tarea es ir a su encuentro y ofrecerles una mano.

“QUIERO QUE ESTA SITUACIÓN DÉ UN VUELCO”

El recorrido sigue hasta calle Nicolás Palacios, bajo el puente Carrascal, en Quinta Normal. Allí vive Ramón (54). Casi todas sus cosas están mojadas.

—Los chiquillos de Hogar de Cristo me dejaron café, un sándwich, ropa y algunas cositas. Se agradece harto. Llevamos varios días de lluvia y aquí estamos sobreviviendo, esperando que mejore el tiempo.

Cuando habla de los próximos meses, aparecen otras dos urgencias: el trabajo y la vivienda. Con apoyo de Hogar de Cristo, Ramón está realizando un trámite para acceder a una casa. Al mismo tiempo, busca una pega.

—Tengo todos mis documentos. Quiero que esta situación dé un vuelco. Lo principal es encontrar una pega, tener un techo y una vivienda. Vivir en la calle no significa que me haya acostumbrado o que me guste. Quiero trabajar, aunque sea por el mínimo, y cambiar mi vida.

Para Ramón, el café y el trámite forman parte del mismo recorrido. El primero le ayuda a pasar esta tarde. El segundo busca que no tenga que enfrentar bajo el puente el próximo temporal.

Esa continuidad también forma parte de las 13 Rutas Calle que Hogar de Cristo opera durante 2026 y que llegan a 2.466 personas en distintas regiones. En cada recorrido entregan alimentación, abrigo y primeros auxilios. También detectan urgencias médicas, gestionan cupos en albergues y vinculan a las personas con programas de acompañamiento, trabajo o vivienda.

“LUIS SIEMPRE VIENE A VERNOS”

En avenida Portales, Manuel también habla de salir de la calle. Antes de que Luis se vaya, pide que durante la emergencia no desarmen el lugar donde duerme.

—Hago un llamado a la municipalidad: por favor, no nos desalojen en estos momentos tan críticos. La gente en situación de calle no es toda mala. Aquí hay personas que trabajamos y queremos salir de verdad. Mi señora tiene frío. Si alguien quiere ayudarnos, puede hablar con Luis. Él siempre viene a vernos.

En esa última frase está el sentido de la Ruta Calle. Manuel no entrega un número ni una dirección: dice el nombre de Luis. Confía en alguien que sabe dónde encontrarlo, conoce a Ramón y volverá a preguntar por Sabina y Miguel. Si alguno no está donde suele dormir, ha empeorado de salud o decide aceptar un albergue, habrá alguien que lo advierta.

La ruta sigue y todavía llueve. Quedan más personas por visitar. En algunos puntos entregará ropa seca y comida. En otros deberá evaluar una urgencia, pedir una ambulancia o volver a ofrecer un traslado.

Hacerlo a tiempo puede significar que alguien siga vivo a la mañana siguiente. Cuando pase el temporal, la ruta tendrá que volver. Entonces continuará la tarea más larga: acompañar a esa persona para que pueda salir de la calle.

Si ves a una persona en situación de calle expuesta a la lluvia, llama al Fono Calle 800 104 777, opción 0. Si presenta un problema grave de salud o no puede desplazarse, comunícate con el SAMU al 131.