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De la amistad al amor:

Unos mates de diferencia

Margarita e Isidoro se llevan por diez años. Pero para ellos la edad es sólo un número. Se conocen desde hace 25 años, cuando ella era pareja de un compañero de trabajo de él. El año pasado se casaron por todas las leyes: civil y religiosa. Ad portas de un nuevo 14 de febrero, te contamos esta historia de amor y amistad.

Por María Luisa Galán

1 Febrero 2024 a las 19:19

“Mami” y “papi”, se dicen con cariño Margarita (68) e Isidoro (58). Viven en la casa de la abuela de ella, en la población Los Nogales, de Estación Central. Es un espacio centenario que fue construido de adobe pero cuyas paredes hoy son de concreto, aunque queda una antigua muralla de ladrillos. Ahí vivió Margarita junto a sus once hermanos. Dice que en esos años la casa se les hacía chica.

Margarita se casó muy joven. Con su ex marido tuvo tres hijos, pero viven sólo dos. Tenía sólo 17 años cuando nació el primero. Se separaron cuando él trajo a otra mujer a la casa. La echó y ella se tuvo que ir a vivir donde su nuera a Colina. Ahí conoció a Allende, así denomina a quien fue su pareja por dos años. Y, a través de él, conoció a Isidoro.

Pero Allende se fue. De un día para otro no se supo más de su destino. Ahí es cuando Margarita e Isidoro comenzaron a hablar más. “Nosotros éramos amigos. Después empezamos a conversar más seguido. Nunca pensamos que iba a salir un romance. Teníamos una confianza limpia y sincera, sin ninguna picardía”, confiesa Isidoro, el menor de doce hermanos y oriundo de Valdivia.

La historia de Margarita e Isidoro merece ser destacada este 14 de febrero.

Un punto importante a aclarar. Ambos precisan que no se miraron con otros ojos cuando Margarita estaba emparejada. Todo fue después, cuando estaban solteros. “Cuando quedó sola me mandaba y dedicaba canciones. Y así empezamos, de la nada. Fue algo bonito”, aclara Isidoro.

De los grupos musicales Los Temerarios y Los Iracundos, eran las canciones que se enviaban.

DE MATE EN MATE

Se conocen hace 25 años, pero pololearon un poco más de diez años. Isidoro nunca se casó ni tuvo hijos. Dice que quiso esperar a que su madre falleciera para contraer nupcias. Y así lo hizo.

¿Qué les gustó de cada uno? Responden:

“Encontraba a Isidoro muy solo y era muy gentil conmigo. Era bueno para servirme mate y le quedaban bien buenos. Después empezamos a tomar como confianza y le decía yo: trae azuquita pal’ mate porque se me iba mucho el azúcar. Así es que a veces traía la hierba y el azúcar. Y ahí empezamos a tomar mate todos los días”, cuenta Margarita, en un tono pausado por las enfermedades que padece.

“Lo que me gustó de ella, es que todo lo que le contaba, no se escuchaba después en ninguna parte. Nos teníamos mucha confianza”, recuerda Isidoro de esos días de cuando comenzaron a pinchar.

Para ellos, sus diez años de diferencia nunca fue tema. Sí le daba vergüenza a ella que él viera sus cicatrices de las cesáreas y su guatita post embarazos. “Le dije que era normal en una mujer. Al final, los defectos que haya tenido, no me importan. Uno no los mira”, afirma Isidoro.

DE BLANCO

Hasta que decidieron casarse. Hubo varias pedidas de mano; los planes se vieron suspendidos por el estallido social y la pandemia.

Isidoro recuerda la primera propuesta, antes de la crisis sanitaria: “Un día le dije: ¿qué pasaría si te dijera que te casaras conmigo? Obvio que tienes que separarte primero. ¿Qué respuesta me dai?”. Ella, emocionada, dijo que sí.

La última fue el año pasado.

Él coordinó con su grupo de la parroquia la pedida de mano. Y, en paralelo, le hizo creer a Margarita que estaba enojado y que se iba a ir. “En la iglesia, delante toda la gente, voy a decir que hasta aquí quedó todo. Calabaza, calabaza”, relata Isidoro sobre ese día.

Una broma pesada. Margarita rememora con tristeza ese momento.

“Me sentí mal ahí porque yo no quería que se fuera del lado mío. Cuando me dijo que iba a irse, me puse a llorar. Tenía pena. Hasta que llegó el día que teníamos que ir a la iglesia. Llegamos allá y él se mostró como siempre, sirviéndome. Y de repente escucho que la monitora dice que Isidoro quiere hablar y ahí él se hinca para pedirme matrimonio. Lo quedé mirando y le dije sí. Me alegré mucho”.

14 de febrero

Ad portas del 14 de febrero, contamos esta historia de amor y amistad. Margarita e Isidoro.

Finalmente se casaron el 2023. El 31 de mayo por el civil y el 8 de diciembre en la Iglesia Santa Cruz, ubicada en Los Nogales, en Estación Central. Y ella, cumplió su sueño: casarse de blanco.

DÍA Y NOCHE

Isidoro es amigo, esposo y cuidador de Margarita. Ella tiene cáncer gástrico, diabetes y un accidente cerebro vascular que, según relata él, se lo encontraron hace poco. Y, debido a los dolores, cuenta que le subió la presión.

Él la acompaña y cuida veinticuatro siete. Tuvo que dejar de trabajar para poder dedicarse a ella. Su oficio era ser carpintero de seguridad que, en sus palabras, es la persona a cargo de poner las barreras de protección para los trabajadores en una excavación.

“La enfermedad de ella me causó daño psicológico. Pero de las once licencias, sólo me pagaron tres”, cuenta Isidoro. El momento más álgido que vivieron por las dolencias de Margarita, fue cuando tuvo que estar hospitalizada. Recuerda que estuvo día y noche con ella. Le llevaba ropa limpia, agua y las galletas que el médico autorizaba.

Por su edad, no puede jubilar. Viven gracias a la pensión de Margarita, quien solía trabajar en la feria. Hoy literalmente sobreviven gracias a la caridad. De la ayuda que les da la iglesia, la municipalidad y, desde noviembre del año pasado, el Hogar de Cristo. Pañales, Ensure y cajas de mercadería, entre otros, son la ayuda que reciben por parte de estas organizaciones.

“Puerta que he tocado, puerta que he recibido ayuda. A Margarita tengo que demostrarle el amor que siento por ella, en vida, no después cuando esté muerta”, comenta Isidoro.

14 de febrero

14 de febrero, día del amor y la amistad. Margarita e Isidoro así lo representan.

Ad portas del 14 de febrero, les preguntamos:

-¿Qué es el amor para ustedes?

Margarita: “El amor es muy lindo, es muy lindo. Es comprenderse, entenderse de varias maneras. No sé para él”.

Isidoro: “Antes la palabra amor la tenía en mi familia, aunque estábamos un poco distantes. Después llegó el amor de Margarita. Es una palabra muy bonita, siempre que uno se respete mutuamente, como lo hacemos nosotros”.

 

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