Voluntariado

May

2018

Cecilia Fernández: “El voluntariado te enseña a no juzgar nada”

Partió como voluntaria corporativa a través de la empresa “Cruz y Dávila Ingenieros Consultores”, pero su experiencia en las Rutas de Calle, donde asiste a las personas que viven a la intemperie, la marcó tanto que optó por el voluntariado individual. De la riqueza que encontró allí, habla en esta entrevista.

Por María Ester Gómez.

Desde el otro lado del auricular y luego de terminar su jornada laboral, Cecilia Fernández (53), de voz pausada y amable, quien lleva más de 9 años de voluntariado en Fundación Hogar de Cristo, comenta cómo ha aprendido a acoger, escuchar, llevar un poco de alegría a quienes en situación de pobreza y vulneración le han enseñado el valor de la solidaridad pese lo poco que tienen.

Su vida ha cambiado “en 180 grados”. Nunca imaginó que este trabajo de servicio a la comunidad la tendría más alerta a ciertas situaciones diarias. “Por ejemplo, hoy en la mañana, una señora me pidió plata y automáticamente dije ´no tengo´, pero me paro un poco más allá, reviso y me devuelvo a dejarle el dinero. ¿Cuánta gente pasa sin ni siquiera ver a los que no tienen nada?, añade Cecilia, ingeniero coordinador de la empresa Cruz y Dávila, que, de un día para otro, decidió pasar del voluntariado corporativo que realiza su empresa en Hogar de Cristo a uno independiente, de más tiempo y dedicación.

-¿Por qué  decidiste ser voluntaria del Hogar de Cristo y no de otra fundación?

-En la empresa en que trabajo, “Cruz y Dávila Ingenieros Consultores”, siempre han tendido una relación directa con el Hogar de Cristo y su voluntariado. En 2009 me incorporé a unas actividades que hacían allá. Primero apadrinábamos el Hogar Belén, que era de niños, después al Hogar Arica, de niñas, al Hogar Recoleta y al Hogar Rebeca Ergas. Ahí de forma espontánea nos comenzamos a organizar, para llevar regalitos, como cuentos, toallas, juguetes. En 2016 cambió nuestro voluntariado a uno corporativo. Se definían distintas tareas, uno se inscribía y ayudaba. Ese mismo año, participé en la Ruta Calle, a la que fui dos veces por la empresa. Esa realidad me impactó fuertemente. Fue entonces que decidí seguir ayudando, sobre todo, porque veía que era muy poca gente la que se involucraba, quería aportar algo, dar un ratito de compañía o conversación -cuenta, muy emocionada.

-¿Cómo te preparas para realizar tu voluntariado?

-Siempre he pensado, que si yo voy con pena a realizar un voluntariado, no va a ser un aporte. Por lo que cada jornada trato de ir contenta y dispuesta a escuchar y acompañar. En la medida que se pueda, llevo chocolatitos, un alfajor para darle a la gente un ratito de dulzura y alegría.

-¿Qué es lo que más te ha sobrecogido en tu voluntariado?

-Las historias de la gente, cómo se llega a esa situación de calle. Hay mucha droga, mucho alcohol. Y eso es consecuencia de situaciones complicadas, dolorosas, como la muerte de un hijo, que te destroza la vida y te quieres alejar de todo. Me ha llamado la atención lo solidaria que es la gente en calle entre ellos. Hay días en que no nos alcanza toda la comida y  vemos cómo las personas comparten su porción con el otro. Y lo otro, igual de importante, es que de repente se acercan, te dan un beso y te demuestran su  cariño y agradecimiento. Eso  para mí es impagable.

-¿Qué has aprendido con esta experiencia?

-Conocer otro tipo de realidades y darte cuenta de que todos somos iguales. Creo que es súper bueno relacionarse con personas distintas, con experiencias de vida diversas y con historias tan fuertes como las de ellos. En ocasiones, en las rutas, personas a las que les gusta cantar o decir poemas; es increíble que eso tan pequeño, para muchos pueda incluso arreglar un mal día. El que más gana al realizar un voluntariado es uno. La primera vez que salí a la Ruta Calle y volví a mi casa, me costó mucho dormir. Te comienzas a cuestionar todo: tengo una casa, un techo, una cama y ellos están afuera con frío,  lluvia,  solos. Piensas en eso y el compromiso de seguir en el voluntariado es cada vez más  fuerte. Lo que  he aprendido es a no juzgar nada. Y esto me ha servido para la relación con mis hijos y mi vida en general.

-¿Cuán importante es la labor  de  una persona que decide ser voluntaria?

-Muy importante. Tienes varias formas de hacerlo: dedicando tiempo, colocando al servicio de los demás tus conocimientos y dando a conocer la tremenda labor de la causa porque el Hogar de Cristo no tiene tanto apoyo como la gente cree. Yo, siendo voluntaria, conocí todas las líneas de acción que desarrolla y la labor que realiza a través de sus cuatro fundaciones: Emplea, Paréntesis, Rostros Nuevos y Súmate.

-¿Qué les dirías a los nuevos voluntarios?

-Que no tengan miedo de ver esa realidad. Todos podemos aportar algo, desde un abrazo o sencillamente escuchar al otro, ¡atrévanse! Uno gana mucho, te cambia la visión de la vida  ayudar a alguien y relacionarte con otras personas. En un voluntariado  todos  ganan.