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“De no ser por el Hogar de Cristo, hoy seguiría en la calle”

Jasna Riquelme tiene tres hijos de 26, 24 y 16 años. Hace una semana pudo por fin acceder a una vivienda donde podrá rehacer su vida. Por años vivió el calvario de la situación de calle y con problemas de salud mental. En el feliz desenlace de su historia fue clave el servicio de apoyo psicosocial que Hogar de Cristo en Concepción.
Por María Teresa Villafrade Foncea
Julio 23, 2026

Jasna Riquelme Barrera (52) es encantadora. Cariñosa y risueña. Su emoción al llegar al nuevo departamento que compartirá con otra compañera quedó registrada en un video donde se la ve saltando de felicidad.

Hace apenas una semana cruzó la puerta de lo que, por fin, puede llamar su hogar. Beneficiaria del programa Vivienda Primero en Concepción —iniciativa del Ministerio de Desarrollo Social ejecutada en esa ciudad por la fundación CATIM (Corporación para la Atención Integral del Maltrato)—, hoy mira el futuro con esperanza. Pero antes de llegar hasta aquí hubo un largo camino de acompañamiento, donde el Servicio de Apoyo Psicosocial de Hogar de Cristo fue determinante.

Feliz en el living de su nuevo hogar.

“Si no hubiera sido por el Hogar de Cristo, todavía estaría en la calle”, dice Jasna con absoluta convicción.

“Ellos me buscaban entre los pastizales, porque yo dormía abajo, en el humedal de Hualpén, sola, con miedo y con frío”.

SALUD MENTAL FUE LO PRIMERO

La historia de Jasna comenzó a cambiar hace cerca de un año, cuando llegó por iniciativa propia al Servicio de Apoyo Psicosocial de Hogar de Cristo en busca de ayuda. Vivía entonces en una hospedería mixta, enfrentando problemas de salud mental y física, además de una enorme incertidumbre sobre cómo reconstruir su vida.

Pauline Rivas Montero, asistente social y gestora social de Hogar de Cristo en Concepción desde hace ocho años, la recuerda bien.

La asistente social Pauline Rivas y Jasna Riquelme el día de su mudanza. Jasna exhibe orgullosa la llave del departamento.

“Llegó solicitando ayuda. Al comienzo, su primera necesidad era compensar su salud mental y física. Una vez que empezó a lograr ese objetivo, la ayudamos a gestionar su pensión de invalidez y a vincularla con distintas redes de apoyo. Le íbamos explicando todo aquello que ella no entendía”, relata.

Ese acompañamiento fue mucho más que un trámite administrativo. Fue un proceso paciente y cercano para que Jasna recuperara confianza en sí misma y volviera a proyectar un futuro.

“Al principio le costaba comprender las indicaciones y ahí estábamos nosotras, acompañándola en todo el proceso”, explica Pauline.

NUNCA DEJÓ SU ROL DE MADRE

Cuando obtuvo su pensión de invalidez, Jasna descubrió que podía sostener una vida más autónoma. Entonces comenzó a hablar de un sueño que parecía lejano: volver a vivir de manera independiente.

No era una idea nueva. Antes de caer en situación de calle había arrendado una vivienda. Su historia cambió drásticamente tras sufrir violencia intrafamiliar, experiencia que deterioró profundamente su salud mental y terminó empujándola a la calle.

Aun así, nunca perdió el vínculo con sus tres hijos.

“Ella nunca se ha desligado de su rol de madre”, cuenta Pauline. El menor vive con la familia de su padre, mientras que los dos mayores ya son independientes. Con todos mantiene contacto telefónico.

A medida que avanzaba el proceso terapéutico y social, el equipo de Hogar de Cristo vio que Jasna necesitaba un paso más para consolidar su recuperación.

La vista desde la logia del piso 18.

“Nos preocupaba que volviera a vivir sola porque su salud mental todavía requería apoyo. Por eso le propusimos ingresar a Vivienda Primero, donde este proceso de independencia estaría acompañado. Le explicamos cómo funcionaba el programa y finalmente fue aceptada”, explica la profesional.

Hoy ambos equipos trabajan de manera coordinada para favorecer una transición gradual hacia una vida plenamente autónoma.

Para Pauline, el caso de Jasna demuestra el impacto que puede tener una intervención oportuna.

“Claramente, si no hubiera existido este acompañamiento, su salud mental se habría deteriorado mucho más. Incluso hubo un momento en que volvió a la calle y para ella fue muy doloroso sentir que retrocedía todo lo que había avanzado. Fue entonces cuando vimos que Vivienda Primero era la mejor alternativa”.

EL FRÍO YA NO EXISTE

Jasna sonríe mientras recorre su nuevo departamento.

“¡Estoy tan feliz!”, exclama.

“Este departamento estaba pensado para mujeres, con alfombra rosada, es hermoso. Puedo dormir tranquila, ducharme, prepararme mi propio tecito”, cuenta emocionada.

La alegría también llegó a su familia.

“Mi hijo menor me preguntó si podía traer a su polola y le dije que claro que sí. Yo le he mandado fotos del departamento y está tan contento como yo”, dice.

Desde el piso 18 contempla Concepción con una tranquilidad que durante años creyó imposible.

“El frío ya no existe para mí”, comenta antes de despedirse.

Para Pauline Rivas, historias como la de Jasna reflejan el verdadero sentido del Servicio de Apoyo Psicosocial.

“Interviniendo a tiempo, las personas no tienen por qué quedarse en situación de calle. Fuimos avanzando paso a paso, cumpliendo objetivos, hasta que ella pudo expresar claramente lo que quería para su vida. Hoy verla instalada en su nuevo hogar confirma que ese trabajo conjunto realmente transforma vidas”.

El Servicio de Apoyo Psicosocial de Hogar de Cristo en Concepción, acompaña a 50 personas en situación de calle, hombres y mujeres, a quienes les realizan talleres y les muestran el camino que les permitirá dejar atrás una vida de extrema vulnerabilidad.