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El milagro del Comedor Abierto Hogar de Cristo de Loncoche

Para las 18 voluntarias que sostienen con su esfuerzo y su trabajo este comedor abierto en Loncoche desde 2016, cada año es un milagro. Pero ahora la cuarentena les impide entregar desayunos y almuerzos a adultos mayores en su mayoría con problemas de consumo de alcohol, en pobreza y abandono. Aquí cuentan sobre esta triste situación.

Por María Teresa Villafrade

Clotilde Aqueveque (68) y Emelina Catril (57) están muy tristes y preocupadas porque la cuarentena nuevamente fue decretada en Loncoche, comuna de la provincia de Cautín en la región de La Araucanía, y desde el 5 de octubre pasado no pueden entregar las raciones de alimentos que preparaban para 15 adultos mayores vulnerables que regularmente atienden en el Comedor Abierto Hogar de Cristo.

“Acá hay mucha necesidad, mucha gente sin trabajo. Nosotras atendemos a 15 personas, más no podemos, ya que todo lo conseguimos de los aportes de nuestras voluntarias y socios, de la panadería que nos regala pan, de la comunidad y recientemente de un aporte en dinero de la colecta Chile Comparte que nos ha entregado Acción Solidaria del Hogar de Cristo. Pero nuestro comedor es independiente de la fundación desde 2016. Ese año sacamos personalidad jurídica y nos hicimos cargo a punta de rifas y esfuerzos comunitarios”, explica Clotilde Aqueveque, presidenta de la agrupación.

Clotilde es pensionada y Emelina, peluquera. Esta última pertenece al primer grupo de voluntarias que se formó en 2003 e incluso fue recaudadora del Hogar de Cristo. “Mi debilidad siempre han sido los adultos mayores y los niños, el menor de mis hijos es adoptado”, cuenta Emelina, a quien también ha golpeado la cesantía producto de la pandemia.

Ambas se lamentan de no poder ayudar a los “viejitos” en esta dura etapa. “Hasta el 18 de marzo, siempre abríamos a las 8 y media de la mañana y ya había gente esperando nuestro desayuno. La mayoría tiene consumo de alcohol, algunos tienen techo y otros están en la calle, hombres y mujeres. Durante la primera cuarentena que tuvimos permanecimos dos semanas cerradas y no aguantamos. Nos reunimos en forma callada para ver qué podíamos hacer ya que veíamos a algunos hurgando por comida en la basura”, relata Clotilde Aqueveque.

Empezaron entregando raciones los viernes y después dos veces por semana. Puedes ver aquí el video. Hasta septiembre los usuarios iban a buscar su alimento frente a la casa donde funciona el comedor abierto. “Les preparábamos comida para dos días. Por ahora estamos entregándoles cajas con alimentos debido a que no podemos salir por la cuarentena”, aclara Emelina Catril.

Señalan que no se sienten solas en esta lucha ya que reciben ayuda de la Municipalidad de Loncoche. “Hay tanta pobreza. Hay una asistente social que siempre nos está apoyando. Nos da mucha pena ver las condiciones en que viven y no poder hacer más. Duele ver cómo no tienen siquiera una cocina. Yo los echo de menos, para mí estar allá en el comedor aunque sea una vez a la semana es una fuerza que me impulsa. Hace 4 años que me separé y tengo mi peluquería en la casa, tampoco puedo trabajar”, confiesa Emelina.

LLEGAR A FIN DE MES SIN DEUDAS

En tiempos normales, la gracia del comedor abierto consistía en que los beneficiados llegaban tempranito a tomar desayuno y se iban después de almorzar. “Les dábamos sopa, segundo, postre y ensalada. Entonces pasaban toda la mañana sin consumo y eso era muy bueno”, cuenta Clotilde. Para financiarse organizaban rifas, venta de empanadas y el exitoso curanto, que era el plato más apetecido.

Ahora está preocupada por Flamingo Rodríguez (82) que cayó hospitalizado y no quiere salir de allí porque lo trasladarán a un ELEAM (establecimiento de larga estadía) debido a su frágil estado. “Para él, nosotras somos su familia, quiere volver al comedor como antes”, dice.

El Comedor Abierto Hogar de Cristo cuenta con 18 voluntarias, de las cuales sólo tres son menores de 60 años. “Yo cumpliré 69 el 25 de octubre y la tesorera tiene 74 años. Somos 12 voluntarias activas que trabajamos en dupla de lunes a viernes. Las demás son voluntarias pasivas que cooperan con aportes en dinero al igual que los socios. Tenemos unos 15 a 18 socios que aportan dos mil a tres mil pesos mensuales, pero algunos se han bajado porque perdieron su trabajo”, agrega la presidenta de la agrupación.

-¿Hasta cuándo creen que podrán resistir manteniendo el comedor una vez que termine la cuarentena en Loncoche?

-Desde que partimos siempre he dicho ojalá alcancemos a llegar a diciembre y eso fue en 2016 cuando el Hogar de Cristo dejó de hacerse cargo. La satisfacción grande es llegar siempre a fin de mes sin deudas. Desgraciadamente, se ha complicado mucho la situación por la pandemia, se nota más pobreza, gente parada en las esquinas pidiendo trabajo, incluso algunos sienten vergüenza porque nunca imaginaron llegar a estar así. En mayo pasado, recibimos una donación grande de papas y salimos a repartirlas a casas en que una no piensa que están pasándolo mal. Loncoche es un pueblo dormitorio, acá no hay trabajo, la mayoría sale a trabajar a Temuco y alrededores. Esperamos continuar nuestra labor con el apoyo de san Alberto Hurtado, porque cada año que seguimos es un milagro de él”, concluye Clotilde Aqueveque.

Mira la hermosa labor que realizan en pandemia en este video.

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