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Entrevista Marie Andy Sanozier, profesora de creole en Emplea: “Me gusta servir y ver que da resultado para algo bueno”

Hoy, 18 de diciembre, se celebra el Día Internacional del Migrante. Marie Andy Sanozier lo es, por partida doble. Hace poco más de un año llegó a Chile proveniente de República Dominicana, donde como haitiana tuvo su primera experiencia migratoria. Eso le permitió aprender español, lo que ha sido clave en esta segunda etapa en Santiago, donde, desde hace seis meses, trabaja como asesora socio laboral y relatora en Emplea, fundación del Hogar de Cristo. Una de sus primeras tareas fue encabezar las clases del taller “Kase Chen” o “Rompiendo Barreras”, ofrecido a sus compatriotas haitianos para que aprendieran los rudimentos del “chileno”.

Por Ma. Luisa Galán.

 

El curso fue todo un éxito. De los 25 estudiantes, 15 se encuentran trabajando, pudiendo aplicar un español básico, necesario para buscar trabajo y arreglárselas. “Los haitianos tienen una capacidad de aprendizaje muy alto. Son muy inteligentes. El español es súper difícil, sobre todo para una persona que no tiene idea. Creo que hay que tener mucha inteligencia para aprender, salir, preguntar en la calle y defenderse en lo básico. Y ellos lo están haciendo”, cuenta Marie.

Marie creció y estudió en Haití, su tierra natal. Pero debido al ambiente político, tuvo que migrar a República Dominica junto a sus hermanos. Su mamá vivía en Curazao, lejos, pero siempre atenta al destino de sus hijos. Cuenta hoy a sus 31 años: “Como en Haití la situación es muy difícil, mi mamá estaba muy inquieta. Éramos chicos, tenía 17 años, mi hermano 19, mi hermana 14. Ella no estaba tranquila porque había secuestros, por lo tanto para estar más tranquila, nos envió donde unos familiares a República Dominicana, donde había más tranquilidad”.

Ahí estuvo por 12 años, larga estadía gracias a la cual goza de un excelente español, el que ha sido vital para ser un puente entre un castellano muy chilenizado y sus compatriotas haitianos. Su hermano falleció y su mamá sigue viviendo en Curazao, una paradisiaca isla holandesa ubicada frente a Venezuela.

-¿Por qué decidiste venir a Chile?
-Porque mi hermana estaba viviendo acá, sola, y dije por qué no intentarlo en Chile y ver cómo están las cosas. Ella dijo que estaban bien y decidí venir a probar suerte. Y de paso, acompañarla. Ahora estoy en una etapa de adaptarme, conocer, entender. Pero no me quejo, me está gustando. -Le estoy tomando cariño.

-¿Cómo somos los chilenos?
-Algunos pesados, otros simpáticos. Pero como en todo país. Sólo que hay que saber lidiar con cada persona y respetar la manera de cada quien.

-¿Cómo está la situación en Haití?
-Si te digo que sé, te estaría hablando mentiras. Como salí de Haití hace mucho tiempo, las veces que he ido a Haití ha sido por 2 o 3 días. Lo más que duré fue el 2008 que fui por 6 meses. Así que no tengo idea real sobre cómo está el país. Pero, según lo que me han comentado, las cosas están más estables. Después del terremoto estuvo todo mal, pero ahora las personas se han ido recuperando un poco. Con la gran migración que hay ahora, las personas tienen familiares que mandan dinero desde otros países, y tiene mayores recursos para subsistir.

-¿Qué recuerdas del Haití de cuando eras niña?
-¡Todo. todo! El colegio, mis amigas, mi casa, todo. Fue una infancia tranquila, bonita. Algo único. Haití es una isla bella, preciosa, con mucha playa, con gente hermosa. Es un pequeño paraíso. Tiene de todo lo que uno quisiera para vivir. Por mala suerte, tenemos un mal gobierno. No hay nadie que pueda proyectarnos por lo que somos.

-¿Cómo fue la etapa dominicana? Porque igual implicó cambio de idioma, por lo menos.
-Cuando llegué allá ya tenía un nivel de español más o menos, porque siempre me ha gustado, entonces no me costó much. República Dominicana es maravillosa, es mi otra tierra a la que también amo.

Este año, Emplea realizó dos veces el taller Kase Chen, ambas lideradas por Marie. “Hemos tenido una buena respuesta del trabajo que hemos hecho. Además del de lenguaje, hice otro de preparación para el trabajo, que era del Sence, donde los chicos que participaron lograron una visa de capacitación y con esta ella pudieron postular para su visa de residencia acá. Los cursos son gratis y, además se les da un subsidio de locomoción y un coffee break. Después de finalizado el curso, les hacemos un acompañamiento para encontrar trabajo y legalizar sus papeles.

-¿Cuál es el perfil de tus estudiantes haitianos? ¿Les ha costado insertarse?
-Hay de todo. Profesionales, educadores, otros que sólo sabían leer y escribir. Tengo abogados, sociólogos. Todo es cuestión de ir adaptándose porque es otra cultura. Es como partir de cero, es volver a nacer y aprender de todo. Desde la comida hasta cómo caminar en la calle. Todo.

-Hace unas semanas, en un cité de Estación Central hubo un incendio que dejó a casi un centenar de haitianos perdieron todo en un incendio. Qué te pasó con eso.
-Muy lamentable. Son cosas que pasan y volverán a pasar por la inconciencia de algunas personas, y me refiero a las dos partes. Gracias a Dios, el incendio fue de día; de noche, quizás estarían todos muertos.

-¿Por qué algunos llegan a Chile, a veces empeorando su situación, en condiciones casi inhumanas?
-Porque, como te decía, en Haití tenemos problemas de inseguridad. En Haití tú puedes tener dinero, un buen trabajo, pero por la inseguridad no te sientes bien. Personas que conozco, tenían buen empleo, pero escucharon que en Chile iban a ganar mucho dinero. El mito hace que el número se escuche más elevado. Cuando en Haití ganas, por ejemplo, 200 dólares que son como 2 mil dólares haitianos, acá dicen están pagando 300 mil pesos. Suena mucho, pero nadie explica que una botella de agua en Chile cuesta 500 pesos, un chocolate mil, un kilo de arroz 1.200. Se escucha grande, pero no es nada. Porque después de que mandes dinero a los tuyos, tienes que pagar arriendo, cargar tu Bip, comer… Al final, no te quedas con nada. Entonces buscan arriendos donde se meten 3, 4, pero es inhumano, insalubre. Y el pasaje para acá es súper caro. Cuesta 700 mil pesos y además tienes que tener mil dólares americanos para poder entrar. Es un millón cuatrocientos, alrededor, con los que se pueden resolver muchas cosas en Haití. Pero con la inseguridad, no hay garantía de que no me roben y maten. Eso hace que todos quieran salir de ahí.

Marie apoyó a sus compatriotas afectados por el mencionado incendio. En la feria de las pulgas que organizamos los trabajadores del Hogar de Cristo y en donde los damnificados vendieron productos donados, fue vital su trabajo de traducción. Ella es, sin duda, un puente de comunicación necesario entre sus coterráneos que vienen a Chile por un mejor futuro y los chilenos.
Marie se proyecta por más tiempo en Chile; quiere seguir estudiando y avanzando. Porque, a propósito de todo el trabajo que ha hecho en estos seis meses en Emplea, se siente útil y satisfecha: “Me gusta ayudar, servir y ver que da resultado para algo bueno”.

 

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