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Erick Lundy, migrante haitiano: Creole y fe en Estación Central

Llegó hace siete años al país. Aquí se casó, fue padre y conoció el trato que damos en Chile “al amigo cuando es forastero”, el que según dice, no siempre es el mejor. Sin embargo, agradece vivir en un país pacífico donde ha podido trabajar, cultivar amistades y, lo más importante, ayudar a sus compatriotas.

Por Jacqueline Otey A.

Erick Lundy (40) es haitiano y llegó hace siete años a Chile. Aquí se casó con Elda Carrefor (33), también haitiana y se convirtió en padre de Saúl, que ya tiene 6 meses. Junto a su familia vive en la población Los Nogales de Estación Central y es parte de la pastoral migrante de la Parroquia Santa Cruz. Allí asiste sagradamente cada sábado y domingo a enseñar español a sus compatriotas que sólo hablan creole, para que el lenguaje no sea una barrera laboral y logren insertarse en la sociedad chilena.

Antes de llegar al país vivió varios años en República Dominicana con su padre. Allí aprendió español y estudió la carrera de Historia que no concluyó, mientras en paralelo trabajaba en un negocio familiar. “El manejo de dinero en efectivo nos puso en la mira de delincuentes. En un principio, pensé en irme a Brasil, pero no sabía el idioma. Así surgió la idea de venir a Chile porque sé español y lo veía como un país políticamente estable y con oportunidades laborales”.

Erick llegó solo al país en pleno verano, por lo tanto, el cambio de temperatura no fue tan dramático. Pero, el frío que sintió durante su primer invierno lo hizo pensar en regresar. “Me enfermé de gripe, tuve fiebre, lo pasé muy mal. Sin embargo, amigos me convencieron de que mi cuerpo con el tiempo se iba a adaptar y efectivamente eso sucedió”, dice.

Recién aterrizado en Chile, vivió un mes en Santiago Centro y luego se trasladó a Estación Central. Trabajó en una empresa de repuestos de goma para vehículos y en ese momento asegura que sintió lo que significa ser migrante. “Aprendí mucho, pero no fue una buena experiencia. Me pagaban el sueldo base y trabajaba más horas que los demás compañeros. En un momento una persona renunció y estuve casi un año haciendo dos funciones por el mismo dinero”, comenta con tristeza. “Tuve compañeros que me apoyaban, pero también estaban los que decían que como chilenos tenían que ganar más. Creo que todos somos trabajadores y tenemos derecho a acceder a un sueldo en relación al trabajo que hacemos”.

Erick al mes de dejar ese trabajo, tuvo una nueva oportunidad laboral. “Conocí a un padre jesuita que hacía misa en creole para la comunidad haitiana a quien le comenté que estaba cesante. Él me aviso que había un cupo de mediador intercultural en la Universidad Alberto Hurtado y así empecé”.

Gracias a que habla su lengua nativa y español, además algo de francés y de inglés, trabaja como intérprete entre los estudiantes de la Alberto Hurtado y la comunidad migrante, para facilitar su interacción. “También elaboré un manual que apoya a los migrantes en los procesos de adaptación en la sociedad chilena. Me demoré cerca de cuatro meses y ya se está utilizando”, comenta con orgullo.

 

Vida en comunidad

Erick fue sacristán en la parroquia Santa Cruz durante dos años, pero debido a su trabajo en la universidad ahora sólo coordina el grupo de la pastoral migrante. “Muchos haitianos no venían a la homilía porque no entendían lo que decía el padre. Por esa razón, se creó un grupo de apoyo que les hiciera clases de español los fines de semana. Empezamos con 5 a 6 personas y actualmente contamos con 200 migrantes que participan de la comunidad y reciben algún tipo de servicio social. La vida para los haitianos recién llegados a Chile es muy compleja por el idioma y por eso es tan importante aprenderlo. Por otra parte, estamos acostumbrados a vivir en comunidad y en la comuna de Estación Central podemos hacerlo. Aquí vivimos en condominios o guetos, donde si a uno le falta algo para cocinar, el otro se lo presta, así como la lavadora y el apoyo en la crianza de los niños”.

Hace un año Erick terminó un diplomado de investigación patrimonial en la Universidad Alberto Hurtado y manifiesta su admiración por san Alberto Hurtado, cuya obra conocía antes de llegar a Chile por su cercanía con la Compañía de Jesús en los países donde ha vivido. “Me llama la atención la labor espiritual que hizo y la participación que tuvo en la sociedad chilena a través del Hogar de Cristo. Su obra me parece impresionante porque relaciona la fe con la preocupación por el prójimo”.

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