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Escuela de Verano 2021:

“Existía una necesidad de los voluntarios de conversar y verse los rostros”.

Con gran éxito se realizaron las cuatro charlas virtuales de formación y conversación organizadas por el área de Comunidad del Hogar de Cristo. Voluntariado, COVID, pobreza y espiritualidad fueron los principales ejes sobre los que trabajaron y dialogaron los más de 150 voluntarios que se inscribieron y que prestan servicios ad honorem en los diferentes programas de la fundación.

Por María Luisa Galán

“Trabajo como voluntaria en la hospedería de hombre de Quellón, en Chiloé”, se presentó Marcela Mancilla, cuando le tocó comentar lo hablado con su grupo, compuesto por compañeros de voluntariado de otros rincones del país, durante el plenario final del primer taller de la Escuela de Verano organizado por la dirección de Comunidad del Hogar de Cristo. Pobreza y Covid-19 fue el tema de esa primera jornada de inicios de enero, la que contó con la exposición de Benjamín Sánchez del área de estudios de la fundación.

En esa primera reunión participaron cerca de 50 personas, todas conectadas a través de la plataforma Zoom y de lugares tan lejanos, como Quellón y Curanilahue,  y de otros más céntricos como Talca, Villa Alemana o Santiago. Casi todos adultos o adultos mayores. La mayoría mujeres. La modalidad era primero una exposición y después se daba el pase a talleres de trabajo y reflexión en grupos escogidos al azar por el comité organizador.

“Entre las muchas cosas que hacían las chiquillas de mi grupo, había una que trabajaba en Ruta Calle y dice que de 200 personas pasó a atender a 400. Que se les hacía costoso, más caro, porque todo tenía que ser con plástico, con medidas altas para que no se contagiaran ni ellas ni los demás. Significó un cambio drástico monetariamente hablando. Y también decían la importancia de visualizar hacia la comunidad todo el trabajo que se hizo durante la pandemia y el que se va a hacer después, para que se una más gente y que se vea que faltan recursos y manos para atender a las personas que están en situación de calle, a los adultos mayores que no tienen quién los atienda”, continuó exponiendo Marcela Mancilla sobre el trabajo de una compañera y del sentir de su grupo.

La Escuela de Verano era un sueño de la Dirección de Comunidad. Pese a que durante el año pasado hubo varias instancias de comunicación con los voluntarios, como newsletters o la celebración del Día del Voluntariado, los participantes solicitaban un espacio de reunión. “Existía la necesidad de conversar, de verse los rostros. Entonces, decidimos comenzar este 2021 con un espacio de formación andando, que fuera además una instancia para que en los territorios donde trabajamos se pudiera replicar y un piloto para una escuela de invierno o primavera. Esta fue la primera vez que hacíamos una escuela nacional, que convocara a los más de tres mil voluntarios que tenemos”, cuenta María Eugenia García, encargada de formación del área de Cultura Solidaria del Hogar de Cristo.

Los charlistas fueron el mencionado Benjamín Sánchez de la Dirección Social. En la segunda jornada fue el turno de Rodrigo Venegas de la Dirección de Personas sobre autocuidado en tiempos de pandemia. La tercera fue con el equipo de Capellanía y Pastoral, donde participaron Francisca López y Lorena Gómez y conversaron acerca del cuidado de la espiritualidad. Y la última contó la charla de dos profesionales de Injuv, Andrea Tapia y Carolina Gajardo, quienes expusieron sobre los desafíos del voluntariado en contextos de pandemia”.

Si bien invitaron a los miles de voluntarios y participantes del área de Acción Solidaria del Hogar de Cristo, esperaban tener diez y, con suerte, veinte personas conectadas. Pero fue grande su sorpresa cuando tenían 155 inscritos, llegando a cerca de 50 personas conectadas en cada uno de los cursos.

El equipo organizador fue muy metódico, recordaban cada cierto tiempo que quedaba poco para el encuentro. El mismo día, creaban un grupo de WhastApp para recordar la cita. “Lo que ha pasado en esos grupos ha sido muy potente, se han cruzado iniciativas. Alguien dijo, necesito que me enseñen a hacer mandalas y una respondió ´yo sé’. Se entregan tips de ollas comunes. Entonces se empieza a generar una comunidad que nos ha dado luces de la necesidad de tener una plataforma de interlocución para voluntarios, que hoy no existe”, cuenta María Eugenia García.

 “CUANDO ALGO ME INCOMODA, NO SOY YO”

Andrés Salas (41) fue otro de los asistentes de la Escuela de Verano. Es miembro de Misioneros Cristo de la Calle, una de las tantas organizaciones sociales de Acción Solidaria, pero además participa en la olla común Blanca Labra en Maipú. Es contador y profesor de religión, pero su fuerte es el circo social, oficio que lo ha llevado a viajar por varios países: República Dominicana, Haití, España, Bolivia, Perú, entre otros. Y a pesar de que es joven, dice: “Parezco de 70”, porque es operado del corazón por un problema en la aorta. “Me flipa todo lo que es Dios, pero soy progresista”, dice al teléfono.

Con mucho entusiasmo participó de los cuatros cursos de la Escuela de Verano. En la tercera sesión guiada por el área de Capellanía y Pastoral de la fundación, respondió con mucho ahínco acerca de cómo conviven en estos tiempos las orientaciones fundamentales y la espiritualidad: “Lo que me arde a mí realmente es porque me incomoda. Cuando algo me incomoda, no soy yo, es el otro que me importa. El padre Hurtado decía: ‘Yo no amo la masa, amo la persona’… Cuando logramos mirar al otro, logramos hacer que no haya fiestas en Cachagua, porque significa que me importa el otro. No hay ceremonia de matrimonio porque me importa el otro, porque no queremos que se muera. Por eso se hacen ollas comunas, porque no quieren que la gente esté palideciendo de hambre”.

Fiel seguidor del padre Alberto Hurtado y del padre Mariano Puga, fallecido el año pasado, ahonda: “Yo veo la muerte como un paso más hacia la vida. La pandemia nos hizo reflexionar: ¿cómo nos hemos ausentado de las caricias? Ahora que nos quitan los abrazos nos acordamos de ellos, ¿pero antes?”, reflexiona en un año en donde ha primado el distanciamiento físico.

Dado el éxito de la Escuela de Verano, se está evaluando lo que sigue. Mientras, el equipo está feliz de haber logrado un espacio donde participaron varias áreas del Hogar de Cristo, se logró un vínculo a pesar de la lejanía de los voluntarios, se creó un espacio de diálogo e interlocución y se unieron visiones de voluntarios y miembros de las organizaciones de Acción Solidaria. Si quieres revivir o ver estas sesiones, las puedes encontrar en el Youtube del Hogar de Cristo.

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