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Eva Lara: “Ver morir a las personas de calle es lo más duro de este trabajo”

Es la encargada del Programa Acogida del Hogar de Cristo, procedimiento ambulatorio que brinda atención básica y apoyo psicosocial a hombres y mujeres, mayores de 18 años que viven en situación de calle. Diariamente, atienden a más de 100 personas y eso multiplica el conocimiento y la sensibilidad de Eva.

Por Verónica Vidal

Lleva 10 años trabajando en el Hogar de Cristo. Estudió Gestión en Educación Social y, a raíz de una crisis personal, decidió darle un giro a su vida y, sin pensarlo, aceptó ingresar a la causa del Padre Hurtado. “Llegué a trabajar como monitora de Chile Solidario y, una vez finalizada esa labor, comencé a trabajar a cargo del voluntariado de calle. Desde ese día, mi vida está ligada a las personas que viven en situación de calle”.

A diario se concentra en los tres ejes que dan consistencia al programa de acogida. “Uno es la atención básica; ofrecer desayuno, ropa, ducha caliente y artículos de aseo, y otro, asesorar a las personas para que obtengan o renuevan su carnet de identidad, certificado de antecedentes y hagan todo tipo de trámites, los que dependen de las necesidades de cada usuario. El segundo eje es el acompañamiento psicosocial. Realizamos evaluación psicológica y en base a ese diagnóstico, hacemos un plan de intervención que incluye derivarlos a otras fundaciones del Hogar de Cristo, como Paréntesis, que aborda el consumo problemático de alcohol y otras drogas; Rostros Nuevos, que se dedica a lograr la inclusión de adultos con discapacidad mental; a Emplea, que aborda el tema laboral; e incluso a Súmate, que trabaja con jóvenes que han abandonado los estudios. Es un trabajo integral y el objetivo es mejorar su calidad de vida y si es posible revincularlos con sus familias. El tercer eje es la Ruta Calle, en que visitamos a aquellos que no salen de sus territorios. Son personas de mayor edad y daño físico y emocional. Con ellos, trabajamos los vínculos afectivos. Siempre con una sonrisa, llamándolos por su nombre, escuchándolos, conversando. Tratamos además de visibilizar la temática de calle. Para ello, trabajamos con voluntarios, muchos de los cuales nunca se habían detenido a mirarlos ni mucho menos a conversar con ellos.

-¿Cuál es el objetivo del programa?

-Queremos sea una experiencia transformadora para cada uno de los voluntarios y un tratamiento digno y empático para las personas en calle, que son los más pobres entre los pobres, y que contribuya a mejorar su calidad de vida. Es un trabajo uno a uno. Cada persona tiene sus propias necesidades y, de acuerdo a ellas, se hace un programa de ayuda y se fijan los objetivos. Les ayudamos a cumplir los objetivos que ellos mismos se han propuesto. Lo ideal es sacar a la persona de la calle, pero en muchos casos eso es muy difícil. Muchas veces, al ingresar a un hogar fracasan, porque no se adaptan a los horarios y normas y, finalmente, regresan a la calle.

-¿Cómo invitas a las personas a participar en este programa?

-Yo no voy a buscar a nadie, ellos llegan solos. Se dan el dato. Los usuarios conocen la historia del Hogar de Cristo. La demanda de la mañana es espontánea. Este es el único lugar en Santiago que otorga este servicio básico (ducha caliente, desayuno y ropa). Otros vienen por información de dónde pueden rehabilitarse de un consumo problemático, por ejemplo…

-¿Cuánto tiempo lleva este programa?

-Comenzó hace más de 20 años. Ha ido mutando, anteriormente se llamaba atención directa. Hoy lo conformamos seis personas, quienes trabajamos en los tres ejes del programa. Hay psicólogos, trabajadores y técnicos sociales.

-¿Qué es lo más difícil de este trabajo?

-Lo más doloroso es llegar tarde; cuando se nos muere algún chiquillo. Lo más complejo es entender por qué alguien muere a los 27 años, por qué siendo tan joven dejan de tener ganas de vivir. Eso me ha tocado muchas veces y aún no lo puedo entender. Lo otro complejo de comprender es que las personas mueran solos, que no tengan familia, que nadie los acompañe ni reclame sus cuerpos. Eso me duele mucho y ahí estamos nosotros. Hacemos todas las gestiones para su sepultación. Lo mínimo es que tengan una muerte digna.

Durante 2017, 832 personas en situación de calle de un total de 1.027 participantes de los programas Acogida Especializada, lograron obtener su cédula de identidad, inscripción en el centro de salud y accedieron a información sobre servicios de alojamiento y alternativas laborales y 1.260 obtuvieron información sobre las garantías sociales para personas en situación de calle. Estos logros suenan a estadística, pero son tremendamente significativos, cuando alguien se encuentra como ellos con todos sus derechos humanos vulnerados.

-¿Qué ha significa Alberto Hurtado en tu vida?

-Los que trabajamos en calles contamos con la bendición de San Alberto Hurtado. Siempre he sentido que soy una hija predilecta de él. Siento que está contento con lo que nosotros hacemos, que nos coopera, que nos abre puertas. Una vez tuve que ir al Instituto Médico Legal a reconocer a Miguel, uno de los chiquillos. Era la primera vez que me tocaba identificar a un fallecido. Al no ser familiar directo, no podía retirarlo. Le pedí al padre Hurtado que me ayudara a ubicar a algún familiar y de la nada logramos dar con su papá. Estoy segura que el padre Hurtado nos guía en todo, nos abre caminos y así logramos, por ejemplo, darle una sepultura digna a Miguel.

#Involúcrate por los derechos de cientos de familia en situación de pobreza, acá 

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