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Francisco ESEC Tapia:

“No quiero que digan él también pinta, sino él pinta”

En sus veinte años de carrera como artista urbano, este tocopillano ha construido su carrera gracias a su talento innato. Sus obras se pueden ver en varias ciudades de Chile, la mayoría murales hechos con los habitantes de los territorios. Este 11 y 12 de diciembre pintará en vivo en el festival Santiago Ilustrado junto a jóvenes de fundación Súmate del Hogar de Cristo. Aquí te contamos sobre él.

Por María Luisa Galán

Cuando Francisco Tapia rayaba las calles de Tocopilla, no imaginaba que estaba construyendo su futuro laboral a partir de una de sus pasiones. Era un preadolescente. Tenía en ese entonces cerca de 12 años y, además de los espacios públicos, también había dejado huella con sus dibujos en su habitación, mochila y casillero del liceo.

Hoy, a sus 36, es un reconocido artista nacional. Se bautizó a sí mismo como ESEC, un pseudónimo inspirado en la técnica del “scratch” que usan los DJ en el hip hop, su estilo musical. Muralista y grafitero, lo suyo es el arte urbano. Ha pintado de color las calles de Antofagasta, Ovalle, Chañaral, su natal Tocopilla, Iquique y Santiago, entre otras ciudades. A nivel internacional, lo han invitado desde Colombia para hermosear las calles de ciudades como lo fue  Manizales en el 2017.

No pinta solo. Para ESEC lo importante es el trabajo comunitario. “Lo bueno del mural es que siempre se piensa en la ciudadanía y en el beneficio mutuo. Es difícil encontrar uno que sea autorreferente del artista, porque el mural busca que sea transversal y que no promueva una forma de vida ni un comportamiento equis. Por lo menos es lo que busco, que sea reflexivo y que llegue a la mayoría de las personas”, dice.

Precisamente, este 11 y 12 de diciembre su trabajo será apreciado por mucha gente porque es uno de los artistas invitados al festival Santiago Ilustrado que se realizará en Estación Mapocho, un evento cuyo origen data del 2014 y es liderado por la artista e ilustradora Luna Lee. En el espacio, ESEC pintará en vivo un gran lienzo junto a estudiantes de la fundación Súmate del Hogar de Cristo.

“Mi mayor motivación para pintar en las calles es llegar a los más chicos; porque si de niño si hubiera habido un espacio para desarrollarme como artista, habría sido soñado. Cómo hubiera sido de diferente mi desarrollo en temas de creatividad. Lamentablemente, desde ese entonces hasta hoy las cosas no han cambiado mucho en términos de espacios artísticos y culturales. Entonces cuando está la oportunidad de mostrar, enseñar y compartir lo que hago, soy tremendamente feliz. De cien niños, diez se pueden enamorar de la pintura y les puedes cambiar la vida. Tan simple como eso”, dice, feliz de compartir con los jóvenes de Súmate.

Tiene experiencia en el tema de la infancia vulnerable. Participó en un proyecto con niños de las Aldeas SOS, pintando con ellos los exteriores de una de las casas de la fundación. Los niños dibujaron en una hoja de block lo que más les gustaba. Para muchos fue jugar futbol, para otros, paseos en la playa. Esos dibujos los traspasaron a la pared. “La casa está hecha por ellos. Estéticamente se ve bien, porque está bien pintado y hay una buena distribución de las cosas, la composición. El trabajo es de ellos. Eso es lo bueno cuando es participativo, que ellos sean protagonistas”.

ARTE, NO PUBLICIDAD

Francisco creció junto a sus abuelos en Tocopilla. Y además de rayar su pieza, también les tenía dibujado el patio de la casa y, según él, no se inmutaban mucho porque era el nieto regalón. Recuerda: “Mis inicios fueron rayar mi nombre, de forma anónima, escondido en la noche. Ahora más grande, asocias todo. Hay una necesidad tan grande de expresarse y una carencia oficial de albergar esta necesidad social y artística. De chico uno no espera hacer lo que a uno le guste, sino lo que uno siente. Y ese es el resultado de un camino de autoformación. Cuando uno es niño no está pensando en el daño a terceros al estar rayando una casa ajena. Pero ese ímpetu me permitió desarrollarme. Una vez pintamos un mural afuera del Mercado Municipal de Tocopilla, con permiso, con amigos, muy tranquilo. Salió en la prensa que los jóvenes se expresan y pintan el Mercado. Pero a la vuelta de la hoja salía que vándalos habían pintado el diamante de béisbol y habíamos sido nosotros mismos. Ahí te das cuenta cómo funcionaba nuestra forma de expresión”.

Estudió arquitectura en la Universidad Católica del Norte, “que era lo más cercano que podía existir en términos artísticos. Imagina un niño de dieciocho años en un pueblo pequeño, sin tener nociones de muchas cosas y tampoco cuando internet no era un boom, entonces en términos de información, arquitectura era lo más cercano, pero después me di cuenta que no tenía nada que ver con el arte”, cuenta.

Francisco nunca dejó de pintar mientras estudiaba, como tampoco durante sus dos años de trabajo como arquitecto. Pero pronto se dio cuenta que no era feliz. Mientras maduraba qué hacer, lo llamaron para hacer un ‘pololito’ en la Municipalidad de Antofagasta. Ahí, inmerso en el taller de grafitis para jóvenes y un mural que hizo, se percató que ese mundo del arte urbano era su prioridad. “Me di cuenta que estaban las capacidades. Toda la vida pintando y dije: me dedico a esto. Significaban muchas cosas, arriesgarse, invertir tiempo, prepararse más, estudiar porque no todo viene del talento. Esa decisión me abrió hartas puertas. La gente te empieza a reconocer por lo que estás haciendo, a buscarte por lo que uno hace, no por lo que te da tiempo. No quiero que digan él también pinta, sino él pinta. Y pinta murales, todo lo que tenga que ver con pintura”, relata  sobre esa decisión que tomó el 2014.

En su afán de perfeccionarse, es que mientras ejercía la arquitectura, juntó plata para poder ir a la Universidad Católica de Murcia, en España, para hacer un máster en Modelado 3D, Shading e Iluminación Digital. Vivió en Alicante y no se quiso quedar porque encontró que allá estaba todo hecho, no así en Chile. “De cerro a mar y de punta a punta, Alicante es del mismo nivel que el centro. No había barrios periféricos. Allá está todo solucionado y no hay inspiración con lo que puedo hacer, que además, ya todo era digital. Para mí el mural es mucho más poderoso y realmente donde puedo apostar es en mí país, aunque cueste más”. Agrega: “Hay murales que son para apreciarlos y para que convivan y se integran al espacio público. Y otros que son para reflexionar, que son un mensaje. Trato que la realidad se vuelva atractiva en un mural; decir algo, pero estéticamente bien. No quiero que lo que hago se convierta en una protesta, no llevarlo a un plano político porque tiene otra connotación. Dejas de hacer arte para meter publicidad”.

Francisco ESEC Tapia tiene hoy dos proyectos: Museo Arte Público y Color Habitante, iniciativas comunitarias enfocadas en la reactivación de los barrios. Si quieres compartir con él y ver su obra en vivo y en directo, compra tu entrada a Santiago Ilustrado aquí.

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