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“La arpillera es un arte de denuncia y terapia”

En marzo, se retomó en la Hospedería de Mujeres de Estación Central el taller de arpilleras, una técnica que se trabaja con retazos de tela y cuyo origen tiene como maestra a la gran Violeta Parra, quien incluso expuso sus trabajos en Francia. Toda pieza textil sirve para crear una obra que refleja el estado anímico de la autora y la historia del país.

Por María Luisa Galán

 

“La arpillera es un arte que se desarrolló en Chile, en la dictadura. Hubo mujeres que empezaron con pequeños trozos de tela a manifestarse y contar lo que estaba pasando y ese trabajo lo mandaban hacia afuera. Era como un diario con trozos de tela”, cuenta Gladys Hernández, artesana arpillera, que desde hace más de dos años realiza un taller gratuito a las participantes de la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo en Estación Central, el que es financiado por el centro comercial Casa Costanera y gestionado por Artesanías de Chile.

La iniciativa de colaboración entre las tres entidades que nació el año pasado se llama “Unidas por la Artesanía” y tuvo una excelente evaluación. En palabras de la historiadora y directora de la Fundación Artesanías de Chile, Claudia Hurtado, “entendiendo la artesanía como una herramienta terapéutica, de valoración, motivación, expresión y empoderamiento, que en contacto con técnicas artesanales tradicionales pueden generar piezas que sean reflejo de la identidad cultural de Chile, decidimos seguir adelante este 2020. El objetivo es potenciar los talentos de las mujeres acogidas en la Hospedería y traspasar conocimiento y experiencias desde el trabajo de la arpillera tradicional”.

La capacitación, que dura todo el año, la hace Gladys Hernández con Hilda Mardones, su compañera de trabajo desde hace seis años. Dice Hilda: “La Vicaría de la Solidaridad empezó a trabajar con mujeres en varias comunas en los años 80 y les dieron trozos de tela para crear un taller. Ellas comenzaron a plasmar historias y se dieron cuenta que eso podía ser un diario y que lo podían vender. Entonces, primero fue para denuncia y después para vender, ahí fueron paisajes y otros temas”.

“Y se llama arpillera porque la Violeta Parra partió con esto, pero lo hacía bordando en una arpillera y ella también denunciaba”, relata Gladys, a lo que Hilda añade: “Años atrás no había este tipo de telas y lo hacían teniendo como fondo una arpillera”, dice refiriéndose a la base sobre la que trabajan, que ya no es sobre la pieza textil áspera y gruesa que comúnmente se utiliza para bordar con lana o hilo. Hoy usan un género más suave.

Todo el trabajo de la arpillera es bordado, hecho a mano, incluso los personajes y los animales. Es un trabajo que toma días. Las telas las reciclan, las compran o van a la feria y escogen ropa o el diseño de tela que les sirva para su obra. “Vemos vestidos o camisas que nos sirvan. Decimos: ‘Esto para árbol, este para tronco o para cielo’. Pero al principio, cuando partieron las arpilleras, se hacía con las camisas y los pantalones grises del colegio y sacos de harina”, cuenta Gladys, quien comenzó en este oficio gracias a su mamá, que empezó a ir a los mencionados talleres. Recuerda: “Nosotros vivíamos en una población que estaba entre La Victoria y la José María Caro. No tuvimos presos políticos ni nada, pero sí muchas vecinas tenían a sus maridos presos o desaparecidos, entonces hicieron unos talleres en la iglesia en donde enseñaron esta técnica con trozos de tela. Ahí empecé a ayudar a mi mamá, a hacer los personajes”, cuenta Gladys que junto a Hilda y otras artesanas venden sus productos en las tiendas de Artesanías de Chile y el Centro Cultural La Moneda.

Hilda, por su parte, comenzó como arpillera cuando conoció a su marido. “Mi suegra estuvo en una fundación que también trabajó con la Vicaría. Mis cuñadas también estaban relacionadas, así que como llegué ahí, me sumé. Antes hacía collares”, dice.

POST 18-O

Al Hogar de Cristo llegaron luego de una encomienda especial: hacerle un mural a las autoridades durante su visita al Santuario del Padre Hurtado en agosto de 2018. El trabajo lo hicieron junto a las acogidas de la Hospedería de Mujeres y fue tal el éxito, que siguieron el 2019 y continuarán este año.

Son sinceras: “Veníamos con harto miedo al principio, porque eran hartas señoras, no sabíamos con qué situación nos íbamos a encontrar. Pero aprendieron harto y fue bonito. Todos los martes hay que enseñar algo nuevo porque los grupos van cambiando, porque las personas se van yendo, ya que la hospedería es un alojamiento transitorio”, relata Hilda. “La idea no es que terminen un trabajo, el objetivo es que el taller les sirva de terapia, que las saque de sus problemas. Ellas se concentran y se relajan”, añade Gladys.

“En la arpillera uno va plasmando lo que va sintiendo, sus vivencias. Por ejemplo, hubo una chica que siempre vivió en hogares y hacía trabajos oscuros. Y hay algunas que lloran, que liberan cosas y dejan lo negativo. En las mañanas nos tomamos un cafecito, compartimos con ellas, pero ponemos límites porque no somos psicólogas. Pero las ves tan concentradas, contándote que en la semana lo pasaron mal, pero ver que del taller se van contentas, es muy gratificante. Ellas esperan el otro martes, nos dicen que deberíamos venir dos o tres veces a la semana”, cuenta Hilda, que trabaja con Gladys desde hace seis años.

Las artesanas cuentan que después del 18-0 no hicieron trabajos, andaban bajoneadas y las tiendas cerraron. Craso error porque en diciembre le pidieron sus obras. “En diciembre nos invitaban a ferias y no teníamos trabajos. Esto no se hace de un día para otro”, explica Hilda.

Y ¿quiénes son sus principales compradores? Los extranjeros y “los que están relacionados con la política o familiares de desaparecidos, les gusta este arte y compran para regalar o lo mandan para afuera. El extranjero lo compra al tiro, no pregunta precio por la historia que tiene el arte de la  arpillera. El extranjero que viene, va a ver este arte a Artesanías de Chile, es un paso obligado. Acá en los colegios, los niños, no saben de este trabajo. Siempre hablan de la greda, la lana, pero esto no. No saben la historia que hay detrás de estas obras. Nos llegan encargos para hacer paisajes, pero también de denuncia: hacemos de reciclado, de tala de árboles, de los mapuches, de los bosques, aguas, de los derechos de la mujer, de los sindicatos”, cuenta Hilda.

Gladys complementa: “Yo hice de La Moneda con puros abuelitos con un letrero que dice ´pensiones dignas´ y de mujeres protestando que dice ´nunca más sin nosotras´”.

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