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La historia de Jorge Julio Muñoz:

Un acto pequeño produce grandes cambios

Alumnos del colegio Craighouse de Lo Barnechea viajaron hasta la comuna de Tierra Amarilla en el norte del país para cambiarle la vida a un adulto mayor que enviudó, sin hijos, hace ya 38 años. Pero la historia no se quedó sólo en la remodelación de su modesta vivienda de adobe; fue mucho más allá.

Por María Teresa Villafrade

En abril de 2018, Jorge Julio Muñoz, de 89 años, ingresó al Programa de Atención Domiciliaria Adulto Mayor (PADAM) del Hogar de Cristo, ubicado en Tierra Amarilla, en la región de Atacama, a 15 kilómetros de Copiapó. Allí se atiende a cerca de 30 personas residentes de la población Luis Uribe, donde hay un número significativo de habitantes ancianos, de alta vulnerabilidad y en pobreza.

Natalia Colman, jefa del programa, cuenta que a diferencia de otros usuarios, Jorge “vivía muy aislado y solo, sin redes de apoyo”. Viudo hace 38 años y sin hijos, prácticamente no tenía relaciones familiares ni amistades que lo visitaran con frecuencia. Por lo tanto, las primeras acciones se focalizaron en vincularlo con todas las redes locales de la comuna y apoyarlo con canastas de alimentos, entre otras medidas.

Su modesta vivienda de adobe, construida con sus propias manos hace más de 40 años, se había deteriorado con el paso del tiempo y las fuerzas ya no lo acompañaban como antes. Por eso, cuando en julio de este año el área de Comunidad del Hogar de Cristo se coordinó con el colegio Craighouse de Santiago para que sus alumnos intervinieran algunas viviendas de adultos mayores del PADAM de Tierra Amarilla, la primera en la lista fue la casa de Jorge.

Una cuadrilla de 11 estudiantes se hizo presente en el lugar con la misión de realizar mejoras en la infraestructura. “Él estaba impactado y muy contento. Tenía una ventana muy pequeña con dos planchas de madera que le oscurecían la casa y no le permitían ver hacia afuera. Los jóvenes se la transformaron en un amplio ventanal de vidrio y aluminio que ahora le brinda una mayor luminosidad y le permite mirar al exterior. También le renovaron la puerta de acceso y una rampa que conecta a su cocina y que estaba en muy malas condiciones”, agrega Natalia.

Los vecinos de Jorge al ver lo que estaba ocurriendo con su vivienda, quisieron sumase y se ofrecieron para refaccionar también el baño y la cocina. Y se han organizado para reunir recursos a través de distintas actividades y poder concretar así los arreglos prometidos. Sin embargo, lo más importante es que han establecido vínculos con un adulto mayor que antes no veían. No tenían presente.

“Descubrimos que los vecinos tenían alarmas comunitarias cuya función primordial es la seguridad, pero ellos se la ofrecieron a Jorge y la modificaron para convertirla en un medio que le permite a él pedir ayuda cuando la necesite. Así, hoy cuenta con un control remoto que presiona cada vez que requiere de asistencia, activándose la alarma comunitaria de su vecino más cercano. Es un acto pequeño y simple que produjo un gran cambio en la calidad de vida de un adulto mayor que ahora se siente acompañado y protegido. Su autoestima se ha fortalecido”, concluye Natalia Colman.

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