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María Guillermina Gajardo: “Era muy pobre, pero cuando llegué aquí me sentí rica”

Es monitora desde hace 47 años en la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo. Allí descubrió la verdadera pobreza y desigualdad de sus congéneres, la más vulnerable de todas. Acá, nos da su testimonio.

Por Jacqueline Otey A.

María Guillermina Gajardo es monitora y funcionaria del Hogar de Cristo. Tiene 65 años y lleva 47 trabajando en la Hospedería de Mujeres de Estación Central, ubicada junto al Santuario del Padre Hurtado.

Con su sonrisa cálida recibe a cada usuaria que llega a pedir acogida a este lugar. Conoce cada rincón del edificio -de salones amplios y ventanas luminosas- que alberga día a día a cerca de 50 mujeres, muchas veces con sus hijos.

Ha sido testigo viviente de la historia de esa institución, por eso, con toda convicción asegura: “Antes llegaban cerca de 150 mujeres con problemas de alcohol, ahora es por droga, depresión, abandono, problemas mentales, entre otras causas… En el pasado acudían muchas más personas a pedir ayuda a la Hospedería, pero a nadie se le dejaba afuera… A todos los dejábamos entrar y le dábamos un plato de comida”.

Con nostalgia, cuenta que llegó a trabajar a los 16 años. Un tío que trabajaba en la Hospedería de Hombres le avisó que había una vacante en la Hospedería de Mujeres de donde nunca más se fue. “Yo era muy jovencita y necesitaba trabajar, tuve pocos estudios y mi familia era muy pobre. Mi mamá trabajaba como botonera de una fábrica de jeans y mi papá tenía problemas con el alcohol, pero cuando llegué aquí y vi tanta pobreza, realmente me sentí rica”, recuerda emocionada.

Y agrega: “Cuando llegué a trabajar acá el Hogar era un poco desaseado, por eso no quería comer. Pero con los años las cosas cambiaron, se han profesionalizado, modernizado… todo está muy lindo. Lo que más me golpeó fue ver a las mamás con niños que andaban con un tarrito para orinar que encontrábamos cuando hacíamos aseo… Sin embargo, hoy volvería a hacer lo mismo, me encanta mi trabajo”.

La funcionaria es vecina del sector de General Velásquez. Cuenta que desde siempre ha vivido acá y nunca se ha querido cambiar… Le gusta solo cruzar la calle y llegar a casa.

María Guillermina es madre de dos hijos y conoció a su marido aquí mismo, en el Hogar de Cristo. “El entró como estafeta y fue aprendiendo. Hoy está jubilado y trabaja como chofer contratista para la institución; todos lo ubican aquí”. Para ella ha sido una bendición trabajar en este lugar: “Le debo todo a Dios y al Hogar de Cristo. Fui a la beatificación del Padre Hurtado a El Vaticano. Un día me llamaron y me dijeron que iba a ir a Roma, yo no lo podía creer… Fue un regalo por mis años de servicio, una experiencia maravillosa. Me ayudaron hasta con el pasaporte. Estuve 12 días y cuando presencié la ceremonia… solo lloraba y daba gracias al Padre Hurtado por todo”.

La trabajadora de la Hospedería de Mujeres cuenta una de las experiencias que calaron su corazón, y fue cuando se convirtió en “partera”. “Era una embarazada que venía del sur y llegó a tener su guagüita en la noche…. Rápidamente con una compañera buscamos sábanas blancas, mientras la señora gritaba de dolor por las contracciones y de pronto vimos cómo una ´cosita´ negra comenzó a asomarse… Era una niñita que abrió los ojos y que estaba llena de sangre y restos de placenta… Hicimos lo que pudimos. Después llegó la ambulancia y se la llevó al hospital”, afirma.

María Guillermina dice que trabajó durante 26 años en el turno de noche hasta que un día cambió su jornada al día. “Siempre tuve la ayuda de mi mamá, nunca tomé locomoción, por eso llegaba muy rápido a mi casa… pero también el hecho de que viviera cerca hizo que mis hijos crecieron cercanos al Hogar de Cristo”, señala.

Ahora llega al mediodía y se retira a las 9 de la noche. “Cuando llego, saludo a las usuarias, ordenamos el comedor y después me voy a la bodega… Tengo que ver que no falte la ropa para ninguna de las señoras ni tampoco la ropa de cama. A partir de las 6 de la tarde estoy pendiente de que al entrar las usuarias, todo esté bien, listo y dispuesto para acogerlas”, dice mientras revisa los cubrecamas y las prendas disponibles que esperan a una nueva dueña.

 

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