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Mujer y pobreza:

“Las mujeres migrantes son más pobres que los hombres migrantes”

En el Mes de la Mujer, destacamos el relato de cuatro extranjeras que viven junto a sus guaguas en una residencia en Estación Central y que reflejan lo crudo que es para ellas estar solas, sin trabajo, sin casa ni redes.

Por María Luisa Galán

 

“Soy madre soltera, mi bebé tiene 3 meses y ha sido un proceso complicado por estar sola con mi  recién nacido en otro país, sin familia ni ningún apoyo, sin papeles ni trabajo”, cuenta Geissa Ascanio (30) una joven venezolana que vive junto a su pequeño hijo en un hogar de la congregación Misioneras de la Caridad en Estación Central. Junto a ella hay otras siete mujeres más, todas extranjeras, todas con guaguas menores de seis meses, porque una vez que cumplen el medio año de vida, deben buscar otra residencia.

Mientras, reciben alimentación, techo y apoyo para la obtención de residencia, trabajo y/o capacitación. Cuando sus hijos cumplen tres meses pueden llevarlos a una sala cuna cercana, lo que les da tiempo para hacer sus trámites con tranquilidad. Irelida Espinoza (30), también venezolana, estuvo en la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo y hoy se encuentra en la residencia de la congregación. “Ha sido difícil comenzar de nuevo en otro país, sobre todo por lo de integrarse a una nueva comunidad sin conocer sus costumbres. Al comienzo, una gran ayuda fue conseguir un lugar en el Hogar de Cristo para pasar la noche de invierno estando embarazada y totalmente sola en Santiago. Allí hice algunas amigas y comencé a integrarme”, cuenta en una carta escrita a mano, dando fe de lo complejo que ha sido para ella encontrar trabajo.

Según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen) 2017, el 51,4% de los extranjeros en Chile son mujeres, más de la mitad habita en la Región Metropolitana y el 11,8%  vive en situación de pobreza por ingreso. Perú, Argentina y Bolivia son los tres principales países de origen de los migrantes en Chile, pero tal como se observa en la Casen, entre 2015 y 2017, hubo un fuerte aumento de migrantes procedentes desde Colombia, Venezuela y Haití.

Ceries Dabu sale de las estadísticas. Proviene de Filipinas y vive junto a su pequeño hijo en la residencia de las Misiones de la Caridad, la congregación de Santa Teresa de Calcuta. Apenas habla español, se expresa mejor en inglés. Dice que vino a Chile por trabajo pero una vez aquí se dio cuenta que estaba embarazada. “Ha sido difícil pero es una bendición de Dios y acepto su plan para mí. Ahora cuido a mi bebé y espero encontrar un trabajo pronto para poder entregarle todo lo que necesita”, cuenta.

“Existen más mujeres migrantes en situación de extrema pobreza, que hombres migrantes o que la población chilena”, se lee en el estudio que realizó en 2017 el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género en la regiones de Metropolitana, Tarapacá y Antofagasta. La investigación buscó conocer las brechas, desigualdades y barreras que deben enfrentar las mujeres extranjeras en las mencionadas regiones del país. Destacan otros datos: “Una proporción muy alta de las mujeres migrantes se ocupa en servicio doméstico (25%, duplicando a las mujeres chilenas) y considerando su país de origen, en el caso de la población femenina peruana, la cifra alcanza el 50%. Las mujeres migrantes son más discriminadas que los hombres migrantes y que la población chilena en su conjunto. Esto se agudiza en el caso de las mujeres haitianas y de las colombianas afrodescendientes, en que el color de su piel es un factor adicional de discriminación por parte de la población chilena”.

Guerda Augustin es oriunda de Haití y está en Chile sola junto a su guagua de tres meses. Mientras sus compañeras de residencia la ayudaban a cuidar su hija que lloraba, resumió en una carta de cinco líneas su historia, en creole, pero así se lee traducido. “Vivía con el papá de mi hijo pero se fue, ahora vivo sola con mi hijo en Chile, soy de Haití”.

La residencia en donde residen temporalmente Geissa, Irelida, Ceries y Guerda es amplia, cuenta con áreas verdes y algo que las caracteriza es su unión. Están solas pero acompañadas, se comparten datos y se apoyan en el cuidado de sus niños. Pero además, son parte de las cifras de mujer, pobreza y migración, de esa población que se ha duplicado en los últimos diez años, que en la Región Metropolitana se concentra en las comunas de Santiago, Recoleta e Independencia y que tienen un menor acceso y cobertura en temas de salud. “Su situación es más desfavorable por ser migrante y por ser mujer, pero junto con ello, es más aguda en el caso de ciertas nacionalidades, más si se es afrodescendiente y más si el territorio de destino (en este caso la región de Chile a la que se llega a residir) es una u otra”, relata crudamente el estudio del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género.

 

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