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PADAM de Renca va a la playa:

“Estos paseos nos rejuvenecen”

Un grupo de 10 adultos mayores, usuarios del Programa de Atención Domiciliaria en Renca, vivieron un emocionante paseo a la playa y disfrutaron de todas las comodidades de un reconocido hotel del sector.

Por Daniela Calderón

“El recibimiento ha sido muy acogedor”, dijo emocionada hasta las lágrimas Gertrudis Gálvez (85), mientras se prepara para viajar a la playa con Vicente Jara (79) su pareja y también usuario de Hogar de Cristo. “Yo he conocido la pobreza más grande, por eso me emociona recordar todo lo que he podido conocer gracias al Hogar de Cristo. Lloro de alegría porque me siento bien”.

Son las 9 de la mañana y en Renca, donde se encuentra el Programa de Atención Domiciliaria de Hogar de Cristo, 10 adultos mayores se prepararan para ir, por el día, de paseo a Algarrobo. Este viaje, que puede sonar trivial para muchas personas acostumbradas a escaparse por el fin de semana al litoral central, es una de las únicas opciones de descanso y recreación a la que estos adultos mayores, todos en situación de extrema pobreza y vulnerabilidad, pueden acceder.

Tras una hora y media de viaje, el grupo es recibido por el personal del Hotel Pacífico de Algarrobo, quienes generosamente abrieron sus puertas para acoger y atender con un desayuno a los entusiastas adultos mayores que componen el grupo.

La mesa y las instalaciones del hotel, especialmente acondicionada para ellos, sorprende a Mónica Céspedes (85), una mujer risueña y conversadora, que lleva más de 10 años ligada a los programas de Hogar de Cristo y que debido a sus bajos ingresos (recibe una pensión básica solidaria de 165 mil pesos) no ha tenido la oportunidad de salir de vacaciones. “Es el momento más feliz de mi vida. Es emocionante disfrutar de esta maravillosa atención. No tengo cómo agradecer esta oportunidad que nos están regalando”, dice mientras disfruta de un trozo de torta, cortesía del hotel.

El paseo continúa con una visita a la playa “Las cadenas” de Algarrobo, donde los adultos mayores pudieron reposar en la arena y recoger conchitas. “Cuando toqué el agüita me sentí bien, me relajé, con el aire de la playa me renové. Este paseo ha sido impresionante, me considero una persona privilegiada porque jamás soñé venir a una playa así.”, dijo Gertrudis Gálvez.

La emoción invade a este gran grupo de adultos mayores, Muchos de ellos han vivido en situación de pobreza desde pequeños, algunos cuentan con escasas redes de apoyo familiar, están aquejados de problemas de salud y sus pensiones no les permiten darse un “lujo”, como denominaron a este paseo. “Tomamos un rico desayuno, fuimos a bañarnos a la playa y admirar a los chiquillos que están re buenos -dice, con picardía la vivaracha Mónica. “Además pudimos comer cositas ricas, tomar agüitas fresquitas que nos alegran el alma. Estos paseos a nosotros nos rejuvenecen. Yo no me puedo dar el lujo de descansar porque necesito generar ingresos. Así que con estos paseos tengo un descanso y unas ganas de seguir viviendo”, agrega, al terminar el día.

Por su parte, Luisa Bravo (69) concluye: “Estoy muy agradecida porque nos atendieron muy bien. Cuándo uno iba a recibir esto, que nos sirvieran y nos traten con ese respeto y cariño. Fue un día de lujo”.

 

 

 

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