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Plan Fundación:

“Este servicio es parte del corazón de la funeraria del Hogar de Cristo”

Cerca de 500 personas al año son beneficiarias de este programa gratuito para personas en extrema pobreza de cualquier organización que lo requiera. Uno de ellos fue Juan Camilo, participante del Hogar de Cristo, que cuidaba autos vestido de traje y que falleció en agosto de 2019. Aquí un breve relato de su historia, a partir de lo poco que contó a pocos.

Por María Luisa Galán

“La primera vez que lo vi me dijo: ‘Señorita, quiero trabajar, puedo pintar, le cobro barato’”, cuenta Johanna Valenzuela, voluntaria de la Casa de Acogida Josse van der Rest del Hogar de Cristo, sobre Juan Guillermo Camilo, acogido que vivió cerca de una década en el recinto ubicado en Estación Central y que falleció el 15 de agosto de 2019, a los 84 años de edad. Era febrero del 2018, él estaba parado en una esquina y desde ese momento ella fue una de las pocas personas que logró adentrarse en su historia.

La rutina de Juan Camilo, como lo conocían, era salir todas las mañanas a cuidar los autos que se estacionaban fuera de la Casa de Acogida. Ahí se hacía sus pesos. Según cuenta su monitora Claudia Correa, fue un hombre solitario, pocas personas lo visitaban y solía sentarse solo en la plaza.

Johanna fue quien logró penetrar su coraza. Lo invitaba a almorzar, le cortaba el pelo y se sentaba junto a él en la plaza. Este enlace le permitió conocerlo más. “En sus momentos de lucidez, cuando quería sincerarse, me contó que se crió con su abuela en Curicó; que vivía con su mamá y otros hermanos. Conocí a su hermano, Mamerto Ortiz y a una hermanastra en el funeral, pero nunca me habló de ella, la conocí ahí. Su historia fue muy triste, me contó que dormía junto a su abuela que tenía cáncer al útero y que un día despertó y la cama estaba llena de sangre”.
Agrega: “Se casó, su mujer era costurera. Tuvo un amigo que tenía una fábrica de costura y le presentó a su mujer para que le diera trabajo pero ella se terminó yendo con él. Después de eso, no me contó más de su mujer”, relata. Añade que, según su relato, trabajó en una farmacia en Curicó y se deduce que trabajó arreglando casas en Santiago, pero nadie sabe a ciencia cierta a qué se dedicó en su juventud. Sobre si tuvo hijos o no, nunca se supo. No fue un tema que tocara.

Juan Camilo nació un 10 de febrero, no fumaba, siempre andaba con chaqueta de vestir, invierno o verano, y le gustaba el deporte. “Dijo que fue ciclista y que había salido campeón tres veces, que vivió incluso en Argentina”, recuerda Johanna.

Falleció producto de una neumonía que se le complicó y además tenía una úlcera gástrica. “Como había trabajado en farmacia, no quería saber nada de remedios porque sabía todo el teje y maneje de los doctores. No les creía nada. Además no le gustaba esperar, cuando no le gustaba algo, los mandaba a la punta del cerro”, cuenta Claudia Correa. Johana complementa: “Nunca decía una mala palabra, era muy respetuoso con las mujeres. Era una persona muy educada, muy culta. Hablaba bien, con buenos términos. Sólo decía malas palabras cuando uno lo obligaba a hacer cosas que no quería hacer”.

El Servicio Fundación

Juan Camilo fue uno de los beneficiarios del servicio gratuito que la funeraria del Hogar de Cristo otorga. Es el “Plan Fundación”, el cual beneficia cada año a cerca de 500 personas provenientes tanto del Hogar de Cristo u otra organización que lo requiera, incluso para extranjeros que no pueden ser repatriados. “Nosotros nos encargamos de entregar una urna, la instalación, de hacer los trámites en el registro civil y el servicio de sepultación, facilitamos una carroza y un vehículo para los acompañantes”, detalla Alfredo Urbina, gerente de marketing de la funeraria.
“Es un servicio que es parte del corazón de la funeraria, es el mandato del Padre Hurtado de darle una sepultura digna a todo ser humano. Es un minuto de trascendencia, de homenaje, independientemente de si tuvo una buena o mala condición social, credo, entre otros. Como es gratuito, si tiene cuota mortuoria o no, nosotros realizamos el servicio igual. Si la hay, es un aporte para solventar los gastos”, agrega Alfredo Urbina.

La funeraria Hogar de Cristo entrega 5.900 servicios al año en sus distintos planes. Más información, puedes visitar su página en el siguiente link.

 

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