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Ganadora Resurrección en 100 Palabras:

Conmovedor homenaje a una suegra que dijo ¡basta!

La voluntaria María Virginia Cvitanic (66), recibió con total sorpresa la noticia del primer lugar que su relato obtuvo para el concurso de Resurrección en 100 Palabras de Hogar de Cristo. “Sentí mucha alegría, porque lo escribí como un homenaje a mi suegra, Ana Luisa, una mujer generosa a quien quise mucho”, dice.

Por María Teresa Villafrade

“Año 1949, infancia empobrecida, orfandad prematura, aterrada por el maltrato, imploró mirando al cielo y, guiando con rumbo incierto a tres pequeños, abandonó el hogar.  Humillaciones e indignidades de soberbias patronas curtieron su rostro y también las manos que llevaron tranquilidad a la mesa, al techo que no siempre cubrió la lluvia y costearon el remiendo de los zapatos que pasaban de uno a otro.

Ana, llevando sólo el equipaje de la fe, un día decidió decir “BASTA”, transformando así su historia, la de sus nietos, bisnietos y tataranietos, que en la plenitud de su vida la cobijaron y abrazaron”.

Con estas sencillas pero conmovedoras palabras, la presidenta del voluntariado Hogar de Cristo en la región de Valparaíso, María Virginia “Vicky” Cvitanic, describió a la mujer que la inspiró durante los 38 años que compartieron juntas: su suegra Ana Luisa.

“La verdad es que supe de este concurso durante la visita que hizo el capellán, José Francisco Yuraszeck, a la residencia adulto mayor “La Asunción”, en Villa Alemana. Estábamos allí dos voluntarias a cargo de un bingo y así me enteré que podíamos escribir un relato basado en una mujer que nos hubiera inspirado”, cuenta.

Vicky Cvitanic (al centro) con otras voluntarias de Hogar de Cristo.

Faltaba muy poco para el plazo final ya que los ganadores se iban a dar a conocer en la misa de Pascua de Resurrección. De ahí el nombre del concurso Resurrección en 100 palabras”, que en su segunda versión buscó rescatar relatos sobre mujeres inspiradoras, de esas que trenzan la vida empoderando a otras y haciendo que la existencia valga la pena.

Vicky recuerda que se fue de regreso a su casa ese día pensando en “mujeres bacanas” y se le ocurrieron dos nombres:

“Una es la hija de una amiga que tuvo su guagua con síndrome de Down y, en cuanto supimos, nosotras pensamos que ella no iba a poder. Sin embargo, ella hoy es la presidenta de agrupación y ha hecho maravillas. También pensé en mi suegra, Ana Luisa, que me acompañó durante 38 años y partió el 22 de diciembre de 2019, a los 94 años de edad. Una mujer que fue entrando en la fe, por ese mismo impulso que tenía de salir de la pobreza, de la orfandad, del maltrato que le dio su marido”.

Optó por hacerle un homenaje a su fallecida suegra.

 

“PARA UNA MUJER ABANDONAR EL HOGAR ERA PECADO”

Si bien Ana Luisa no era de misa dominical, ella jamás salía de su casa sin encomendarse a Dios, pidiéndole que la cuidara tanto a ella como a su casa. “A toda persona que golpeara su puerta pidiendo algo, ella le tendía una mano, era una mujer muy generosa. Nos contó su historia de violencia intrafamiliar que vivió y con detalles bien escabrosos que no viene al caso mencionar”, agrega.

Ana Luisa, cansada del maltrato de su marido, se fue con sus tres niños de la casa y durante algunos años vivieron en un galpón en condiciones muy precarias. Para sostener el hogar, lavaba ropa ajena y, tal como señala en su relato, vivió humillaciones e indignidades de sus patronas. “Partí contando que era 1949, porque en esa época se trataba muy mal a las personas del servicio y, además, para una mujer abandonar el hogar era casi pecado, muy mal mirado”.

Vicky no le dijo nada a su marido sobre el concurso. Solo le mostró a su hija el escrito, antes de enviarlo. “Ella me dijo que se había emocionado al leerlo, entonces me dije no tengo nada más que cambiarle”, y lo mandé.

“Ana Luisa reunía sagradamente a toda su familia los domingos y ella misma preparaba el almuerzo, no dejaba que nadie la ayudara en la cocina. Era la matriarca y así lo reconocieron sus nietos que hablaron en su funeral. Yo la admiraba, porque a pesar de su poca educación, debe haber llegado hasta sexto básico, ella les transmitió muchos valores a sus 12 nietos: les decía que tenían que ser honrados y trabajadores”, dice.

Recuerda que en una ocasión preocupada por una operación que no se le hacía a su hermana, Ana Luisa pidió que la llevaran al Santuario de Alberto Hurtado. Oró y a la semana siguiente, operaron a su hermana, quien todavía vive.

Ana Luisa pidió a Alberto Hurtado por su hermana y a la semana siguiente la operaron. Su hermana aún vive.

Socia y voluntaria activa del Hogar de Cristo desde hace 7 años, Vicky es oriunda de Punta Arenas donde trabajó como funcionaria pública por 28 años. Una vez fallecidos sus padres, le cumplió la promesa a su marido de radicarse en Valparaíso. Como presidenta del voluntariado hace un llamado a las nuevas generaciones para que se sumen a la causa fundada por Alberto Hurtado:

“Somos 20 voluntarias de las cuales la menor tiene 60 años y le sigo yo, con 66, las demás son todas mayores. Nos preocupamos por las necesidades de los tres programas sociales de Hogar de Cristo que van quedando, porque la pandemia afectó: la hospedería y el programa de acogida en Valparaíso, la residencia adulto mayor La Asunción, en Villa Alemana y el jardín infantil Peumayén”.

 

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