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Rosila y Verónica de Cerro Navia Hacen muñecos que sanan el alma

Son vecinas de la populosa comuna y con sus manos confeccionan las diferentes partes del cuerpo de los muñecos que Fundación Nonos utiliza en sus talleres de resiliencia y que llevan felicidad a niños y adultos.

Por Jacqueline Otey A.

Rosila Ulloa tiene 52 años y hace kits de muñecos que Fundación Nonos -vinculada con Acción Solidaria del Hogar de Cristo que impulsa y orienta proyectos de ayuda social- utiliza en talleres de resiliencia, cumpleaños infantiles y además vende en algunas tiendas como GAP y Andes Gear, porque con ellos se promueve el valor por lo simple, la diversidad y el cuidado del medio ambiente.

La vecina del sector de Santa Elvira en Cerro Navia recuerda que hace dos años su hija le contó que una fundación buscaba personas para confeccionar las piezas con las que se arman estos muñecos y, de inmediato, le interesó la idea. Sin embargo, nunca había tenido contacto con agujas, hilos ni telas. “Nunca había cosido a máquina, solo me acuerdo que miraba a mi mamá o a mi hija cuando cosían, pero yo no sabía hacer nada”.

Rosila padece cáncer desde hace cinco años, el que con el tiempo se ha ido diseminando por su cuerpo y que, pese a todo, ella enfrenta con fe y optimismo. “Aunque los exámenes médicos indican que no tengo vuelta, yo me siento bien, con ánimo y hacer nonos ha sido mi mejor terapia”, afirma.

Mamá de cinco hijos, cuenta que cada vez que hace un muñeco se enamora de ellos nuevamente y los siente como hijos. “Lo lindo de este trabajo es que los hago como a mí me gustan. Uso la imaginación, son hermosos y me siento bien porque valoro poder hacerlos con mis manos. Eso aumenta mi autoestima, ya que todo el mundo los encuentra bonitos, ayudan al medio ambiente y los niños son los más felices”.

Los kit que hace Rosila junto a sus compañeras incluyen un “nono” prehecho que viene en una bolsita y trae nariz, botones y relleno y luego, niños o adultos, los arman en los talleres.

Rosila dice que estos muñecos -hechos con calcetines y ropa nueva en desuso- le han permitido trabajar sin salir de la casa. “Es una gran oportunidad para generar ingresos. Somos un grupo de mujeres de Cerro Navia y trabajamos en relación a los pedidos que nos hace la fundación, la que nos entrega géneros, hilos, relleno e incluso las máquinas de coser y con eso preparamos los kits”.

Lo especial que tienen los nonos para ella es que son todos diferentes.  “Eso los hace únicos y, de hecho, apenas me siento a coser… me olvido de todo”. Incluido su cáncer y todas las demás dificultades cotidianas que enfrenta.

Con lentes y cinturón

Verónica Saavedra, es mamá de tres hijas y el año pasado se unió al grupo de mujeres que preparan los kits para la fundación Nonos.

Vecina de la población El Montijo, en Cerro Navia, cuenta que en la primera clase las capacitaron para armar los kits y en la segunda les enseñaron a coser a máquina. “Después nos dieron la posibilidad de acceder a una máquina de coser que ya cancelamos gracias a nuestro trabajo”, dice con satisfacción.

Recuerda que cuando vio los muñecos, pensó: “¿Quién puede comprar estas figuras con brazos de colores distintos o un ojito más grande que el otro? Pero cuando los empecé a hacer, sentí que tenía que dejarlos muy bonitos para que alguien los eligiera. A mí me gusta hacerles lentes con pedacitos de cuero y cinturones para que se diferencien. Si es una nonita le pongo una rosita, un vestido o pestañitas”, explica, con un visible cariño por sus creaciones.

Verónica dice que los nonos la hicieron recordar su niñez. “Cuando era chica recibía las muñecas que alguna prima desechaba y que a veces venían sin un brazo y mi mamá las arreglaba con género. Acordarme de eso me hizo querer hacer los nonos lo mejor posible, tanto que muchas veces me da pena entregarlos… Uno les va dando vida y amor y luego ellos la transmiten”, señala.

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