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Thyare Sobarzo: “Si el Hogar de Cristo no hubiera existido, no estaría aquí”

Desde hace tres meses que está haciendo el Servicio Militar voluntario y desde hace unos días es cabo conscripto, que es un grado más que soldado. Parte de su infancia la vivió en la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo junto a su familia. Conversamos con esta verdadera guerrera, orgullosa de su madre, y que hoy sueña con llegar a una de las escuelas matrices y tener una vida tranquila.

Por María Luisa Galán.

“Desde el día 1 que nos tocó ir a parar al Hogar de Cristo, porque no teníamos dónde llegar, nos recibieron con los brazos abiertos. Lo pasamos bien y vimos hartas historias”, cuenta Thyare Sobarzo Herrera, 21 años, cabo conscripto del Regimiento Logístico N° 2 Arsenales De Guerra del Ejército de Chile.

Lleva un poco más de tres meses haciendo su Servicio Militar voluntario en el recinto ubicado en las afueras de Colina, a los pies del cerro, en donde su entrenamiento comienza a las 5 de la mañana y termina cerca de las 7 de la tarde. El rigor es alto, pero le gusta. Le encanta correr por los cerros, entre las vacas, cabras y otros animales que habitan en la zona. “Al que le gusta se va a quedar, al que no se va a querer ir al tiro. El que se adapta se queda aquí”, reflexiona.

Hace unos días la ascendieron a cabo conscripto, de lo que está orgullosísima. Y cómo no si su vida ha tenido más bajos que altos. Tenía 7 años cuando llegó a Santiago desde Arica. Por problemas económicos, su mamá partió a la capital con sus cuatro hijos, pensando que encontraría apoyo familiar. No fue así. Sólo su hija mayor se pudo ir con su madrina, mientras ella y los otros tres niños tuvieron que llegar a la Hospedería de Mujeres del Hogar de Cristo, en Estación Central.

-¿Cómo fue esa experiencia?

-No fue traumante, ni nada por el estilo. Fue una experiencia nueva nada más. A lo mejor cuando uno es chico no entiende mucho las cosas, pero ahora sí y agradezco haber llegado ahí. Todo sirve y uno valora el esfuerzo de estar donde estamos ahora, porque gracias a mi mamá hoy vivimos en el sector de Ñuble. Eso se agradece mucho, que el Hogar de Cristo nos haya brindado toda la ayuda, desde algunos muebles y lo que necesitáramos. Lo más duro fue convivir con mucha gente que uno no conoce, tener que compartir el poco espacio que hay. Pero al final era agradable porque conocías a todos y uno tenía salidas. Al ser chica, me dedicaba a puro jugar y me llevaba bien con todos los niños. Por mi parte, lo pasé bien en ese momento.

-Si el Hogar de Cristo no hubiera existido, ¿dónde habrían llegado?

-Ahí está la cuestión. Creo que no hubiéramos tenido, por ejemplo, la oportunidad de que yo ahora esté aquí. A lo mejor, hubiera sido otra historia. Por eso, todo es agradecer mucho. Cuando llegaron hace unos días a dar una charla del Hogar de Cristo, miré para atrás y decidí dar mis datos para donar, aunque sea poco, todo sirve, suma.

-¿Cómo fue el proceso de salir del Hogar de Cristo?

-Difícil, a mi mamá le costó muchísimo. Ahí la ayudaron a encontrar trabajo y cuando lo logró, a los dos o tres meses pudo arrendar un pieza. Le dieron muebles, todo lo necesario. En total, estuvimos como dos años y algo en la Hospedería.

Si hay algo que destaca a Thyare es su valentía y coraje. Las misma cualidades que, según describe, tiene su mamá, quien trabaja como vendedora en el Homecenter, ubicado en Ñuble. Aunque chocan por tener un carácter similar, es innegable el orgullo que siente por su progenitora. Luego de estar en el Hogar de Cristo, su mamá logró arrendar una pequeña pieza en Puente Alto. “Habían dos colchones, una cocinilla y mi mamá dijo: ‘Aquí nos vamos a quedar hasta que podamos seguir adelante. Quiero que no griten, que se porten bien y que demuestren que me van a apoyar’. Nosotros obviamente dijimos que sí. Ahí nos habremos quedado tres años y la arrendataria nos amaba”, cuenta Thyare, mientras se escuchan los ejercicios militares del día. “Mi mamá fue dura, siempre me retaba, trataba de que fuera correcta. Gracias a ella, soy lo que soy y nunca me faltó su apoyo. Mi mamá tenía miedo de que fuéramos por el camino de las drogas o nos metiéramos en cosas que no debíamos, lo que, gracias a Dios, no pasó con ninguno de los cuatro.

-¿Por qué quisite hacer el Servicio Militar?

-Me inscribí porque desde chica, ya estando en el Hogar de Cristo, me llamaba mucho la atención. Esta es la edad que tengo que tomar mis propias decisiones y así lo hice, inspirada en lo que vi en el Hogar de Cristo, que es ayudar a la gente, ver cómo ayudaban. Por eso me gusta mucho el Servicio Militar porque es ayudar a los demás.

-¿Qué esperas para futuro?

-Especializarme en la escuela de oficiales o en la de suboficiales. Y así hasta llegar a alguna de las escuelas matrices. No sólo en el Ejército, puede ser también en Carabineros, la Marina o en la Fuerza Aérea. Sueño con mi familia, mi paz y tranquilidad. Seguir conociendo gente, tener experiencias nuevas. Lo que venga.

– Y, al final, ¿cómo eres Thyare?

-Un terremoto, aunque oy súper organizada. Me encanta ser cómplice de mis compañeros, aunque aquí no se pueda mucho. Soy alegre, buena para la talla. Soy seria cuando hay que serlo. Soy adoctrinada. Soy súper empática con todo el mundo. Pero no me gusta estar amurrada o triste, porque a mis 21 años, después de todo lo que he vivido no tengo por qué estarlo. Hay gente que tiene problemas más grandes; eso es lo que nos recalcan aquí todos los días.

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