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Trabajadores y acogidos sacan la voz en primer coro inclusivo del Hogar de Cristo

Llevan 8 meses de funcionamiento y ya son reconocidos por su profesionalismo y afán de perfeccionamiento. Tres de sus integrantes son usuarios de la Casa de Acogida Josse Van der Rest.

Por Daniela Calderón Poblete

Hace algunos días voluntarios, acogidos y trabajadores se reunieron en la tumba del padre Hurtado a conmemorar el Día del Trabajo con una liturgia. La celebración estuvo marcada por las voces de un grupo de cantores a cargo de entonar cada una de las canciones de la liturgia. No todos lo saben, pero las entonadas melodías son fruto de un trabajo de meses y que hoy da vida al primer Coro de Hogar de Cristo.

La idea surgió a inicios de 2018 pero recién tomó forma en septiembre de ese año. Existía la necesidad de crear un coro que acompañara las ceremonias de la institución y la convocatoria, liderada por el equipo de Pastoral de Hogar de Cristo, tendría un toque especial: cualquiera podía participar.

 

Al llamado asistieron varios trabajadores del Hogar, pero hubo tres personas que destacaron en el grupo. Se trataba de Jaime Narea (68), Patricio Muñoz (65) y Roberto Fonseca (71), tres adultos mayores que son usuarios de la Casa de Acogida Josse Van Der Rest.

Desde ese día y sagradamente todos los viernes, estos tres adultos mayores asisten a los ensayos liderados por el cantante y profesor de música, José Guzmán Troncoso (48). Allí han aprendido a identificar y afinar su tono de voz, a cantar en grupo e incluso a desenvolverse en espacios públicos a los que no estaban acostumbrados.

“Desde el principio, cuando la Pastoral me invitó a participar, se definió que este sería un coro de integración. Desde el inicio del coro, hemos cantado al aire libre o en la tumba del padre Hurtado y eso les va dando más confianza a los participantes. Sin duda, ellos son el espíritu del coro, le dan la mística al grupo”, comenta José, el profesor, que lleva 15 años impartiendo clases de música.

Carolina Poblete, coordinadora general de capellanía y mezzo soprano del coro, coincide. “Ellos tienen tantas experiencias que nos enriquecen. Hay muchos que tienen conocimientos de música y eso siempre será un aporte. Estoy feliz de estar con ellos. Estas actividades nos permiten mezclar diferentes mundos pero con un único objetivo: cantar”.

 

Ellos son el espíritu del coro

Roberto espera con ansías cada viernes. Después de almuerzo, toma su “burrito” y a paso lento pero seguro se acerca a la sala dispuesta para los ensayos del coro. Su sonrisa es notoria y sus ganas de participar no decaen pese al cansancio propio de la edad.

“Participar en el coro me alegra la vida. A veces me aburro y acá me siento acompañado”, dice. Roberto no ha tenido una vida fácil. Fue abandonado al nacer, se crio en un hogar de niños y ya de grande vivió en situación de calle cerca de la plaza de armas. “Siempre he sido solo, pero acá me cuidan y me tratan bien. Cuando estoy en las misas con el coro, le pido a Dios que nunca le falte nada a la gente que me ha ayudado”, dice emocionado.

 

La vida de Patricio Muñoz (65) fue muy distinta a la de Roberto. Este hombre de actitud introvertida estudió inglés y fue dueño de un kiosko en Independencia, lo que le permitía tener una buena situación económica. Llevaba una vida tranquila junto a su esposa e hija, tanto que incluso era socio de Hogar de Cristo y aportaba dinero mensualmente.

La vida que Patricio llevaba se derrumbó producto del consumo problemático de alcohol que lo afectaba. Perdió a su familia y llegó a vivir a la casa de acogida del Hogar de Cristo. Acá es conocido como el Elvis Presley por su fascinación hacia el cantante estadounidense. “Cuando estoy en el coro me transformo. Antes no me preocupada por el prójimo y ahora es distinto. El coro me ha cambiado”, dice orgulloso.

El tercer integrante de la casa de acogida Josse Van der Rest que decidió participar en el coro es Jaime Narea (68). Es uno de los más extrovertidos del grupo y siempre saca carcajadas con sus chistes. Tras ser abandonado por su familia luego de la muerte de su madre y luego de sufrir una bronconeumonía que casi lo mata, Jaime llegó a la casa de acogida recomendado por las enfermeras de la posta. “Ahora estoy afónico porque el invierno me hace mal. Tengo una enfermedad genética a los pulmones, pero eso no me impide participar en el coro. Me siento feliz porque toda la vida me ha gustado la música. Desde los 3 años mi familia me hacía cantar y bailar arriba de la mesa. Era el alma de la fiesta, por eso desde siempre le había pedido a Dios que llegara un día en que pudiera cantar en un lugar así”, dice.

 

Para el profesor del coro, José Guzmán, la actitud de estos tres adultos mayores es la que le da la fuerza al resto para seguir perfeccionándose. “Este es un coro naciente, pero con un potencial tremendo que ya está demostrando. Es una semilla que plantamos en buena tierra y que ya está dando buenos frutos”.

Carolina Poblete agrega. “En un año espero que seamos muchos más que ahora. Nos veo muy consolidados, me gustaría que estuviéramos participando en todo tipo actividades del Hogar y no solo las litúrgicas. Que el coro fuera una parte importante de las actividades del Hogar, porque no somos cualquier coro, somos uno compuesto por trabajadores y acogidos y eso no se ve en cualquier lugar”.

 

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