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Viviana y Arlette: “Que me eligieran para estar con el Papa, significa que he cambiado”

Ambas hacen el mismo balance de ese encuentro del 16 de enero. Ambas tuvieron consumo problemático de drogas y alcohol, conocieron la calle, abandonaron a sus hijos y hoy están recuperando sus vidas.

Por Daniela Calderón

Han pasado varios días desde la visita del Papa Francisco al Santuario del Padre Hurtado, ese caluroso16 de enero, pero la emoción de algunos sigue intacta.

Ese intenso miércoles, lleno de actividades, culminó con el Pontífice compartiendo un mate frío y una sopaipilla con 29 acogidos del Hogar de Cristo, rostros de la pobreza en nuestro país, representantes de los chilenos esforzados que conocen la exclusión y logran salir adelante.

Hoy, dos de ellos, participantes de los programas de Fundación Paréntesis, que trabaja con personas con consumo problemático de drogas y alcohol, decidieron contar cómo vivieron ese emotivo encuentro.

Una de ellas es Arlette Navarrete, una mujer de 53 años que decidió cambiar su vida y superar el consumo de sustancias que la perseguía desde temprana edad. El 2017 se internó en el programa residencial Villamávida de Fundación Paréntesis, ubicado en Concepción. Estuvo 8 meses haciendo su proceso, tiempo fructífero en el que recuperó la confianza y la relación con su hijo, su mayor apoyo actualmente.

“Cuando estuve con el Papa se me vinieron a la cabeza las cosas malas que había hecho. Estaba emocionada y, cuando le di la mano, sentí un escalofrío en la espalda. No podía parar de llorar de la emoción. Después de ese día, le dije a mi hijo que iba a ser la mamá que siempre quiso tener. Hoy, luego de haber vivido esto, no puedo dar un pie atrás”.

Igual de emocionada estaba Viviana Rojas, de 35 años, quien lleva 10 meses de tratamiento contra el consumo de sustancias en el Programa Residencial de Mujeres en Quilicura.

“El Papa es una persona muy acogedora. Cuando le estreché la mano, sentí una luz y una vibra positiva. El haber sido escogida para esta actividad me demuestra que he surgido y que puedo pararme en cualquier lugar. Esto es un empujón para seguir logrando las cosas que deseo. He cambiado, hoy me siento más fuerte, segura motivada a seguir estudiando. Además, estoy feliz porque mis hijos están orgullosos de mi”.

No es trivial lo que declara Viviana. Sus dos hijos, un joven de 18 y una chica de 15, padecieron su dependencia del alcohol, que la llevo incluso a vivir debajo del puente, en la calle. Cuenta que comenzó a tomar a los 20 años debido a problemas familiares y a una depresión con la que aún batalla. “Busqué un escape equivocado. Mi grado de alcohol sobrepasaba los límites. Tomaba vino, ron, cualquier cosa que me mareara. Mi familia era disfuncional, mi padre, violento y mis hermanos, alcohólicos. Pasé hambre, frío, humillaciones y el desprecio de las personas. Dejé a mis hijos tirados, no me di cuenta del error que estaba cometiendo. Recién ahora estoy aprovechando mi vida y tratando de recuperar todo el tiempo perdido. Gracias a Dios, conocí a alguien que me trajo para acá, cuando aún me queda tiempo para hacer las cosas bien”.

A ella no le importan los grandes temas que debaten los medios en torno a la visita del Papa. Ella sabe que haber sido elegida para conocer en persona a Jorge Bergoglio, el papa Francisco, es un signo de su gran cambio personal. “Después de andar recogiendo cosas en la calle y dormir debajo de un puente, imagínate lo que significó para mí”.

 

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