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Día Mundial de la Justicia Social: Los más vulnerables al centro

Por Andrés Millar, director técnico social Hogar de Cristo

Lo dijo Antonio Guterres, secretario general de la Organización de Naciones Unidas: entre 119 y 124 millones de personas volvieron a caer en la pobreza extrema en 2020 en el mundo. Y, en 2021, por las cifras que se conocen, probablemente sea igual o peor. Este 2022, en Chile, el alza del costo de la vida amenaza con volvernos a todos más pobres, pero a los que la crisis económica, sanitaria y social actual ha golpeado y sigue golpeando con verdadera crueldad es a los más pobres. Y, dentro de ellos, a grupos particularmente sensibles: la infancia, las mujeres y las personas en situación de calle.

Más de 100 millones de niños en el mundo han quedado por debajo del nivel mínimo de competencia en lectura, lo que podría deshacer dos décadas de logros educativos, y aún no sabemos cuántos niños, niñas y jóvenes no volverán al colegio este marzo en Chile. En pandemia, las mujeres han enfrentado un notorio aumento de la violencia doméstica y un evidente descenso del empleo femenino, precarizando aún más el trabajo informal que realizan, y las personas en situación de calle proliferan como callampas después de la lluvia, reflotando la metáfora que se usó en los años 40 y 50 del siglo pasado para describir la multiplicación de poblaciones precarias a causa del déficit de viviendas.

Duele que al cabo de más de medio siglo, el no contar con un techo, el no poder pagar un arriendo o ahorrar para el subsidio, haya lanzado a la calle a los que hasta hace un par de años podían financiar un espacio propio, engrosando el número de personas que viven en la vía pública, a la intemperie, en la precariedad más total. Fenómenos como la migración, se suman al desolador cuadro del aumento de las personas en situación de calle, agregando mujeres y niños.

Por eso, en el Día Mundial de la Justicia Social –que fue instaurado en 2007 cada 20 de febrero justamente por la ONU–, apelamos a las nuevas autoridades para que prioricen a los que viven en situación de calle, impidiendo como hemos dicho en otras oportunidades que sigan cayendo por las grietas del sistema. Las medidas aisladas, descoordinadas, paliativas, en invierno, cuando el frío arrecia, efectivamente, pueden salvar una vida, pero acá de lo que se trata es de recuperar todas las vidas de los que por las más diversas razones terminan viviendo en situación de calle. Y para ello se necesita poner a la persona al centro, conocer sus historias y sus necesidades de primera fuente para dar precisión y eficiencia al diseño de políticas públicas y programas sociales. Sólo así se podrá  ofrecer servicios que vayan más allá de la simple asistencia, como la revolucionaria experiencia “Vivienda Primero”, y logremos superar esta emergencia social que de tan abundante termina convirtiéndose en parte del paisaje. En el Día de la Justicia Social, nuestra llamada concreta es a no seguir viendo impávidos cómo hermanos nuestros viven en la precariedad absoluta y hacer algo en serio por ellos.

 

 

 

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