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No sirve “un pololito”, se requiere trabajo decente

En 1949, escribía el padre Hurtado: “Al visitar el Hogar de Cristo de Chorrillos esquina General Velásquez, donde cada noche acuden un centenar de niños y más de doscientos adultos, oigo este unánime clamor: ‘Padre, no queremos seguir vagando. Queremos ser algo. Denos trabajo, trabajo, trabajo’.  

Por Ricardo Délano, director ejecutivo de Fundación Emplea.

Entonces Chile, no era parte de la OCDE, la pobreza tenía otra cara, pero hoy la necesidad sigue siendo la misma: trabajo. Los excluidos del mercado laboral en Chile son 676.076 personas en situación de pobreza. Compatriotas y migrantes -una realidad que no conoció el padre Hurtado-  con potencial de emplearse, pero que no lo logran por cuestiones tan concretas como carecer de redes, de un oficio, de dientes, de visa de trabajo; no saber escribir un CV, hablar con aplomo o plantarse con seguridad en una entrevista laboral; tener consumo de alcohol y otras drogas o alguna discapacidad. Es increíble cómo las condiciones de la exclusión se mantienen.

Si bien Chile es el país de Latinoamérica con la menor tasa de desempleo, es nuestra responsabilidad generar programas de intermediación laboral para los grupos excluidos.

Emplea, fundación del Hogar de Cristo, ha desarrollado un modelo centrado en las personas más vulnerables, tomando en cuenta sus historias de vida y capacidades, para que logren encontrar un trabajo de calidad y lo mantengan en el tiempo. El modelo, tomado de experiencias internacionales, representa un salto respecto de lo que hoy se hace en Chile, que se ha centrado en la capacitación en oficios. Hoy se gasta 50 veces más en cursos inconducentes que en empleabilidad e intermediación laboral de los grupos que hoy se encuentran marginados del mercado del trabajo. Si parte de esas 700 mil personas inactivas lograran ocuparse, el PIB del país se elevaría en varios puntos.

Emplea trabaja con estas personas, y este 23 de agosto inaugura un Centro de Activación Laboral -C-Lab- en Estación Central, Santiago, que hará activación asistida para los más vulnerables, entregándoles herramientas a la medida de cada uno para que encuentren un “trabajo decente”, concepto que la Organización Internacional del Trabajo definió en 1999 como “el desarrollado en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana”.
Trabajo no es desempeñar “un pololito” que alguien ofrece por caridad. Es entregar dignidad, seguridad, realización y estabilidad.  Los trabajadores son ante todo seres humanos y los que están marginados del mundo laboral a causa de su situación de pobreza y exclusión,  también lo son, aunque a veces el sistema parezca olvidarlo. Son personas que requieren inclusión, pero también activación laboral, para permanecer y crecer en la dignidad que otorga el ser capaz de ganarse la vida, no sólo en términos económicos.

 

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