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14 de febrero:

3 historias de personas que descubrieron que el amor estaba a su lado  

En este San Valentín rendimos tributo a quienes han encontrado a su media naranja trabajando unidos por la superación de la pobreza. Son hombres y mujeres que en el trajín del día a día, se dieron cuenta que ese otro u otra que buscaban, estaba a pocos metros. ¿Destino o casualidad? Juzgue usted.

Por María Luisa Galán

A veces el amor está más cerca de lo que se cree. No está en ninguna app de citas o redes sociales, sino a tu lado, acompañándote en tu día laboral, en algún proyecto solicitado por los jefes. Por ejemplo, la primera vez que la abogada Carmen Gloria Arroyo vio al trasandino Bernardo Borgeat fue el 2012, en la cena anual que organizaba Hogar de Cristo y que hoy se conoce como “Noche Solidaria” y es transmitida vía streaming.  “Él es mi pareja, mi compañero de vida. Quiero morirme al lado de él, quiero estar con él el resto de mi vida”, dijo ella en un programa de televisión.

Carmen Gloria no lo conocía. Según contó a Martín Cárcamo, no se acordaba que él había participado como modelo en el programa Venga Conmigo. “No me era conocido. Y más terrible es que Bernardo era súper conocido porque había salido del reality. Y la productora del evento me decía: ‘Cómo no lo vai a cachar’. Cuando dijo: modelo, reality… ya, ninguna posibilidad. Lo veía súper guapo y dije no me va a pescar ni en bajada”, rememoró Carmen Gloria. Y él, en tanto: “Me llamó la atención pero la encontré súper distante, ‘la jueza’”, contó mientras se echaba para atrás, con expresión de desdén. Hoy viven juntos.

Y así fue como Carmen Gloria y Bernardo, y muchas otras parejas han encontrado el amor trabajando en la fundación. Es el caso de Aracelly, Úrsula y Mauricio, quienes cuentan sus historias en primera persona.

“UN SENTIDO Y UN NORTE EN COMÚN”

Con Rodrigo nos conocimos el 2008 para las Olimpiadas de Discapacidad, que hoy se llama Torneo Deportivo. Si mal no recuerdo, era mayo, y mi jefa de ese entonces me pidió que la acompañara a una reunión para organizar esta actividad que se iba a hacer en diciembre. Fuimos a la casa matriz de Rostros Nuevos, que estaba en calle Samuel Escobar, en Recoleta. Y ahí lo conocí, porque él trabajaba en el programa Salud Mental Calle de Estación Central y yo en el Programa de Apoyo Familiar (PAFAM) de Recoleta, ambos del Hogar de Cristo. Pero no conversamos.

Fijaron reuniones mensuales, quincenales y luego todas las semanas. Así que ahí nos veíamos. Además, fue un coach a hacernos terapia a todos los trabajadores que habíamos tenido situaciones complejas con los participantes de los programas. Rodrigo fue por el suyo y yo por el mío. Estuvimos un mes, todos los jueves, y ahí nos empezamos a acercar y a conocer. Íbamos juntos a tomar la micro y pasábamos a comprar unos cambuchos de papas fritas.

Hablábamos por Messenger. No tenía computador en mi casa y él tenía un modem. Así que nos poníamos de acuerdo en un horario, yo iba a un cyber y nos contectábamos. Me daban mariposas en la guata mientras esperaba que se conectara. Así pasó mucho tiempo y nuestra amistad crecía. Pasaron las Olimpiadas, Pascua, Año Nuevo y llegó el 3 de enero del 2009. Tenía una compañera y amiga, psicóloga del programa, que bailaba danza árabe. Nos invitó a su presentación en el Cerro San Cristóbal, así que caminamos hasta casi la punta del cerro. Ese día pinchamos, fue especial porque además era su cumpleaños.

Nadie se pidió pololeo. Él le puso nombre, me empezó a presentar como su polola. Pololeamos como cinco años, nos casamos el 2013. No fue fácil casarnos. Yo estudiaba orientación familiar en la República y él, ingeniera en informática en el AIEP de Providencia, no calzábamos para vernos. Nos juntábamos en las combinaciones del Metro. Cuando teníamos actividades de la fundación nos veíamos a veces. Pero la convivencia fue fácil. Me pidió matrimonio en un restaurant de Valdivia. Me dijo: “Aracely, quiero casarme contigo”. Le contesté que bueno, pero pensé que era en tres años más, pero él quería pronto. Era febrero y nos casamos en mayo de ese año.

Somos muy distintos. A él le gusta el punk rock y a mi Arjona, él es agnóstico y yo católica, somos distintos pero hemos encontrado un sentido y un norte en común con sentido de familia. Tiene tatuajes, aros.  Rodrigo es muy resiliente, desde joven, y eso me llamó mucho la atención. Su temple, su propuesta de desafío. Es mucho más arriesgado que yo, no se complica. Desde siempre me mostró que podía sentirme segura con él, que a pesar de los desafíos, podía contar con él. Y así ha sido hasta hoy.

A él le gustó mi carisma, que soy buena para conversar, que tengo hartas historias, que donde voy hago amistad, que acompaño los desafíos. Siempre me dice cosas bonitas. Dios quiera que nos acompañemos siempre.

Aracely Galliani es técnico Social del PAFAM Conchalí. Rodrigo, su marido, trabajó como técnico en rehabilitación del Programa Salud Calle del Hogar de Cristo.

 

¿POR QUÉ TE DEMORASTE TANTO?

Con Alejandro nos conocemos desde los 15 años, fue en el regimiento y cuando nos presentaron lo encontré atractivo y me encantó su sonrisa. Él quedó flechado conmigo. Nos fuimos conociendo y comenzó una linda amistad que traspasó años. Durante ese tiempo yo sabía que le gustaba, visitaba la casa de mis padres y ellos siempre lo adoraron.  Yo lo quería pero no de la misma manera. En ese momento era mi gran amigo, el que estaba ahí siempre y en las vueltas de la vida, llegó a trabajar a mi querida Fundación Paréntesis, donde yo era secretaria.

Nos veíamos todos los días y nos íbamos juntos a la salida del trabajo, caminando, o con mi papá cuando me pasaba a buscar y después en bicicleta. Conversábamos mucho y yo sabía que su sentimiento hacia mí seguía estando ahí. Un día de septiembre 2017, como muchos otros días, salimos del trabajo y nos fuimos caminando. Le conté algunas cosas delicadas que me estaban pasando. Recuerdo que no pasó a mi departamento, se fue y después lo veía en la Fundación pero estaba distinto, sentía que se alejaba. Ya no nos íbamos juntos, no iba a saludarme y no buscaba una excusa para ir a conversar. Fue ahí cuando dije ¿qué me pasa? ¿Por qué siento que lo necesito? ¿Por qué lo extraño tanto? ¿Por qué ahora me pongo nerviosa al verlo? Y esperaba para verlo cruzar por el patio de la Fundación o el pasillo. Comencé a extrañar lo tierno, lo preocupado, sus palabras de cariño, esos detalles que siempre tenía conmigo, su abrazo diario. Ahora era yo quien miraba por la ventana para poder verlo.

Pasaron como dos semanas, celebrábamos fiestas patrias y me dice que nos vayamos juntos. Llegamos a mi  departamento, estaba Gonzalo, uno de mis hijos, que fue uno de los tantos que por años me insistió que pololeara con él. Ese día conversamos y le dije lo que me pasaba y comenzaba a sentir por él. Recuerdo que me dijo: ¿me darás una oportunidad? Y yo le dije no, ¡nos daremos una oportunidad juntos!

Desde ese día no paró con sus detalles, me envió un arreglo floral gigante, el que llegó a la hora de almuerzo y lo recibí mientras mis compañeros decían: ‘Tiene que estar muy enamorado para enviar tremendo arreglo’. Yo sabía que era de él, pero no lo dije, cuando lean esto se enterarán. Seguían llegando flores, salíamos bastante y siempre con esa delicadeza de protegerme, cuidarme, que nada me dañara. Hasta que un día desperté y me dije, te enamoraste del Ale, Úrsula, te enamoraste. Y dejé que fluyera. Le dije: “Te amo, lograste después de 30 años que te amara ¿por qué te demoraste tanto?”.  Y me dice. “Fresca, tú eras siempre la que dijo que no”.

Úrsula Garrido es secretaria del Hogar de Cristo. Alejandro trabajó en mantención en las instalaciones de los programas de tratamiento residencial de alcohol y de otras drogas de la fundación.

 

“ME GUSTA SU TEMPLANZA”

Con Evelyn nos conocimos trabajando como digitadores en el área de control de ingresos del Hogar de Cristo, en Estación Central. Éramos y somos distintos en muchos aspectos, entonces no conversábamos. Después nos enviaron a los dos a trabajar en las instalaciones de la fundación ubicadas en Independencia. Y ahí nos empezamos a conocer más. Para las campañas, cuando se hacían fichas manuales en el call center, nosotros teníamos que digitalizarlas.

Ella dio el primer paso. Según cuenta, yo le gustaba de antes, me encontraba interesante. Pero yo siempre he sido callado, entonces no encontraba tema. Fue ella la que empezó a hablarme, a conversar sobre el trabajo. Y en los tiempos muertos, en la colación, empezamos a hablar de cosas más personales y conocernos un poco más. Esto fue por el 2015.

Empezamos a ser amigos. Era muy atenta, simpática y de a poco me empezó a llamar la atención. Como dije, somos muy distintos. Ella es evangélica, más tranquila y soy cinco años menor. Nunca me complicó la diferencia de edad, sino los distintos pensamientos: el mío es más liberal y el de ella, más recatado. Yo estaba en otras cosas, tenía otros planes como tocar en mi banda y estaba en un ambiente más bohemio. Pero con sus detalles me empezó a llamar la atención. En el verano del 2016 me empecé a dar cuenta que la necesitaba cuando no estaba. Ahí entendí que me estaba conquistando.

Después de harto rato de estar saliendo, le pedí pololeo para el día de mi cumpleaños: el 7 de junio. Actualmente vivimos juntos, con el hijo de ella y la nuestra, que tiene tres años.

Para el futuro tenemos hartos proyectos. Evelyn es súper emprendedora, motivada, siempre está buscando un proyecto para poder hacer. Tiene un emprendimiento de contabilidad y me motivó, y decidimos hacer uno de impresiones 3D, así que estamos estrujando nuestra experiencia y conocimiento para poder abocarnos a él.

Lo que más me gusta de ella es su templanza para asumir momentos difíciles, poder salir adelante ante la adversidad. Y cuando la cosa se pone mala, se comparta bien y sale adelante. Y a ella, le gusta que soy detallista y romántico.

Mauricio Vega es diseñador gráfico en el área de comunicaciones internas del Hogar de Cristo. Evelyn sigue en la fundación y trabaja como asistente de contabilidad.

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