Callcenter: 600 570 8000Hogar de Cristo 3812, Est. Central, Santiago
Donar

Mirna Palma no se achica ante nadie

Mirna Palma no se achica ante nadie Tiene 81 años, nunca fue a la escuela y sacó adelante sola a sus cuatro hijos, en medio de la pobreza y la violencia. Hoy, sigue vendiendo en la feria, cuidando a los suyos, enfrentando la vida con una entereza que contagia y apoyándose en sus amigas del servicio domiciliario del Hogar de Cristo en San Bernardo. En la campaña #TeQuieroVer! del Hogar de Cristo, compartirá su historia con Iván Zamorano, el goleador de la selección chilena que también sabe de luchas y perseverancia.
Por Ximena Torres Cautivo
Octubre 26, 2026

Mirna Palma no se achica ante nadie. Quizás sea la libertad que le dan sus 81 años. O su naturaleza. Conversa de tú a tú con quien le pongan por delante. Así lo hizo el año pasado, cuando le pedimos que diera su testimonio frente a los candidatos a la presidencia. Ahí estaban Jeannette Jara, Johannes Kaiser, José Antonio Kast, Evelyn Matthei y Harold Mayne-Nicholls, en un evento donde el Hogar de Cristo presentó 20 propuestas de política social.

Una de esas propuestas tenía que ver con ella, las personas mayores en pobreza y vulnerabilidad. Y Mirna, sin remilgos ni vergüenzas, contó su historia.

Mirna Palma conversa relajadamente con el capellán general del Hogar de Cristo, José Francisco Yuraszeck, mientra Evelyn Matthei, entonces candidata presidencial la escucha con atención.

Ahora está expectante por conocer a BamBam Zamorano, con quien hará pareja en uno de los microdocumentales que son parte de la campaña #TeQuieroVer! Aunque, conociéndola, en una de esas ya se ha topado con “el capitán eterno” de la selección de los 90. Habrá que ver el encuentro.

Por ahora, anticipamos aquí parte de su impresionante historia:

-Yo quiero agradecerle al Hogar de Cristo porque hace más de 40 años me dieron una mediagua al fiado. Yo recién había llegado de Valdivia a San Bernardo. Tenía cuatro críos y estaba sola. Así es que me dieron la mediagua para que la pagara en cuotas mensuales. Me había conseguido el sitio, me pasaron la mediagua, la puse en él, pero no tenía trabajo.

Mirna no encontraba trabajo, “porque se me hacía imposible leer los letreros con ofertas de pega. Eso todavía es imposible para mí, porque yo no fui a la escuela nunca. No sé leer ni escribir. Así es todo me costó mucho. Me fue muy difícil. Pasé mucha hambre, muchas apreturas. Ya dije: detrás de mí había cuatro niños que hoy son adultos”.

Uno de ellos ha sido su cruz permanente. Tiene consumo problemático de alcohol y se la pasa intentando sacarlo adelante.

Mirna aún vive en la mediagua que le fió el Hogar de Cristo hace más de cuatro décadas.

FUERTE, ALEGRE, POSITIVA

Está sola, pese a que es abuela, bisabuela y tatarabuela.

Su compañía más regular es la de las monitoras del programa de atención domiciliaria que tiene el Hogar de Cristo en San Bernardo. Ellas llegan un par de veces a la semana a saber cómo está. “Me traen una caja con arroz, papas, fideos. Bolsas de pañales. Y me ayudan a sacar hora en el consultorio, me acompañan a las horas médicas. Esa es una gran ayuda. Porque la pensión no alcanza”.

En su mediagua fiada por el Hogar de Cristo hace 40 años, como dice ella, Mirna conversa con la trabajadora social Claudia Escobar, quien, junto a su equipo, la apoyan y la cuidan. AGENCIA BLACKOUT

Mirna Palma encarna una de las medidas de política pública propuestas por el Hogar de Cristo en el encuentro con los presidenciales: los dispositivos de apoyo domiciliario a adultos mayores con discapacidad moderada y severa y a sus cuidadores, que se entroncan con el famoso Sistema Nacional de Cuidados. Y también representa el servicio de apoyo domiciliario para personas mayores que ha desarrollado el Hogar de Cristo en todo Chile. En muchos casos como el suyo, donde hombres y mujeres son analfabetos, están solos o deben cuidar a otra personas mayores, el vincularlos con las redes municipales regionales, del gobierno central, con empresas, el visitarlas y acompañarlas, representa un avance sustantivo en su calidad de vida.

La trabajadora social Claudia Escobar, quien ha estado largos años a cargo del PADAM en San Bernardo, nos había advertido que Mirna es así: fuerte, alegre y que su actitud positiva contagia incluso al equipo que la visita cada semana. Claudia ha sido una de las confidentes que conoce en detalle la vida de esta mujer que, hace varias décadas, decidió escapar con lo puesto de una historia de violencia y abusos. “Lo peor no fue escapar, sino sobrevivir con mis cuatro hijos, pasamos mucha hambre”, le contó Mirna una vez a Claudia, recordando esos días difíciles que enfrentó con una entereza admirable.

EN COMPAÑÍA DE PITUFINA

El consumo de alcohol de uno de sus hijos la atormenta. Vive con la angustia permanente de verlo llegar golpeado, herido y perdido. Pero ella nunca le cierra la puerta. Lo recibe, lo abraza, cura sus heridas y le prepara algo para comer.

–Cuando la visitamos, la abrazamos mucho, conversamos largo rato con ella, tomamos té. Revisamos cómo está, qué necesita, le llevamos comida, nos preocupamos por su salud, vemos si requiere remedios o hacer algún trámite. Queremos que siempre se sienta protegida y escuchada. A veces solo quiere hablarnos de las flores que plantó, otras necesita desahogarse cuando algo anda mal con su hijo– relata Claudia.

Junto a la fiel Pitufina, Mirna Palma insiste en seguir vendiendo productos de plástico en la feria de San Bernardo. AGENCIA BLACKOUT

Afirma que para apoyar a personas mayores como Mirna se necesita “más apoyo y socios comprometidos, porque historias como la suya nos muestran que la pobreza golpea mucho más fuerte cuando se vive en soledad. Ella ha enfrentado violencia, cuida a un hijo con adicción y ahora vive los primeros síntomas de demencia. Aun así, tiene una vida activa gracias a que recibe acompañamiento en su propia casa. Esa es la misión central de nuestro quehacer: proteger la dignidad de adultos mayores vulnerables como ella, que merecen envejecer acompañados, con afecto y contención”, enfatiza Claudia.

Mirna, pese a todo y como siempre, no se amilana. Insiste en seguir vendiendo artículos de casa de plástico en la feria. Pitufina, su mascota, la acompaña, siempre fiel y atenta. Ella saluda a sus vecinos como cada día, con una sonrisa que nada parece borrar. No importa cuántos desafíos deba enfrentar todavía. La fortaleza con que sigue adelante es contagiosa, y es precisamente ese impulso vital el que Hogar de Cristo quiere resguardar y proteger en miles de personas mayores como ella.