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Maritza Soto: “La mayoría de nuestros niños quiere volver al jardín”

Desde el primer día de cuarentena, el equipo del jardín infantil y sala cuna “Camino al Sol” de Hogar de Cristo, se vio obligado a reinventarse y generar nuevos recursos pedagógicos: cápsulas educativas, clases online, talleres, entrega de alimentos. Pero, como señala su directora, nada reemplaza el contacto con otros niños y la educación inicial profesional, más cuando se vive en ambientes hacinados, estresados y llenos de carencias.

Por Matías Concha

La voz de Maritza Soto (49), educadora de párvulos, llena la vida de 150 niños en el jardín infantil y sala cuna “Camino al Sol” de Hogar de Cristo, en Alto Hospicio. Su carácter doblega el ánimo de la ciudad nortina, acostumbrada a la infinitud de la pampa: entre el bienestar y la miseria, entre Iquique, una de las ciudades más prósperas de Chile, conocida como la tierra de campeones, con la pobreza de Alto Hospicio, construida mediante tomas de terreno, sin sistema de alcantarillado, sin agua potable, al lado de un árido desierto. “Esta no es una comuna segura, hay lugares donde no puedes entrar ni de día ni de noche. Pero las tías se han ganado un lugar en Alto Hospicio, son ellas las que cuidan a los niños más pobres de la comuna. Por eso, ellas jamás se sacan el uniforme del jardín, eso es algo que la gente respeta y ayuda a evitar problemas”, revela la educadora.

El cierre de escuelas y jardines infantiles en Tarapacá ha impactado en las comunidades educativas. En la discusión sobre las dificultades y oportunidades que ofrece este sistema, la educación parvularia ha estado invisibilizada, especialmente en el trabajo con los más pequeños. “Los riesgos de que los niños pasen la primera infancia aislados, tienen que ver con las relaciones  y las condiciones de vida que hay al interior del hogar. Es muy distinto pasar la cuarentena en un hogar con vínculos sanos a pasarlo en un lugar donde existen vínculos tensionados, carencias, marginalidad”.

Maritza es la jefa del jardín infantil  y sala cuna “Camino al Sol” que acoge a 150 niñas y niños, en su mayoría extranjeros, provenientes de Bolivia, Venezuela y Colombia.  Ella explica que debido a tantos meses de cuarentena, muchos evidencian un rezago importante en vocabulario, desarrollo general y socioemocional. “Los niños aprenden de otros niños. Para ellos vincularse con sus pares favorece aspectos cognitivos y emocionales que son claves. Eso cambió por una realidad con padres sobrecargados que tienen que cumplir muchos roles en pandemia”.

-¿Cómo pilló la pandemia al jardín?

-La verdad es que no estábamos preparadas para hacer un trabajo remoto, fue algo que tuvimos que aprender rápidamente. Eso nos hizo replantearnos toda nuestra labor, comenzamos grabando cápsulas educativas, clases online, talleres, pero después nos dimos cuenta de que estábamos sobrecargando de contenidos a los papás.

-¿En qué sentido?

-Hoy el educador principal de los niños es algún integrante de la familia, que puede ser una tía, la mamá, la abuela o la hermana mayor. Ellos, además de cuidar a sus hijos, tienen que preocuparse de sobrevivir a la pandemia, sin comida, sin pega, sin plata para el arriendo. Por eso, si antes mandábamos cinco experiencias educativas al día, ahora les mandamos dos.

Maritza explica que si bien lo ideal es que los niños estén al cuidado de profesionales a cargo de su enseñanza, en medio de esta emergencia, su bienestar depende en gran medida del bienestar de su entorno. “Si los padres se sienten bien, es muy probable que sus hijos también se sientan bien”. Y agrega: “Hoy nuestro trabajo es entregar un soporte emocional importante, no sólo a los niños, también a las mamás, a los cuidadores, nosotras ahí cumplimos un rol súper importante”.

-¿Cómo han apoyado a las familias?

-Las educadoras han sido súper comprometidas, se han pasado la pandemia recorriendo Alto Hospicio. Les entregan alimentos a las familias, les van a dejar materiales educativos, conversan con los papás, hacen cursos de habilidades parentales, ayudan con los trámites de los niños… Lo que también ha significado estrés para el equipo, porque, como ya dije, Alto Hospicio es una comuna complicada.

-¿Qué desafíos enfrentan?                                                                             

-La mayoría de las familias no tiene internet, entonces hay que llamarlas por teléfono o ir a verlos a sus casas. No es tan fácil como suena. Cada familia es súper distinta, viven en tomas o lugares que quedan aún más a la periferia, donde hay que llegar con mucho cuidado, siempre con el uniforme que indica que vienes a ver o cuidar a sus niños.

De la población de lactantes y niños, de entre 0 y 4 años, con pobreza por ingreso y multidimensional, que debería asistir a salas cuna y jardines infantiles, un 66% no lo hacía en la etapa pre pandemia. Son casi 62 mil niños en todo el país los que no están recibiendo educación inicial en Chile. Una realidad que, sin duda, ha empeorado en pandemia. “Hoy los niños están mucho más inquietos, más nerviosos, imagínate lo difícil que debe ser para ellos crecer en un ambiente hacinado, con carencias o sin patio, encerrado 24×7 en su casa. Por eso, la mayoría quiere volver al jardín, para ellos el salir y sociabilizar en el jardín son válvulas de escape que ahora estos niños no están teniendo”, finaliza.

 

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