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Elizabeth Sohmer, voluntaria estadounidense:“Sola no voy a cambiar la pobreza; no soy una heroína”

Tiene 23 años y ha trabajado en Guatemala, donde la pobreza supera el 60 por ciento y en distintos programas sociales en Estados Unidos, su país, el que posee aún más de medio millón de personas en situación de calle. Ahora se dedica a los más pobres en la comuna de Estación Central  de Santiago de Chile.

Por Mauricio Bascuñán

Hace poco más de un año, aterrizó en la parroquia Santa Cruz de Estación Central, para colaborar en “la ruta de la cuchara” y, por las mañanas, en el programa de acogida para personas en situación de calle de Hogar de Cristo. Se declara “completamente feliz” de participar como voluntaria en un país que no es el suyo. Está segura que su experiencia en algún momento servirá para ayudar a los demás en Nueva Yersey, su estado natal.

Elizabeth Sohmer, conocida en Chile como “Liz”, en 2014, vivió su primera experiencia en el país. En esa oportunidad participó en un programa de intercambio entre la Universidad Alberto Hurtado y la Saint Joseph’s University, también jesuita. “En ese paso por Chile, los cursos de cultura de Latinoamérica, filosofía y pobreza y desarrollo, fueron claves en mi formación. En esa época hablaba muy poco español”, confiesa, ya egresada de sus estudios de pregrado en liderazgo, ética y sostenibilidad organizacional, algo muy parecido a lo que en Chile es la carrera de Ingeniería Comercial.

“El voluntariado en el que participo ahora es parte de lo que se llama Cuerpo de Voluntarios Jesuitas para Laicos que trabajan en diversos países del mundo. Uno no elige la ciudad y son dos años de servicio. Es un proceso largo de entrevistas, lecturas y trabajo en terreno previo a viajar”, cuenta en  el patio de la parroquia donde vive junto a otros tres estadounidenses que colaboran en colegios, juntas de vecinos y otras causas de la Compañía de Jesús en Santiago.

-¿Cómo evalúas tus conocimientos de español y las amistades chilenas?

-Mi acento es totalmente chileno, ¿cachai? Estoy integrada en este país. Me asusta un poco porque se me acaba el tiempo aquí y tengo muchos amigos, chilenos y extranjeros, tanto de esta etapa como de la primera vez. En 2014, viví con una familia chilena y aún mantengo lazos muy estrechos.

Asegura que le encanta cómo funciona la vida social en Chile, donde a su juicio, se valora el tiempo con los amigos y la familia. “¡Soy muy buena para hacer amigos!”.

-¿Qué gatilló tu regreso a Chile?

-Es una mezcla de muchas cosas. No fue una decisión de un día para otro. Lo pensé mucho. En la época del colegio aprendí sobre lo social y el servicio. La caridad es importante, pero siempre debemos tener en el horizonte la justicia social.

La joven estadounidense recuerda qué gatilló su venida al país en 2017: “Estuve una semana en Guatemala, pero pese a que mi experiencia allí fue importante, me di cuenta que en tan poco tiempo no se puede aportar. Al volver de esa experiencia, regresé a Estado Unidos y participé en un comedor solidario e hice cursos de servicio. En esa etapa fue cuando realmente decidí vivir una experiencia formativa de más de una semana, algo de largo plazo”.

-¿Todos los jóvenes deberían hacer un voluntariado o algo relacionado con lo social?

-Sí, aunque no todos tienen el tiempo. Es muy recomendable hacer un servicio, aunque sea por poco tiempo. En mi país muchos se quedan en una burbuja y no saben lo que realmente pasa, ¡y en Chile también! Debemos conocer personas que tengan otras experiencias de vida, hay que darse el tiempo, no quedarse solo con lo que uno pueda aprender en el colegio o en la universidad.

-¿Me imagino que muchas veces te dijeron por qué no ayudabas mejor a personas en situación de pobreza en el mismo Estados Unidos?

-Sí, muchas veces me han dicho: ¿Para qué vas a Chile?. En mi país muchas veces trabajé con personas en situación de calle y me imagino que pronto volveré a estar con ellos. Lo que tengo claro es que yo sola no voy a cambiar la pobreza, no soy una heroína. Uno de los objetivos de mi viaje es conocer otras experiencias sobre cómo combatir la pobreza y aprender de otras culturas… Eso va a sumando a mi historia. A muchos les respondí que lo que aprenda en Chile, lo entregaré en algún minuto en Estados Unidos para contribuir a solucionar la pobreza. Haré un pequeño cambio.

-¿Qué haces en Hogar de Cristo como voluntaria?

Cosas muy simples. Por las mañanas hago el pan y alivio el trabajo de los que trabajan en el programa de acogida para personas en situación de calle. Siempre se necesitan voluntarios para cooperar. Es un trabajo simple pero que ayuda a que el programa funcione mejor. Ellos valoran mucho que yo siempre esté allí, todas las mañanas, porque se genera un vínculo que luego sirve para que los participantes se atrevan a dejar las drogas o el alcohol, por ejemplo. Aquí aprendí que si se los recibe con una sonrisa, se los puede ayudar con todo el día que tendrán después, muchas veces duro y sacrificado. Saludarlos por su nombre, preguntarles por la familia y los amigos tiene mucho más poder del que pensamos.

-¿Qué dice tu familia en Estados Unidos?

-Además de mis padres, tengo dos hermanos y una hermana. Uno de ellos viene en julio y espero que conozca lo que estoy haciendo. Mi mamá vino en febrero, le encantó y aprovechó de conocer el sur de Chile. Recibió harta información y visitó varios programas del Hogar de Cristo. Mi familia está muy orgullosa, aunque por otro lado soy la oveja negra de la familia. Ellos no trabajan en el área social, pero siempre han sido muy respetuosos de mis decisiones. Me costó decirles que tenía ganas de estar en otros países. La fe en Dios ha nacido principalmente de las experiencias que he vivido.

-¿Qué le llamó a tu mamá la atención de Chile y del barrio en que vives?

Quedó sin palabras y bastante asustada cuando supo que a través de fuegos artificiales se anuncia la llegada de la droga. También se sorprendió por algunos balazos que sintió en el sector cuando pelean bandas de narcotraficantes. Pero ella sabe que por las calles yo ando siempre con cuidado.

-¿Hay mucha violencia y narcotráfico en Chile?

-Sí, encuentro que es mucho, especialmente cuando escucho testimonio de los niños que hablan de droga o balas.

 

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