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La despedida de un Voluntario sin fronteras

Hace unos días despedimos a un gran amigo del Hogar de Cristo. Con mucha emoción y entre cantos y muestras de agradecimiento, le dijimos adiós a Álex González Noriel, de quien aprendimos que la solidaridad no conoce límites.

La vida de Alex comenzó en Chile pero se desarrolló en Melbourne, Australia. La distancia física que mantuvo con su país no le impidió realizar acciones solidarias para la Fundación, ya que hasta su sorpresivo deceso, producto de un accidente vascular, fue un miembro activo del grupo de voluntarios “Amigos del Hogar de Cristo” en Melbourne, que reúne recursos en el extranjero para destinarlos al trabajo por la superación de la pobreza.

Una vez al año, los “Amigos del Hogar de Cristo” viajan a Chile con el fin de visitar la Fundación. Pero esta vez, los voluntarios del Hogar en Australia invitaron a uno de nuestros trabajadores a Melbourne para acompañarlos en la “Fonda de la Camioneta Verde”. Así se conocieron Alex y Andrea Acuña, enfermera jefe de la Sala de Enfermos Padre Hurtado del Hogar de Cristo.

Muy emocionada, Andrea nos cuenta:

“Tuve la suerte de ir a conocer a los voluntarios del Hogar en Australia, y estuve con ellos tres semanas. Alex fue voluntario del Hogar durante 10 años y llevaba a Chile en su corazón. De hecho cuando estuve allá en septiembre, estaba orgullosísimo porque le había comprado su primer traje de huasa a su hija, incluso decía: “ahora me toca enseñarle a bailar cueca…”. Álex era un de esas personas que conoces y te preguntas por qué no hay más como él para que ayuden al Hogar de Cristo”.

Andrea recuerda una conversación bastante profunda que sostuvieron hace poco. “Comenzó a preguntarme sobre los pacientes que permanecen en estado vegetativo, yo le conté que la mayoría de los pacientes que terminan en  ese estado, se debe principalmente a que tuvieron un accidente vascular. Le comenté que muchos médicos declaran muerto al paciente casi al  momento que les da el accidente vascular… pero no en el Hogar de Cristo, aquí estamos con ellos hasta el final, porque aún son seres humanos con vida. Álex se emocionó mucho cuando le conté todo esto y me dijo: “yo no sabía que la sala Padre Hurtado hacía eso, ahora voy a luchar con más fuerza por ustedes”. Cuando supe que Álex acababa de fallecer producto de un accidente vascular no lo podía creer… ¡Cuántas lecciones nos dejó su vida!”.

El Hogar de Cristo acaba de despedir a un voluntario sin fronteras, pero el testimonio de quienes lo conocieron nos ayudó a comprender que una persona puede encender el espíritu solidario de otra desde un lugar lejano, porque la solidaridad no distingue países ni menos banderas.

¡Con todo nuestro corazón, te decimos gracias por tu cariñosa entrega querido Álex!

 

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