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La nueva fuerza del voluntariado

La indiferencia y falta de empatía de quienes sólo ven fantasmas entre los más pobres y excluidos, incentivó a dos jóvenes universitarios a comprometerse de corazón con el Voluntariado de las Fundaciones Hogar de Cristo.

Durante las últimas semanas la mayoría de los chilenos ha visto a muchos jóvenes manifestando su derecho a recibir una educación digna y de calidad. Entre sus estudios, exámenes y trabajos grupales, hay un grupo que además de cumplir como estudiante, dedica parte importante de su tiempo a compartir emociones y experiencias con quienes más lo necesitan.

“No confiaba mucho en Hogar de Cristo”

Elizabeth Candia Maldonado tiene 21 años, actualmente cursa el segundo año de Sicología y es voluntaria de la ruta de atención nocturna en calle de nuestra Fundación. Su primer voluntariado fue en la corporación Granhitos, que se dedica a ayudar a niños enfermos que se encuentran hospitalizados. “Siempre tuve la inquietud y la preocupación por la gente que veía en las calles, en donde todo el mundo era indiferente y nadie hace nada, así es que decidí llamar y me dijeron que enviara un mail para ver la posibilidad de ser voluntario. Pensé que se demorarían en contestar, pero al contrario, me citaron de inmediato a una reunión y así comencé mi voluntariado en diciembre del 2014”, comenta Elizabeth. Confiesa que tenía bastantes reparos y prejuicios en torno al Hogar, ya que había recibido comentarios acerca de que la comida y la ayuda para las personas que viven en calle no llegaba en su totalidad a los beneficiarios sino que se repartía entre los mismos voluntarios.

“Por este motivo me animé a venir para comprobar si era verdad. Afortunadamente me encontré con una realidad totalmente distinta y me quedó claro que éste era el lugar donde debía estar”.

El día a día de esta voluntaria se divide entre sus actividades universitarias, su familia y la ruta calle que realiza todos los jueves en las zonas de Santiago, Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda y La Bandera. “La primera ruta que realicé me dejó impactada al ver cómo nosotros pasamos por el lado de las personas en situación de calle y no las vemos, son sólo fantasmas para la mayoría de los chilenos”.

Con el paso del tiempo y aun siendo una de las más jóvenes ha quedado encargada de la Ruta, motivando y organizando a sus compañeros. “Esta responsabilidad me hace venir todos los jueves, y solamente he faltado en caso extremo. Siempre me motiva venir y no solamente para entregar un pancito, un té o sopa caliente, ya que uno genera lazos importantes de cariño, porque ellos relatan sus historias y les gusta que los tomen en cuenta y los escuchen. Nosotros siempre tratamos de aconsejar para que dejen o reduzcan el consumo o invitarlos a pasar la noche en nuestras hospederías”.

Por Adolfo Ahumada,

Periodista.

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