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Una experiencia Transformadora

Jorge y Juan Claudio pertenecen a la gran familia del Hogar de Cristo, el primero es el capellán de programas sociales de la Región Metropolitana y el segundo es el encargado de Promoción de la Cultura Solidaria Sede Biobío. Ambos comparten en forma especial el interés por el trabajo social, la Compañía de Jesús y su gran amor por San Alberto Hurtado, quien ha marcado profundamente sus vidas.

Por Verónica Vidal.

El padre Jorge Díaz es sacerdote jesuita hace más de veinte años. Se inició como voluntario en la hospedería de hombres del Hogar de Cristo, cuando era estudiante de Auditoría de la Universidad de Chile y, sin imaginarlo, poco a poco se fue cautivando con el trabajo social y la vida del padre Hurtado.

“Comencé a ser voluntario en el Hogar de Cristo en 1987, tenía 22 años. Me enteré por el diario que existía un voluntariado en el Hogar de Cristo. Generalmente los voluntariados que conocía eran de puras señoras (estaban las damas de verde, las rojas, las rosadas, de todos colores). Llamé por teléfono al Hogar para confirmar, me dijeron que eran voluntariados mixtos y caí en la hospedería de hombres. Me tocó colaborar un día y me fue gustando, luego ya no era un día, eran dos y así, sin darme cuenta, comencé a involucrarme cada vez más y me fue agarrando del corazón. Tengo grabados a fuego nombres, rostros de personas del Hogar, de la hospedería, gente de la calle. Cada vez que recuerdo, estoy más seguro de que mi vocación se la debo a ellos”.

A medida que transcurría su voluntariado, formó parte de un grupo de amigos voluntarios, los que compartían todo: fiestas, amor por el servicio, estudios, sueños de futuro y proyectos. Uno de estos proyectos fue la investigación sobre la atención en otras hospederías de Santiago, con el objetivo de mejorar el funcionamiento en el Hogar de Cristo. “Con este grupo de amigos nos quedábamos a dormir en distintas hospederías, para ver cómo era la atención y la comparábamos con la nuestra. Era una forma de aprender, tomar ideas y poder incidir en el servicio que posteriormente dábamos a la gente de la calle. Queríamos vivir la realidad de los acogidos”.

DESCUBRIENDO SU VOCACIÓN SACERDOTAL

Con el tiempo se fue haciendo cargo del voluntariado, eso lo unió más a la vida del padre Hurtado y al Hogar de Cristo. Los indicios de su vocación fueron naciendo del modelo de personas ligadas a la vida religiosa. El sacerdote jesuita Josse Van der Rest, fue una persona muy importante en la gestación de su vocación. “La imagen de Josse me encantaba, era un cura jugado, tremendamente sensible, defensor, que ante una situación de indignidad o de injusticia era evidente que le tocaba el corazón. Lo vi llorar muchas veces de impotencia ante la realidad que vivíamos en la cárcel; ante una situación inhumana que encontrábamos en la calle. Esa pasión que él manifestaba, a mí me enamoró y gracias a Josse fui ahondando en el conocimiento de la vida del padre Hurtado”.

Todo esto empezó a desordenar sus proyectos personales. “Yo hasta ese momento tenía muy claro lo que quería hacer con mi vida: tenía una carrera, la cual me daría plata para vivir tranquilo; quería casarme, una vida normal; pero el Hogar de Cristo y la vida del padre Hurtado me removieron todo. Tuve que replantearme todas mis prioridades, replantear mi vida. Me di cuenta que estaba sintiendo un llamado súper fuerte a darme por completo a la gente más sencilla. Mi consigna a partir de ese momento fue “yo quiero hacer lo que Dios quiera hacer conmigo”.

Cuatro años de voluntariado transcurrieron para que el padre Jorge decidiera ingresar a la Compañía de Jesús. Dejó su trabajo de contador auditor, su antigua vida y el 28 de abril de 1991 ingresó a la Compañía de Jesús. Tras diez años en el Seminario, se ordenó como sacerdote y fue asignado a Arica como párroco. Después de 25 años regresó a trabajar al Hogar de Cristo, ahora como sacerdote de la Compañía de Jesús. “Ha sido muy potente volver al Hogar porque me he encontrado con trabajadores y acogidos de aquel tiempo, y reencontrarse con esas personas, con esos recuerdos, es algo precioso”.

VOCACIÓN DE SERVICIO

Juan Claudio Acuña lleva vinculado al Hogar de Cristo más de 21 años, los que, según nos comenta, han sido valiosos e importantes en su desarrollo personal y profesional. “Estaba terminando el primero de mis siete años de formación sacerdotal en el Seminario Metropolitano de Concepción”, cuando en febrero de 1996 le dieron la oportunidad de hacer un reemplazo, en la Casa de Acogida de niños. Fueron sus primeros contactos con la realidad de la pobreza dura, con niños en riesgo social, que encontraban en el Hogar una oportunidad para ver la vida de un modo diferente, más amable y con espacios para recibir no sólo enseñanzas sino por sobre todo afecto y reconocimiento.

Después de ese reemplazo se hizo voluntario del Hogar de Cristo. “Me sentía muy bien ayudando, descubrí un lugar donde podía entregar lo que tenía: tiempo y afectos. Después de la experiencia de trabajo, me encanté con el Hogar de Cristo, con su misión y sobre todo con la figura de Alberto Hurtado; su vida, su espiritualidad y su inmensa labor social, el gran legado dejado a Chile y su sociedad”. “Hogar de Cristo se transformó en mi gran amor, entregando y dando todo lo que estaba en mis manos; apoyando en actividades y compartiendo valores a través de espacios que conectan con la espiritualidad de manera lúdica, participativa y ecuménica”.

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