Evelyn Díaz, trabajadora social, quien se desempeñó por más de dos décadas en el Hogar de Cristo, murió súbitamente el 2 de enero de 2025. Iba con su marido a recoger donaciones a un mall de Curicó, cuando le sobrevino un ataque. Hoy, quienes la conocieron, a un año de su inesperado deceso, en su recuerdo y porque la necesidad es apremiante, cargan agua embotellada en coolers en sus vehículos para entregárselas a las personas en situación de calle.
-Y también a personas mayores de nuestros servicios de atención domiciliaria. Es una iniciativa que lideró nuestra compañera Evelyn hace un par de años. Y que, este año, en que las temperaturas han sido más altas que nunca, se ha ido masificando entre los trabajadores, sus familias y amigos, los voluntarios y la comunidad cercana.
Habla Bárbara Ramos, jefa de la Hospedería del Hogar de Cristo en Curicó, ciudad donde la máxima alcanzó los 35,2 grados Celsius el último día del año. Eso, mientras en Talca hubo 34,8; en Linares 33,4, y en Cauquenes llegó a agobiantes 37,8.
En la Región Metropolitana y en ciudades como Rancagua, hubo Rutas de Calle para llevar kits de ayuda a las personas que viven a la intemperie. Y en varias de las ciudades afectadas por la ola de calor se instalaron puntos de hidratación. Durante la activación del Código Rojo, Hogar de Cristo entregó kits a 87 personas en situación de calle y prestó ayuda a otras 89 que se acercaron a pedir agua y algún tipo de ayuda en los puntos de hidratación, entre el 29 y el 31 de diciembre pasados.
La conciencia social que tenía Evelyn por el impacto del clima sobre las personas más desfavorecidas debe replicarse en cada uno de nosotros. Porque aunque dos centenares de personas suene poco, en muchos casos entregar agua potable fresca puede representar la diferencia entre una falla sistémica por deshidratación y el que el cuerpo continúe funcionando.
Estos calores agobiantes, que generan incomodidad a la mayoría, para quienes deambulan sin techo por las ciudades puede ser letal. Sin acceso a agua potable, ni sombra adecuada, ni un lugar seguro donde resguardarse, cada hora bajo ese sol roba energía vital. La noche tampoco da respiro: el pavimento arde, el cemento reverbera. En las personas mayores, en pobreza, que habitan en recintos pequeños, muchas veces sin ventilación, el calor dentro puede ser peor que el de afuera. Al cuerpo le cuesta más regular la temperatura. Los pasos se vuelve lentos, la boca se seca, la respiración se hace más pesada.
En San Felipe, región de Valparaíso, donde el Hogar de Cristo no tiene dispositivos para personas que viven en la calle, el énfasis ha estado puesto en fortalecer el apoyo a esos adultos mayores que están solos en sus domicilios.

Folletos entregados en puntos de la región de Valparaíso por el Hogar de Cristo por la activación del Código Rojo.
Un estudio reciente en Chile muestra que durante olas de calor extremas como las de 2017 y 2019, murieron 584 y 245 personas adicionales respectivamente, en comparación con lo esperado si no hubiera ocurrido la ola de calor. Los mayores de 65 años fueron los más afectados.
Esto significa que un número considerable de muertes no se detectan directamente como “golpes de calor” en las estadísticas oficiales, pero sí como fallecimientos en exceso que ocurren durante olas de calor y están claramente vinculados a ellas.
En Chile, las muertes por calor entre los adultos mayores han aumentado significativamente en las últimas décadas. Entre 2017 y 2021, hubo en promedio 566 muertes anuales relacionadas con calor en mayores de 65 años, cifra que representa un aumento de más del 225 % respecto al período 2000-2004.

Morir de calor no es una metáfora en este contexto, sobre todo para los adultos mayores. La mitad de quienes viven en calle en Chile tienen más de 50 años y la vida en calle envejece. Por eso es tan importante la activación del Código Rojo. AGENCIA BLACKOUT
¿Por qué son tan vulnerables?
Porque los cuerpos de los adultos mayores tienen menos capacidad para regular la temperatura y contienen menos agua corporal. Esto hace más difícil enfrentar el estrés térmico. Además, muchos tienen enfermedades crónicas o toman medicamentos que alteran la forma de sudar o redistribuir el calor.
Cuando la temperatura ambiente es muy alta durante días consecutivos, el cuerpo entra en un estrés físico intenso. De esto habla el folleto que diseñaron y están distribuyendo nuestros equipos en San Felipe, orientado a las personas mayores.
El Santiago, donde la siempre ágil Eva Lara y su equipo han salido muy temprano a entregar kits de hidratación en rutas de calle a quienes viven y duermen a la intemperie en puntos que se tiene identificados.

En las regiones afectadas por las altas temperaturas hubo activas y mañaneras rutas de calle para entregar apoyo a quienes más se ven afectados por las olas de calor. La activación del Código Rojo partió el 29 de diciembre.
En esa personas, los siguientes riesgos físicos son reales:
Deshidratación acelerada
El cuerpo pierde agua muy rápidamente intentando enfriarse por medio del sudor. Sin suficiente agua, el volumen de sangre baja, forzando al corazón a trabajar más fuerte y dañando órganos.
Si el cuerpo no puede disipar el calor, la temperatura interna puede subir por encima de los 40 grados. Esto causa daño al cerebro, al corazón y otros órganos vitales. Este es un estado potencialmente mortal si no se trata de inmediato.
Estrés sobre el corazón y órganos
El corazón late más rápido para intentar enfriar el cuerpo, lo que puede desencadenar problemas cardíacos, fallo de órganos o colapso circulatorio. Estas alteraciones son comunes en personas mayores o con condiciones preexistentes.
Confusión y daño neurológico
La hipertermia puede llevar a confusión mental, desorientación o pérdida de consciencia, que en personas frágiles puede ser irreversible si no reciben atención urgente.
Para las personas que no tiene casa y para los mayores en pobreza y soledad la ola de calor no es solo “una temporada calurosa”. Es una amenaza diaria de salud. Las olas de calor exacerbadas por el cambio climático están ocurriendo con más fuerza y frecuencia en Chile y en América Latina. Las muertes en exceso durante estos eventos muestran que muchas personas vulnerables no solo sufren malestar, sino que pagaron con sus vidas por falta de medidas de protección eficientes.
Sin políticas públicas activas, sin acceso a agua fresca, sombra, atención sanitaria y apoyo comunitario, quienes están en situación de calle, los adultos mayores que viven solos y quienes carecen de redes de apoyo, serán siempre los más afectados cuando el sol se vuelve implacable. Y se activa el necesario Código Rojo.

En Rancagua, también hubo Rutas de Calle para apoyar a los más desfavorecidos.