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Juan Emiliano: “Salir de la cárcel es solo el comienzo”

Tras pasar más de 18 años privado de libertad, Juan Emiliano lucha por rehacer su vida en libertad. Trabajo, apoyo y perseverancia marcan una historia donde el pasado pesa, pero no define el futuro.
Por María Teresa Villafrade Foncea
Enero 12, 2026

Juan Emiliano tiene 52 años y una hija de 22 a la que no conoce pues nació cuando él estaba en la cárcel. Estuvo recluido en las penitenciarías de Talagante, Puente Alto, San Miguel, la Penitenciaría de Santiago y en Colina 1.

“Por esa cosa del ´peloteo´, se elabora una lista y a uno lo van cambiando de penal cada año o cada dos años. Es un tema de protocolo de la cárcel para evitar las fugas. Es para ciertas condenas y la mía era harta”, cuenta.

Juan Emiliano está gozando del beneficio de libertad condicional y firma cada día 29 de mes. “Ya no le debo nada a la justicia. Solo me quedan cinco años de firma para poder borrar mis antecedentes, lo que voy a hacer”, explica, optimista.

Khristián Briones (izquierda) ha sido un pilar fundamental en la reinserción de Juan Emiliano.

A través de la pastoral católica y de la Fundación Paternitas, que trabajan con personas privadas de libertad, Juan Emiliano conoció a Khristian Briones, creador de la empresa Aguas Dimas.

LA “DIARIA PARTICULAR”

“Estando en Colina 1, yo trabajaba en la escuela de gendarmería. Llevaba un año y tres meses trabajando allí y a uno no lo sueltan. Yo presentaba un escrito para una diaria particular y lamentablemente ese escrito no llegaba al área técnica. Me consideraban un buen elemento, muy cumplidor, me daban más responsabilidades, entonces no me soltaban”.

Aconsejado por Briones, pidió por Ley de Transparencia que le explicaran por qué no le daban el beneficio de la “diaria particular”, que permite cumplir la condena trabajando fuera de la cárcel.

“Si cumplo mi condena trabajando en la cárcel, al salir quedaba en la calle, de brazos cruzados. Finalmente tuvieron que dar su brazo a torcer y darme por ley, por derecho, el beneficio de la diaria particular”.

Juan Emiliano se toma muy en serio su trabajo. Es responsable y cumplidor.

Así, Juan Emiliano logró llegar a trabajar en Aguas Dimas.

“Khristian es una excelente persona, él también estuvo como 10 años en la penitenciaría, sabe lo que uno vive dentro. En su empresa fui agarrando el hábito de trabajar, renové mi licencia de conducir y me hice cargo de las rutas para entregar los bidones de agua. De primera, me ponía muy nervioso”, afirma.

Desde Colina se trasladaba a diario a Cerrillos. Recuerda la preocupación permanente de su empleador:

“A uno la plata no le alcanza, pero yo no quería quejarme de nada. Él como que leía mi mente y me ofrecía 50 lucas para mis gastos, después cuando me pagaba el sueldo, no me las descontaba. O sea que me regalaba las 50 lucas, es buena persona”.

Dice que nunca le ha gustado “nada regalado”, pero valora el gesto. “No lo decepcioné nunca, he sido responsable y cumplidor”.

SU SUEÑO FRUSTRADO  

Su condena fue de 22 años. Estuvo 18 años y medio privado de libertad y tres y medio con beneficios.

“Estoy muy agradecido de Khristian, con él trabajé un año y tres meses. Después conseguí trabajo de soldador, porque soy maestro soldador. Me fui a trabajar con unos familiares que me hicieron contrato de trabajo”.

Un accidente en moto cambió el rumbo. Se quebró seis costillas y la rodilla.

“¿Y sabe qué hice? Me paré del suelo y llamé a don Raúl donde yo trabajaba y le dije tuve un accidente. A los que me chocaron les pedí ayuda para ayudarme a parar la moto porque no podía respirar. No quería hacer denuncia ni nada porque no tenía licencia para la moto, solo clase B. Pensé que esto me iba a perjudicar el beneficio y me iba a ir preso”.

Volvió como pudo a su casa y lo obligaron a ir al hospital. “No se explicaban cómo estaba caminando. En ese momento me dieron náuseas y ganas de vomitar. Creí que me iba a desmayar, pero nunca perdí el conocimiento”.

Mientras se recuperaba no le renovaron el contrato, lo que ponía en riesgo su libertad condicional. Nuevamente, Khristian Briones lo ayudó y lo vinculó con el dueño de un fundo en Peñaflor.

“Todavía me duele porque como maestro soldador la promesa era que iba a ganar un millón 800 mil pesos, pero no me dieron la oportunidad”.

LA DUREZA DE LA CÁRCEL

“La vida en la cárcel es peor de lo que uno imagina”, afirma.

“Tienes que comer por donde pasan los ratones, usar cartón o lo que pilles como cuchara y no hay para limpiarse cuando haces tus necesidades, botar los desperdicios para afuera. Es muy duro vivir dentro de una cárcel”.

Juan Emiliano cuestiona las cifras sobre el gasto por persona privada de libertad. “La comida no llega”, asegura.

Cuenta que comenzó a robar para comer en 1973, tras el golpe militar. Tenía familia, padres y hermanos, pero reconoce haber elegido otro camino.

“La violencia que se vive en la cárcel es tremenda. Uno tenía que salir a pelear. Nosotros dormíamos con cuchillas y lanzas en las manos. A veces, tu mejor amigo te traiciona. Solo el más fuerte sobrevive adentro”.

SU PASADO LO CONDENA

Aun así, siente que ha logrado salir adelante.

“Estoy trabajando en una parcela, limpiando el suelo, como particular me ha ido mucho mejor. Siempre he tenido el apoyo de Khristian, no me ha decepcionado. Es muy buen amigo”.

-¿Qué es lo que sueñas hacer, Juan Emiliano?

-Yo no sé, no he sido tan malo, nunca he matado a nadie. He robado, he delinquido, el robo más fuerte que tengo es robo con intimidación, robo con violencia, pero sabe ¿qué es eso? A una salida de banco, tirar un maletín… pero no he parado a pegarle a nadie. No he hecho eso”.

Reconoce que los antecedentes pesan. Hace un tiempo lo acusaron falsamente de la desaparición de una persona. Le tiraban piedras a la casa exigiendo explicaciones.

“Empezaron a culparme a mí… A la media hora llega Carabineros a mi casa. Altiro les dije que estuve preso y que pasaran a ver la casa”.

Le contó lo ocurrido a Khristian. “Estoy aburrido de que mi pasado me condene. Ahora que estoy haciendo las cosas bien, me persiguen por lo que no he hecho”.

Uno de los aspectos más difíciles en esta etapa es enfrentar acusaciones falsas.

“No te preocupes, yo voy a estar contigo, Juan, yo creo en ti”, recuerda que le dijo.

Días después, se supo que el joven había aparecido en Arica. “Carabineros lo obligó a llamar a su familia para decirles que estaba bien”.

LIMPIECITO Y AFEITADO

Juan Emiliano vive en una toma, en la comuna de Peñaflor, en una vieja casa de madera sin ventanas, con muebles y electrodomésticos usados.

“Esta casa la construyó un Techo para Chile. Pero ya no está en condiciones para vivir dignamente, se cae a pedazos, no tengo ni baño. Y llevo aquí dos años, pero sigo perseverando, estoy tranquilo, con la paz que Dios me da”.

Prefiere mantener distancia con su familia. “Los molesté tanto, me ayudaron tanto, que ya no quiero la ayuda de ellos. Me ven que estoy bien, que ando limpiecito, el pelo cortado, afeitado, arreglado. Gracias a Dios no ando en malos pasos”.

Tiene pareja, gatos y gallinas. Sobre el reciente escándalo en Gendarmería, donde reclusos con dinero compraban favores y productos a altos precios, es escéptico:

“No creo que eso vaya a cambiar. El área técnica jamás va a preguntar quién quiere cambiar”.

-¿Cuál es tu mayor miedo ahora?
-Mi mayor miedo es volver a delinquir, caer en la drogadicción. A eso le tengo miedo. Llevo 18 años sin drogas. Salir de la cárcel es solo el comienzo.