Para los vecinos, es inevitable comparar lo ocurrido el pasado fin de semana en Punta de Parra, Lirquén y Penco con el 27F, cuando al terremoto de 2010 le siguió el maremoto. Pero esta vez, dicen, fue distinto.
-Este desastre es más grande y mucho peor que lo que pasamos en 2010. La impotencia de ver cómo se quema el trabajo de toda una vida es total. Todo esto lo hicimos nosotros, con pura fuerza y sacrificio- se lamenta Leonel Venegas Urrutia (77), presidente de la Junta de Vecinos de Penco Chico.
Literalmente, hoy todo lo construido es ceniza. La población, encaramada en el cerro y con vista panorámica al mar, “no resistió y las llamas lo quemaron todo”, narra con elocuencia.
-Calculo que hay más de 80 casas quemadas.
Pérdida total.
La suya es una de esas 80 casas.

Leonel Venegas es dirigente vecinal en Penco Chico. Trabaja muy coordinado con el sistema de apoyo domiciliario para personas mayores del Hogar de Cristo. El mismo es adulto mayor y ahora es también damnificado.
Miramar 85, Penco Chico, es hoy un sitio yermo. Gris, ceniciento, desolador. Ahí vivía Leonel, pero también sus hijos y sus nietos.
Resulta conmovedor oírlo repetir que el sábado estuvieron todo el día “regando las casitas”. De noche, la situación se volvió mucho más compleja y el riego con manguera pasó a ser apenas un acto reflejo de supervivencia.
-Aguantemos la noche regando las casitas, decíamos nosotros. Cuando aclare y llegue el domingo, vendrán los helicópteros y lanzarán agua, pensábamos. Había tanto humo… Los helicópteros van a apagar ese fuego tan alto que está allá arriba, soñábamos. Pero a las ocho y media de la mañana entró la tromba de fuego, consumiéndolo todo.
-¿Cómo lograron salvar la vida frente a algo tan repentino y destructivo?
-Estábamos preparados para arrancar, pero no queríamos dejar de regar las casitas. A mí me vino a buscar mi nieto, porque yo pensaba que podía seguir mojando lo mío una hora más. Pero él me dijo: “No, no. Vámonos. El fuego está aquí mismo”.
Gustavo, protagonista del video, es el nieto que convenció a Leonel de dejar de regar y arrancar del fuego.
Ahora Leonel agradece a los bomberos.
-Ellos se sacaron la cresta.
Pero no logra entender por qué, a las siete de la mañana, cuando miraban el cielo con esperanza, no apareció ningún avión ni helicóptero lanzando agua.
-Alguien tiene que explicarnos qué pasó.
Repasa, compungido, acciones condenables e incomprensibles, como el intento de saqueo al Hospital Penco-Lirquén.
—Todos vimos al alcalde de Penco clamando para que sacaran a los militares a la calle, porque casi al mismo tiempo que evacuaban a los enfermos del hospital había personas robando ahí mismo. El alcalde, desde Concepción, cuando lo entrevistaron a esa misma hora, dijo lo que nosotros ya habíamos dicho: los caminos estaban en malas condiciones para el trabajo de las bombas. Además, la forestal había hecho una zanja, impidiendo el paso de vehículos.
Cincuenta y cinco de sus 77 años ha vivido Leonel en Penco Chico. Su señora -hoy es viudo- era nacida y criada allí. Hasta antes del incendio compartía su sitio con una hija, un hijo y sus nietos.
Así como lamenta la acción de gente inescrupulosa o indolente, celebra la solidaridad vecinal.
-No sé si escuchó que ahora mismo una señora que tiene panadería nos dijo que en un ratito nos va a traer pancito. Nos va a traer cositas. Ayer nos dieron un almuerzo. Los vecinos se juntan. Hay un grupo de amigos de toda la vida que ayer hicieron un almuerzo para todos los damnificados. Y hemos tenido harta ayuda de vecinos y también de gente anónima que viene a dejarnos cositas.

Afanados, hijos, nietos y voluntarios, despejan el sitio de Miramar 85, Penco Chico, donde hoy solo hay polvo, ceniza y destrucción.
Menciona también a los voluntarios que “llegan aquí sin conocernos y nos regalan su tiempo y su trabajo físico”.
Leonel, pese a sus años y al shock de haberlo perdido todo, intenta seguir ejerciendo su rol de presidente de la Junta de Vecinos.
-Fui a la muni, pero el alcalde no me pudo recibir. Está sobrecargado de pega. Pero necesitamos saber qué trámites hacer para recibir ayuda del gobierno e informar a los vecinos.
-¿Qué expectativas pone en esa ayuda?
-Me dieron información. Me dijeron que van a venir a terreno a hacer la encuesta FIBE (Ficha Básica de Emergencia) a cada persona a la que se le quemó la casa. Sea propietaria o arrendataria, porque esa ayuda la debe dar el gobierno. Sabemos que va a demorar. Esos trámites burocráticos nunca se terminan… Por eso, a mis 77 años, me digo: fuerza, fuerza no más, y a salir adelante. Vea usted allá afuera cómo ya hay vecinos tratando de parar unos palitos.
Pide no seguir con la entrevista. Ahora, aclara con seriedad, de lo que se trata es de ayudar. De reconstruir. Aunque sea, como su vecino, parando unos palitos.
La característica más evidente de Penco Chico es la edad de sus habitantes. Es una población de personas mayores. Cercana al centro de Penco, el trabajador social Víctor Jerez la define como “histórica”.
—Nosotros hacemos ahí un trabajo territorial desde hace ya un par de años. Focalizamos nuestra atención en personas mayores. Somos muy activos en unas pocas cuadras y tenemos mucha coordinación con la Junta de Vecinos y con Leonel, su presidente. Él cumple un rol súper activo en esa comunidad.
La cercanía de los bosques de los cerros circundantes ha generado actividades comunitarias de prevención de incendios, donde el servicio de apoyo domiciliario para personas mayores del Hogar de Cristo, que lidera Víctor, mantiene un contacto permanente con el dirigente.
—El tema del riesgo de incendios se ha trabajado con la población. Soy testigo. Pero frente a un fuego tan intenso, tan voraz… —reflexiona—. Este sector ha sido arrasado y hoy nuestros participantes, los vecinos cercanos, el propio Leonel, están viviendo un momento muy duro, muy complejo. Leonel tiene casi 80 años, con problemas de salud propios de la edad. El lunes lo vi súper quebrado; por eso me alegra escucharlo ahora en una actitud mucho más positiva, centrada en cómo salir adelante.
Hogar de Cristo, como parte de su campaña humanitaria, busca ahora poner en acción su dispositivo de primera ayuda, orientado a resolver necesidades psicológicas y sociales derivadas de la tragedia.
Ya lo hizo en 2024, en los cerros de Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana, apoyando a quienes sufrían el shock de la pérdida —humana y material— y orientando a las personas para acceder a las ayudas del Estado y de otras entidades.
Esa primera ayuda es invaluable.
Y, a otra escala, es lo que hoy hace Leonel Venegas en Penco Chico. En palabras del trabajador social Víctor Jerez:
-A Leonel ahora le toca una multiplicidad de tareas porque, además de organizar a la comunidad, debe intentar reponerse él y su familia. Tremenda tarea.