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Guaguas invisibles: Síndrome de abstinencia neonatal

Esta es una realidad silenciosa, donde se unen pobreza, consumo y abandono, y de la que casi no hablamos. Long Bright River, una serie disponible en Movistar Plus+, basada en una de las novelas favoritas de Barack Obama, plantea el tema a través de dos hermanas en Filadelfia. En Chile son pocos los que se ocupan del tema.
Por Ximena Torres Cautivo
Febrero 20, 2026

Cuando una está embarazada empieza a ver mujeres embarazadas por todas partes. Lo mismo sucede si te compras un auto rojo: de pronto sientes que la ciudad se llenó de vehículos granate. Algo similar me ocurrió cuando conocí y entrevisté a la periodista y directora de Fundación Esperanza, Ana Luisa Jouanne, a fines del año pasado.

Su trabajo de rehabilitación con guaguas que nacen con síndrome de abstinencia neonatal —una dramática realidad social de la que casi no se habla— se me quedó pegado. Empecé a verla en todas partes: en una serie, en un documental, en una novela.

También la he visto en mi trabajo en el Hogar de Cristo. En la residencia terapéutica para madres con consumo problemático y niños pequeños que la fundación tiene en Quilicura he conversado el tema con varias mujeres en rehabilitación. Eso me permite entender que este no es un problema lejano. No ocurre solo en ciudades como Portland, San Francisco o Filadelfia, golpeadas por el fentanilo, el opioide sintético que convierte a sus consumidores en verdaderos zombis. Ocurre aquí.

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE ABISTINENCIA NEONATAL?  

Cuando, durante el embarazo, una mujer consume drogas —y también ciertos medicamentos— la guagua se vuelve dependiente de esa sustancia que recibe a través del torrente sanguíneo materno. Tras el parto, el recién nacido deja de recibirla y eso le provoca síndrome de abstinencia.

El nacimiento prematuro es frecuente en estos casos. A los pocos días, aparecen los signos: inquietud, irritabilidad, llanto agudo y persistente, dificultades para dormir y alimentarse, problemas para ganar peso. También pueden presentarse temblores, rigidez en brazos y piernas, fuerte reflejo de sobresalto, fiebre, diarrea, vómitos, congestión nasal, manchas en la piel e incluso convulsiones.

Katherine Lavín egresó del programa terapéutico residencial de Hogar de Cristo en Quilicura y escribió un libro con sus vivencias. Su caso muestra que estas madres pueden sacar adelante a sus niños, pese a todo lo vivido.
AGENCIA BLACKOUT

En suma, un recién nacido extremadamente frágil y difícil de contener, muchas veces con una madre incapacitada para hacerlo.

“Esas criaturas nacen con un nivel de sufrimiento tremendo. Durante años han sido absolutamente invisibles”, dice Ana Luisa Jouanne, que dirige una de las pocas fundaciones que se ocupa del tema. “Muchos no están diagnosticados ni tratados. Si la madre es detectada, el niño suele ser institucionalizado sin tratamiento específico. Si no lo es, muchas veces se va a la calle con ella y empieza su vida en el consumo desde los primeros días”.

HEREDAR EL DAÑO

En Chile, las madres de estos niños provienen mayoritariamente de contextos de extrema pobreza. Muchas iniciaron el consumo a los 12 o 14 años. En sus historias se cruzan abuso sexual, violencia intrafamiliar y comorbilidad psiquiátrica. El 93% ha sido víctima de violencia; el 73%, de abuso sexual. El 70% es hija de un padre o madre consumidor. Varias fueron, ellas mismas, recién nacidas con síndrome de abstinencia. Muchas tienen otros hijos que hoy están al cuidado de familiares o del Estado.

Lo más común en Chile es el consumo de pasta base y la vida en situación de calle, mientras que en Estados Unidos y Canadá predominan el fentanilo y otros opioides. La heroína también es un opioide, al igual que la metadona, que se utiliza para ayudar a dejar la heroína.

Long Bright River se llama la serie de ocho capítulos, protagonizada por Amanda Seyfried y disponible en Movistar Plus+, que aborda la vida de dos hermana. Una padeció síndrome de abstinencia neonatal.

En 2019, Barack Obama dijo que su novela favorita del año era Long Bright River, de Liz Moore, activista que trabajó con mujeres en consumo en el barrio de Kensington, en Filadelfia. La historia fue llevada a una serie de ocho capítulos, protagonizada por Amanda Seyfried y disponible en Movistar Plus+. En español se titula El largo río de las almas.

La trama sigue a Mickey Fitzpatrick, una policía marcada por un pasado familiar difícil y una hermana desaparecida en un entorno devastado por la pobreza y las adicciones. A medida que avanza la historia, lo policial se transforma en una exploración profunda del daño intergeneracional del consumo.

EL LARGO RÍO DE LAS ALMAS

Ver esa serie se entiende mejor cuando se conoce el drama de los recién nacidos con síndrome de abstinencia. ¿Cuántos son en Chile? No lo sabemos. No hay datos públicos sistemáticos.

Durante los últimos 4 años, más de 400 recién nacidos han sido abandonados en hospitales públicos en el país, según las escasas cifras que manejan los servicios de salud. Una investigación de la Fundación de Protección a la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE) publicada en marzo de 2025, señala: “El aumento está influenciado por el pulso migratorio en el norte y por mujeres adictas a la pasta base y la cocaína que no están en condiciones de criar a sus hijos. Una doctora en Curicó agregó que otros casos que se repiten son menores de edad con embarazos producto de una violación”.

Se ha informado que el Hospital de Coquimbo es donde más se da proporcionalmente el fenómeno. Pero no hay un registro sobre recién nacidos con síndrome de abstinencia. No hay catastro. No hay política pública específica. Sólo hay llantos, diagnósticos tardíos y vidas que parten con desventaja.

Ana Luisa Joaunne de Fundación Esperanza trabaja desde hace décadas en recuperar a estas guaguas que nadie ve.

“Todo lo que tiene que ver con droga y menores de cinco años es invisible en Chile”, advierte Jouanne. “No miramos a esos niños. Y no son solo estas guagüitas: son los hijos de padres consumidores, los niños institucionalizados, los captados por el narcotráfico. El vínculo entre infancia y droga es un mundo del que tenemos que hacernos cargo”.