“Se degrada la política cuando el foco está puesto en pelear, abrazar un perro o patear a una persona en situación de calle para conseguir likes en redes sociales”. Así responde el alcalde de Maipú y expectante líder de la izquierda chilena, Tomás Vodanovic (35). Le preguntamos por su antecesora y sus peluches rosados y performances de baile en TikTok, relacionándola con la farandulización de la política. No agarra el guante en lo personal, pero el tema detona en él un torrente de palabras:
—No sé si llamarlo farandulización, pero sí diría banalización o superficialidad de la política; eso que cada vez gana más terreno. Los algoritmos de las redes sociales le están haciendo un daño brutal a la política. Nadie se cuestiona: ¿cuál es el modelo de gestión de un municipio?, ¿cuáles son sus prioridades o sus avances concretos? Solo estamos pendientes del reel que difunde un alcalde. Y vamos insultando al del lado, abrazando a un perro o pateando a una persona en situación de calle que vive en un ruco. En suma, haciendo cualquier tipo de acción que genere muchas interacciones en redes sociales.
Sostiene que la labor política parece centrada en “quién insulta más fuerte, quién hace la mejor puesta en escena o performatea mejor en redes. Y eso degrada tremendamente a la política”.
—Pero, tal como están los tiempos, claramente el que no lo hace no aparece en la foto —comentamos, aunque él no necesita más estímulo para seguir con el tema.
Continúa:
—Uno podría suponer que los incentivos están puestos ahí porque la gente valora a sus representantes a través de darles likes. Afortunadamente, también he visto cómo muchos que hacen política seria logran construir mayoría sin recurrir a esto. El alcalde Claudio Castro en Renca, Tomás Gárate en Puerto Varas, Ali Manouchehri en Coquimbo, la alcaldesa Carla Amtmann en Valdivia o Macarena Ripamonti en Viña del Mar no andan pateando personas en situación de calle ni conflictuando permanentemente por redes sociales.
El joven jefe comunal se pregunta a sí mismo: “¿Cuál es el fin último de la política? ¿Obtener mucha interacción en redes sociales o trabajar por mejorar la vida de la gente? Cuando uno confunde medios con fines, traiciona la naturaleza del trabajo político. Y, al hacerlo, afecta finalmente la gestión pública y el impacto que tenemos en la vida de las personas”.

El alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, gobierna la segunda comuna más populosa de Chile. Y en esta entrevista habla de cohesión social y harto más.
—¿Cuánto contribuye la figura del alcalde a generar cohesión social?
—Yo soy muy municipalista, pero tampoco caigo en defensas corporativas. En el mundo municipal, de la empresa, de la academia, de la Iglesia o de los clubes deportivos siempre hay gente muy noble y honesta que busca el bien común. Pero también hay personas mezquinas que pueden tener intereses más torcidos. Eso ocurre en cualquier espacio de la sociedad.
Sostiene que los alcaldes tienen una mayor conexión y conciencia de la realidad y de cuál es “el fin último de la política”, como le gusta decir. “Hay otros espacios políticos que, al estar alejados de los territorios, de las necesidades inmediatas de las personas y del vínculo con las comunidades, es más fácil que se desorienten. Si yo estoy encerrado en una sala discutiendo con otros donde todos quieren sacarse los ojos, y el único contacto con la realidad es cuántos likes tengo, es más fácil perderse. Los alcaldes estamos todos los días en la calle conversando con las personas. Ellas quieren que uno les solucione el problema, quieren entenderse con el vecino, quieren vivir mejor y quieren abrir una conversación sin descalificaciones”.
Y va aún más lejos: “Las municipalidades tenemos un rol fundamental. Una municipalidad que hace mal la pega, roba o es ineficiente no solo perjudica la vida de sus vecinos, también deslegitima el orden institucional y democrático de un país. Por eso creo que el rol de los municipios, como primera experiencia democrática de las personas, es sumamente importante”.
Tomás Vodanovic escribió el prólogo de la segunda Cartografía Social de Chile, que tiene como tema central “Reconstruir el vínculo y la convivencia”. Lo hace en paralelo con la alcaldesa de San Miguel, Carol Bown, quien se para en la vereda opuesta a la suya en términos ideológicos. Ambos, sin embargo, rescatan la necesidad clave de reparar el tejido social para la convivencia y el buen funcionamiento democrático.
El libro se presentará oficialmente este próximo 25 de agosto en la Universidad Alberto Hurtado. Ambos alcaldes prologuistas estuvieron en Hora de Conversar, el programa realizado en alianza con El Mostrador, abordando esta materia. A ambos les pedimos su postura sobre un tema muy actual y absolutamente polémico:
—¿Consideras vecinos a las personas en situación de calle? ¿Es necesario erradicar sus rucos o asentamientos precarios, como se les llama con elegancia? ¿Cuál es la política de tu municipio respecto de ellos?
—Todas las acciones comunicacionales, políticas o de gestión que uno genera como alcalde tienen un impacto. Creo que la imagen de la máxima autoridad municipal pateando a la persona más excluida de la sociedad, grabando esa acción y narrándola con un micrófono en el pecho para mostrarla en redes es la expresión de una correlación de poder absolutamente injusta… Con esto no quiero legitimar a la persona que está tomándose un espacio público o drogándose —dice, consciente de que entra en una zona impopular.
—¿Desalojan rucos en Maipú?
—En Maipú hacemos ese mismo trabajo e intentamos mil veces reinsertar a esa persona. Lamentablemente, tenemos que limpiar las zonas donde proliferan los rucos, porque los vecinos merecen vivir en un lugar limpio y seguro. El tema es cómo lo haces y cómo lo comunicas. No creo que la forma sea bajo amenaza, gritos y violencia; creo que debe ser desde la empatía.
La autoridad pone el énfasis en la forma, pero ¿qué pasa con el fondo?

Tomás Vodanovic muestra el libro 1944-2024: 80 avances para reducir la pobreza en Chile, que le regalamos en el estudio de Hora de Conversar. Y este 25 de agosto se laza la Cartografía Social de Chile sobre vínculo y cohesión social, del cual es uno de los prologuistas.
Tomás Vodanovic explica: “Nosotros tenemos una posición clara: los espacios públicos les pertenecen a las personas. Nadie tiene el derecho de tomárselos para drogarse o para delinquir. Pero también entendemos que detrás de esto hay realidades complejas. Problemas sociales estructurales y que no podemos sencillamente ir a patear aquello que la sociedad va desechando. El Estado no puede construir una sociedad que desecha seres humanos”.
—Ya, pero ¿qué hacen en concreto con las personas en situación de calle a las que desalojan de sus rucos? ¿Saben dónde están o quiénes son?
—Sí, más o menos. Tenemos a las personas catastradas y contamos con Programas Calle, pero hoy las respuestas del Estado son absolutamente insuficientes. Nosotros como alcaldes lo sufrimos y, por eso, uno puede llegar a comprender por qué algunos colegas caen en esto. No puede ser que determinadas personas se tomen un espacio de manera recurrente, lo inhabiliten por completo, se droguen y generen un clima de interacción imposible. Por eso uno los retira, pero vuelven. Los retira y vuelven. Y cuando se les ofrece una alternativa de salida —que son escasas—, tampoco la quieren tomar.
Tomás Vodanovic cree que el problema excede largamente la capacidad de un municipio. “Lo que debiera hacer el Estado es decir: ‘Acá tenemos un problema de salud pública y de seguridad pública, y debemos intervenir de manera mucho más integral’. No sirve que solo un municipio esté haciendo este esfuerzo, porque las personas en situación de calle se van a mover cuatro cuadras o se van a ir a la comuna de al lado donde no hay una retroexcavadora o no hay recursos para realizar ese trabajo de retiro”.
Dice haberlo conversado tanto con autoridades del gobierno anterior como con las de la actual administración: “Creo que ahí tenemos un problema social del cual no nos estamos haciendo cargo. Los estamos pateando de esquina en esquina, de comuna en comuna. Los estamos exponiendo públicamente para sacarnos la rabia, pero no estamos resolviendo el problema”.
Agrega una reflexión que conecta nuevamente con su crítica a la espectacularización de la política: “No porque un alcalde chasquee los dedos o empuje más fuerte a una persona con consumo problemático, esa persona va a desaparecer. Ese alcalde va a tener que estar grabando ese mismo reel todas las semanas y va a seguir gastando muchísima plata que podría usarse de mejor manera”.
—¿Cómo lo hacen ustedes? ¿Qué políticas tienen? ¿Qué hacen concretamente?
—Tenemos un Programa Calle que busca reinsertar, trabajar y acompañar; no con mucho éxito, la verdad, por la insuficiencia de los recursos con que contamos. Son escasos profesionales con herramientas limitadas tratando de abordar un problema estructural. Tenemos, obviamente, labores de retiro y limpieza de los espacios públicos.
Comenta que, si no se hacen estas operaciones de limpieza, “el ruco ya no es de un piso, es de tres; ya no vive una persona, viven 15, y la dinámica de dominio territorial sobre un lugar perjudica mucho al entorno. Eso hay que combatirlo, quizás con la misma práctica, pero sin visibilizarla: no como una puesta en escena violenta, sino como una labor propia del municipio que creo que no es deseable, pero que en el escenario actual nos vemos forzados a hacer”.
Vodanovic vuelve sobre uno de los temas que lo han tenido más activo en las últimas semanas: la oposición a medidas económicas que, a su juicio, en el caso de los municipios sólo incrementan la desigualdad de recursos entre comunas.
—Los municipios tenemos que ir abordando la infinidad de problemas que tienen las comunas más postergadas de Santiago sin herramientas, recursos ni capacidades suficientes, porque somos los únicos que estamos ahí. Y uno como alcalde no puede mirar para el lado o echarle la culpa a otro. Uno vive esa realidad permanentemente.
Habla de estándares completamente distintos entre su comuna y Vitacura, por ejemplo, o entre Providencia y Cerro Navia:
—Un ciudadano, por el solo hecho de vivir en un sector de la ciudad, tiene una municipalidad con diez veces más presupuesto que otra. Una comuna con más necesidades y más pobreza tiene diez veces menos dinero para hacerse cargo de esa comunidad que la comuna de más altos ingresos, donde sus vecinos, en su gran mayoría, resuelven sus necesidades en el ámbito privado.

Así puestas las cosas, la conversación deriva hacia el debate por las contribuciones y su impacto en el financiamiento municipal. El alcalde sostiene “que toda persona que tenga una dificultad para pagar sus contribuciones, sobre todo una persona mayor, debiese ser apoyada por el Estado”. Y detalla la propuesta:
—Nosotros establecimos un límite que era muy claro: solo iban a pagar contribuciones en Chile las personas mayores que cumplieran dos condiciones: tener una vivienda avaluada en más de 350 millones de pesos e ingresos mensuales promedio sobre los 3 millones de pesos. Si cumplías esas dos condiciones, tenías que pagar contribuciones. ¿Cuántos cumplen eso? Apenas el 0,8 % de las personas mayores en Chile, que son un ministro de Estado o un director de empresa. Nosotros creemos que esas personas están en condiciones de pagar un impuesto territorial.
—Pero ese 0,8 % no soluciona el problema del financiamiento y la desigualdad de los presupuestos municipales.
—No lo soluciona ni de cerca, pero no te hace dar un paso en falso y un retroceso tan grande como el que se aprobó en el Congreso. Lo que se aprobó es que el Estado le traspase 2 mil millones de pesos a Cerro Navia y 13 mil millones de pesos a Las Condes. Estás compensando la contribución que deja de pagar una persona que puede ganar 15 millones de pesos y vivir legítimamente en una casa de un millón de dólares. Hay quienes creen que esto lo decimos desde el odio. Yo no tengo ningún problema en que una persona viva en una comuna linda, en una casa grande y tenga altos ingresos, pero creo que esa persona tiene un deber con la sociedad y debe contribuir mediante el pago de tributos.
—Tú mismo afirmas que ese 0,8 % no es la solución a la desigualdad presupuestaria. ¿Por qué no se busca una propuesta que solucione de verdad esas diferencias?
—Probablemente no vamos a poder generar una transformación estructural de un año a otro que haga que todos tengamos los mismos recursos, porque la política pública es compleja y tiene que ser paulatina. Pero, a mi juicio, hace unas semanas dimos un paso en la dirección opuesta de forma decidida y deliberada, profundizando la inequidad.
Asegura que la exención de contribuciones a la primera vivienda de todas las personas mayores lo frustra y le da rabia. “Imagínate lo que eso provoca en una mujer de Cerro Navia que se traslada todos los días a trabajar a Vitacura. Ella ve la diferencia entre su comuna y Vitacura a diario y quizás lo entiende, pero ¿por qué no podemos avanzar hacia algo un poquito más justo? Nadie está hablando de expropiar, sino de que las personas que pueden paguen un mínimo para que la gente de Cerro Navia pueda vivir un poco mejor. Esa es una idea de solidaridad muy básica”.
—¿Qué soluciones estructurales o más creativas se pueden impulsar para generar empleo, por ejemplo, en Maipú?
—El objetivo de todo alcalde es gestionar su municipio de la manera más eficiente posible, generar alianzas de colaboración, innovar y pensar un proyecto de desarrollo de ciudad. Nosotros en Maipú nos desvivimos todos los días en eso: en cómo hacemos que nuestra institución, con los recursos que tiene, sea lo más eficiente posible; cómo salimos a buscar recursos a otros lados; cómo colaboramos; cómo innovamos; cómo proyectamos y cómo hacemos buena gestión pública. También necesitamos un Estado más eficiente, más transparente, que rinda mejores cuentas y use de mejor forma sus recursos.
—¿Cuál es tu principal logro en términos de generar solidaridad, cohesión y algo que de verdad marque una diferencia en tu comuna?
—Son varios. Hay muchos proyectos que hemos sacado adelante: desde la solución a las fugas de agua, la recuperación de plazas, la erradicación de campamentos y programas de derivación social de vivienda, hasta la construcción de parques donde antes había vertederos. Ha habido avances materiales muy importantes que explican, quizás, el respaldo que tuvimos en la reelección. Pero con lo que más me quedo es con que logramos hacer un proyecto de gestión pública honesto y confiable, que permitió recuperar la confianza de la gente en su municipalidad.
—¿Eso es lo que más te enorgullece?
—Ese es para mí el mayor logro de nuestra pega como alcaldes. Dormir todas las noches tranquilo diciendo: ‘Estamos defendiendo principios, estamos dando lo mejor de nosotros con el único foco de que la gente de la comuna viva mejor’.
—¿Perturba o contamina que tu figura sea tan expectante en términos políticos, que se te vea como futuro candidato presidencial de la centroizquierda?
—Hace cuatro años vienen inventando que voy a ser candidato, que me voy a ir, que no sé qué. He dicho siempre que mi compromiso y mi foco están en trabajar por mi comuna. Creo que lo he demostrado con hechos y lo voy a seguir haciendo. Yo no vine a la política a buscar cargos ni a buscar poder. Trato de contribuir a hacer de este país un lugar un poquito más justo. Y si nos quieren acallar con descalificaciones, inventos, información falsa o supuestas pretensiones de proyección política, cuestión de ellos.
Queda una última pregunta, directamente vinculada con el tema de la Cartografía Social: cómo reconstruir ese tejido social que, según él mismo reconoce, se ha ido debilitando.
—¿Le quieres decir algo a tus vecinos de Maipú en el Mes de la Solidaridad sobre la necesidad de reconstruir ese tejido social medio roto?
—La solidaridad es una palabra hermosa que solemos reservar para ciertas situaciones: emergencias, teletones o catástrofes naturales. Creo que la solidaridad tiene que ser una forma permanente de entender la convivencia: yo soy responsable de aquellas personas que tienen una suerte distinta a la mía. ¿Cómo entendemos la pensión de una adulta mayor, la educación de un niño en una comuna periférica o el espacio público en un pueblo rural? Eso es una responsabilidad colectiva. Quienes hemos tenido más oportunidades tenemos una mayor responsabilidad. La vida no es algo que uno pueda resolver individualmente. No nos compremos la película de que podemos encerrarnos en nuestra parcela y subsistir rascándonos con nuestras propias uñas, porque la vida, tarde o temprano, nos va a demostrar que estamos obligados a vivir en comunidad. Y para que una comunidad sea sostenible y cohesionada, debemos tener un componente de solidaridad presente en todas nuestras decisiones.