“Cada vez que vengo al Hogar de Cristo, aprendo algo nuevo. Y es a partir de testimonios”. Con esa frase, el presidente José Antonio Kast resumió una mañana que comenzó frente a la tumba de Alberto Hurtado y terminó alrededor de una mesa, escuchando realidades que suelen quedar en informes, pero esta vez tenían rostro, nombre e historia.
Este martes 18 de agosto, Día de la Solidaridad, el mandatario llegó junto a la primera dama, María Pía Adriasola, al Santuario de San Alberto Hurtado. En la tumba del fundador del Hogar de Cristo depositó ramas de aromo, retomando una tradición republicana iniciada en 1994. El gesto recoge la petición de Gabriela Mistral tras la muerte del sacerdote, en 1952: dejar aromo sobre su tumba.

Después vino una escena menos solemne y probablemente más cercana al sentido de la jornada.
El presidente y la primera dama se sentaron a desayunar junto a representantes del Hogar de Cristo, Fundación Súmate, TECHO-Chile, Fondo Esperanza, la Universidad Alberto Hurtado y otras organizaciones vinculadas a la Compañía de Jesús. Allí recibieron la segunda “Cartografía Social de Chile 2025”, que se centra en la necesidad de reconstruir el vínculo y la convivencia.
José Francisco Yuraszeck S.J., capellán general del Hogar de Cristo, abrió la conversación invitando a mirar la pobreza con compasión y a confiar en las capacidades de las personas.

La primera en hablar fue Nancy Soza, microemprendedora de La Florida y parte de Fondo Esperanza. Madre de cuatro hijas, comenzó a emprender para responder a los gastos de colegio y universidad. Hoy trabaja con madera, hace remodelaciones y quiere compartir lo aprendido con otras mujeres.
“No solamente quiero hacer cosas para mí. Quiero hacer talleres para otras mujeres, porque nosotras también nos podemos empoderar teniendo maquinaria y aprendiendo”, contó.
Nancy ha ido comprando taladros, caladoras y sierras. Frente al presidente resumió su intención en una pregunta: “¿Cómo ayudo?”.
Karina Gómez, directora ejecutiva de Fondo Esperanza, explicó que la organización reúne a cerca de 165 mil emprendedores, de los cuales el 80% son mujeres. Kast quiso saber cómo funcionaba esa red. Nancy le explicó que su banca comunal se llama “Feria de Emprendedores”. La conversación abrió incluso la posibilidad de vincular lo que ella sabe con Gilda, sentada a pocos puestos de distancia.

Gilda Cumpa vive en el campamento Dignidad, en Colina. Llegó a Chile desde Perú hace 16 años y representa a 72 familias que buscan una vivienda definitiva. “Tenemos el sueño de la vivienda propia. Sabemos que es difícil, aunque no imposible. Queremos ser parte de la solución y no del problema”, dijo.
Kast reaccionó de inmediato: “Me gustó mucho eso de que quieren ser parte de la solución”.
Gilda explicó que las familias han ahorrado y mantienen su documentación para la vivienda, aunque enfrentan la incertidumbre de un eventual desalojo. Arrendar tampoco es sencillo: cuando ella misma lo intentó, le exigieron acreditar ingresos muy superiores al valor de la casa. “Imagínese al resto de las vecinas que trabajan al día, que no tienen contrato. Para arrendar les piden un montón de requisitos”, planteó.
Kast habló entonces de ordenar los campamentos, distinguir las distintas situaciones detrás de las ocupaciones y buscar alternativas para las familias. TECHO-Chile, que acompaña a su comunidad, trabaja en 105 campamentos de diez regiones.
El tercer testimonio fue el de Diego San Martín, de 21 años, estudiante de Fundación Súmate. Había abandonado el colegio durante la adolescencia y pasado por 10 distintos establecimientos educacionales. En Puerto Montt, específicamente en Los Muermos, asistió a un aula de reingreso educativo, apoyada por Fundación Súmaye. De regreso en Santiago, llegó a la escuela de reingreso Padre Álvaro Lavín, en Maipú.
“Llegué con problemas emocionales, no quería seguir estudiando. Allá me apoyaron; los profesores hicieron un trabajo increíble conmigo”, contó.

Kast comenzó a reconstruir con él ese recorrido: le preguntó hasta qué curso había llegado, por qué había dejado el colegio y qué había encontrado en Súmate. Diego reconoció que volver a estudiar tampoco fue fácil. Tuvo problemas para adaptarse, pero recibió apoyo y decidió intentarlo nuevamente. Hoy está cerca de terminar tercero y cuarto medio este 2026 y de egresar con conocimientos de gastronomía.
“Es importante que no nos quedemos atrás los jóvenes que no hemos terminado cuarto medio. Hay muchos jóvenes con una mente brillante y les falta ese empujoncito”, dijo.
Uno de los capítulos de la “Cartografía Social de Chile” se titula precisamente “Volver a estudiar, volver a confiar”.
Nicolás Pedemonte, editor de la publicación, recogió las tres historias para explicar el sentido del trabajo. Chile, señaló, ha hablado mucho de “ordenar la casa”. El desafío ahora es conseguir que esa casa sea también un hogar, donde las personas puedan sentirse parte, escuchadas y reconocidas.
La primera dama, María Pía Adriasola, llevó esa reflexión a las relaciones cotidianas. Habló de una sociedad donde incluso la amabilidad despierta sospechas y cuesta creer que alguien pueda ayudar sin esperar algo a cambio. “Lo que más nos falta hoy día es poder constituir confianza. Ahí está el mayor desafío de todos”, señaló.