Sergio Evaristo Valdés (82) parece la encarnación de aquel “caballero de fina estampa” que inmortaliza el célebre vals peruano. Jubilado, curioso e inquieto, visita regularmente el Centro Cultural La Moneda, a pesar de vivir en La Florida, lejos del centro de Santiago.
Fue el ganador de una gift card de 100 mil pesos y de un galvano que reconoció la calidad de su caligrafía. Su texto llegó a través del buzón instalado especialmente para la convocatoria en el Centro Cultural. Porque Sergio es, como él mismo se define, un “escribiente”.
En tiempos en que lo manuscrito ha sido superado por lo que surge de teclados y pantallas, uniformando la identidad que hay detrás de la letra escrita, él se mantiene intacto el hábito de escribir con lápiz y papel. Una práctica que está comprobado es como una verdadera “gimnasia mental”, que aleja el estrés, protege contra el Alzheimer y conserva la motricidad fina de los adultos mayores. Con el propósito de valorar esa práctica, el Hogar de Cristo convocó a un concurso de caligrafía para elegir la mejor letra entre todos los textos recibidos. Llegaron 46 trabajos; solo seis fueron escritos por hombres.

Dice que siente casi como una epifanía el haber ganado nuestra convocatoria Lánzate a Escribir, qiue premió su elegante y cuidada caligrafía. Conoce a Sergio Evaristo Valdés leyendo su entrevista.
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El de Sergio Evaristo Valdés fue el escogido por un jurado especializado.
Una fría mañana de jueves nos espera, vestido de punta en blanco, con traje, camisa y corbata, en la casa de Recoleta donde vive su hijo, Sergio Valdés II, y sus dos nietos, además de su esposa Sandra. Con sus expresivos ojos azules muy abiertos, nos explica que quería que toda la familia fuera parte de su logro. Allí, alrededor de una mesa con sopaipillas recién hechas y delicados alfajores, compartimos su orgullo y escuchamos la historia de su vínculo con la escritura.
Cuenta que a los 4 añitos fue cuando por primera vez se despegó de la mano de su madre. “Yo era el más niño y el más regalón de la casa. Fue así como entré a primero básico en una escuela en la población Juan Antonio Ríos, donde vivíamos. Entonces no se iba a kínder ni menos a jardín infantil o sala cuna”.
Ahí comenzó su contacto con una serie de objetos y prácticas que en realidad han marcado su vida.
-La caligrafía empieza con el cuaderno vertical y el cuaderno horizontal. Primero con los palotes, la escritura de las vocales, luego de las consonantes. Recuerdo el “Silabario Hispanoamericano”. El dictado. Los documentos manuscritos. La figura del escribiente.
Cuenta que su padre, quien era contador, sostenía que “la caligrafía era lo importante para el intercambio de información y para que se produjera la comunicación. No existían entonces ni las máquinas de escribir Olimpia ni el progreso de ahora, con los computadores y todo eso. Casi en la mayoría de las oficinas trabajaban a manuscrito, en todos los lugares. El escribiente era importante.

Considera que tener buena letra abre puertas y su vida da testimonio de ellos, Aquí, concentrado en la mesa del comedor de la casa familiar en Recoleta, escribe, concentradoi, estampando su caligrafía.
-¿Tú te consideras un escribiente?
-Llamaban escribiente al que tenía buena letra, clara, legible. Yo, claro, según eso, soy un escribiente.
Su papá, afirma, impulsó a todos sus hijos a cultivar la caligrafía “por su importancia en la comunicación”. Y no eran pocos los que cayeron bajo su influjo:
-Nosotros fuimos catorce hermanos. Tres murieron de pequeños. Al final, llegamos once a la adultez y ahora quedamos nueve. Todos tenemos buena caligrafía. Yo, incluso, le comenté a uno de mis hermanos y le dije que mandara un texto al concurso del Hogar de Cristo. Pero no lo hizo. Como que no le llamó la atención.
Él dejó su escrito, redactado muy formalmente, en el buzón instalado en el Centro Cultural La Moneda. Y ganó. Ahora dice que no puede más de emoción.
-Yo me eduqué en el Instituto Superior de Comercio Número Dos. Y aprendí a redactar de manera precisa y muy formal, indicando el asunto, saludando, agradeciendo.
Para comprender en qué consiste esa formalidad de la que hablamos reproducimos aquí parte del contenido del texto ganador:
“De: Sergio Evaristo Valdés González
A: Organización Concurso Caligráfico Hogar de Cristo.
Presente:
Honorable cuerpo recepcionista de los trabajos en cuestión.
Con sumo placer me adhiero a la tarea en concreto”.
Luego de entregar sus datos de contacto, se despide así: “Dios proteja a Ud.”.

Redacción comercial bien aprendida es la que inspira el texto de presentación de Sergio Evaristo Valdés.
Ahora se ríe. “Ese tipo de redacción comercial no se olvida. Fórmulas como su seguro servidor son parte de mi estilo”, explica y ahora escribe en su cuaderno saludos al Hogar de Cristo que terminan con un “Atentamente, yo”.
-Además de la redacción formal, ¿nunca has explorado en ficción? ¿Escribir cuento, novela?
Sergio siempre sorprende. Nos habla de un libro que publicó sobre las viviendas básicas que se empezaron a construir en Chile después del terremoto de Chillán. No tiene un ejemplar a mano, pero nos dice que lo busquemos en internet. Que ahí está.
Luego, a medida que se va soltando, nos canta una cumbia de su autoría, que, afirma, fue grabada en México: “Se llama La Cumbia de la Tomasita”. Nos sugiere buscarla en Youtube. Y se larga a cantarla a capella.
Y entra en escena su hijo Sergio Valdés II, quien interpreta boleros de Lucho Gatica, maravillosamente. Acompañado de su guitarra, interpreta “Bésame mucho”. Si cierras los ojos, es como si estuvieras escuchando al famoso bolerista chileno. Y Sandra, la madre de Sergio II, nos dice que ella lleva a su hijo a cantarle a adultos mayores con problemas de memoria, porque no hay nada que active más los recuerdos que la música.

Sandra, la mamá de Sergio Valdés hijo y el padre, Sergio Evaristo Valdés González, el escribiente, ganador de nuestra convocatoria que premió su elegante caligrafía.
Aplaudimos todos. La interpretación y el que nos encontremos con una familia sorprendente. Creativos, sensibles, artistas, atentos a lo que los rodea.
Fue justamente Sergio hijo quien le comentó a Sergio padre que mandara un manuscrito a la convocatoria del Hogar de Cristo, donde, sin ninguna pretensión, resultó ganador.
Ahora se declara feliz y absolutamente conmovido.
Nos responde así nuestra última pregunta:
-¿De qué me ha servido tener buena letra? Ha sido siempre mi tarjeta de presentación. La primera vez que salgo al mundo del trabajo, me llevan al Ministerio de la Vivienda a ver si podía hacer ahí mi práctica contable. Había como 20 escritorios en una oficina donde hoy con suerte habrá uno. Ahí me pidieron que de acuerdo a una nómina llenara unos cheques de pago. ¿Eres capaz? Lo hice y quedé de inmediato. Por la letra. En el Ministerio de Salud, los médicos me pedían que les escribiera papelógrafos con datos para sus presentaciones. Después vino un tiempo muy político en que distintos candidatos le solicitaban les escribiera sus afiches para todo tipo de elecciones. En una frase y es perfectamente así, digo que la buena letra ha sido mi carta de presentación.