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Mercedes Ruiz: “Me la regalaron en un prostíbulo”

Se refiere a la hija que adoptó y sumó a los 3 biológicos que tenía. Lo hizo, pese a su pobreza, convirtiendo una historia improbable en una familia. Corista evangélica, sobreviviente del incendio de Lirquén, beneficiaria de la generosidad del Pailita, hoy reconstruye su vida con apoyo del servicio de Primera Respuesta del Hogar de Cristo. Su relato ilumina.
Por Ximena Torres Cautivo
Marzo 30, 2026

Burdel, lenocinio, prostíbulo.

Mercedes Ruiz (78), mujer religiosa, nacida y criada en el culto evangélico, “corista”, como dice ella, en su templo. Como voz y guitarra en los servicios religiosos de su iglesia, se complica con la palabra y sus sinónimos, pero nunca se hizo atados ni fue prejuiciosa para sacar adelante a su familia, lavando las sábanas del más famoso de los prostíbulos de Lirquén.

Esa es la historia que nos empieza a contar en su flamante casa de emergencia, que le regaló el cantante urbano Pailita, luego de que el 18 de enero pasado perdiera su vivienda a causa de las llamas en los incendios que arrasaron Lirquén alto.

—Yo lavaba ajeno —recuerda, como quien exhibe un título profesional.

Mercedes Ruiz junto a Javiera Soto, monitora del servicio de Primera Respuesta del Hogar de Cristo. La casa de emergencia con que contó a pocos días del incendio se la regaló el cantante urbano Pailita.

Orgullosa de haber colaborado con la mantención de su casa y de sus cuatro hijos, de los cuales una no es biológica, sigue con su relato: —Tuve tres. Uno murió y la cuarta me la dieron en el prostíbulo. Fue un regalo. Tenía poco más de dos meses y mi marido no se opuso. Ahí era muy común que las niñas se embarazaran y luego regalaran sus guagüitas. Hoy esa criatura es una más de mis hijos.

Temucana de nacimiento, cuenta que llegó con su familia a Lirquén, después de que su padre probara suerte en Chillán como trabajador en el campo. Finalmente, obtuvo empleo en la antigua empresa de agua potable en la comuna de Penco.

No era una vida fácil. Mercedes era una entre 14 hermanos. “Cuatro murieron, quedamos 10. Éramos muchos, igual. Entonces la gente tenía muchísimos hijos”. Algo común en esos años, tal como nos contó Luis Cifuentes. 

 EL “CUICO” DE PAILITA

Pese a las dificultades económicas, logró llegar hasta sexto año básico.

“Me encantaba el colegio, pero no pude seguir yendo. Hoy leo y escribo. No libros, pero sí diarios y revistas”.

Luego se casó con un trabajador del puerto de Lirquén, de quien enviudó hace 15 años, después de 47 de matrimonio.

—Mi marido trabajó 43 años en el puerto. Nos tocó una etapa en que aquí había mucho trabajo y, por lo mismo, mucho hombre gastando en prostíbulos. Yo lavé harto ajeno, desde jovencita. A mano, en artesa, yendo a buscar el agua a un pozo que había abajo.

Después se casó por las dos leyes. “Cuando uno es evangélica no puede irse a vivir así no más”. Así llegaron los hijos, incluida la guagüita de la que se hizo cargo.

“Nunca he podido ver sufrir a un niño. Le compraba leche en polvo y se fortaleció. Se crio bien. Al crecer, le dimos estudios. Ella terminó su cuarto medio. Hoy ya tiene 40 años”.

Mercedes vive sola, pero sus hijos están cerca.

Cuando se produjo el incendio, estaba cantando en el templo con su hija. Cuando eran las nueve de la noche y empezaron a subir hacia la casa, se dieron cuenta de que no había nada que hacer: se habían quedado en la calle, sin nada.

Aquí, la abuelita Meche, Mercedes Ruiz, con su benefactor, el cantante urbano Pailita, en una suerte de galvano con forma de vivienda de emergencia que honra la donación.

Al día siguiente empezó la limpieza. Era un quehacer frenético.

Hasta ahora le maravilla “la cantidad de juventud que llegó a colaborar, a limpiar, a sacar escombros. Eran jóvenes que no tenían ni un lazo familiar con la gente de acá, pero que vinieron a ayudar”.

Entre ellos estaba Pailita.

Carlos Javier Raín Pailacheo es uno de los cantantes y compositores de música urbana más reconocidos de Chile. Nacido el 4 de febrero de 2000 en Punta Arenas, ha logrado consolidarse en la escena musical nacional con ritmos como el trap y el reguetón.

—¿Te gusta su música, Mercedes?

—No. No es lo mío, pero me gusta él. Su generosidad. Su apoyo a los que sufren, a los pobres, siendo él “un cuico” —susurra con el mismo cuidado con que dice prostíbulo.

—¿Un qué?

—Un cuico —responde, precisando, en voz baja, que “así le decimos por acá a los ricos. Pailita es rico, es cuico y ayuda a los pobres. Por eso me acerqué a felicitarlo por cómo lo había visto ayudar sábado y domingo ese fin de semana, cargando latas y escombros. Era admirable. Encontré que alguien debía agradecerle a nombre de toda mi población, asumpi la tarea y me acerqué a él”.

 QUÉ ES PRIMERA RESPUESTA

Mercedes Ruiz es una de las 200 personas seleccionadas por el equipo de la trabajadora social Fanny Arriagada para ser beneficiarias del servicio de Primera Respuesta que desplegó el Hogar de Cristo, a partir de marzo, en la comuna de Penco, particularmente en Lirquén.

El 23 de marzo ya estaban trabajando con un centenar de familias, entre ellas Mercedes.

Como explica Fanny, se ha priorizado a personas mayores, cuidadoras de familiares con algún grado de dependencia y familias con niños pequeños, especialmente jefas de hogar.

El apoyo se organiza en dos líneas complementarias: una que entrega información práctica sobre las ayudas estatales disponibles, acompañando y orientando en esos procesos; y otra que ofrece contención emocional y psicológica a quienes, tras la tragedia, enfrentan estrés, agotamiento y la pérdida de sus hogares.

Por eso, esta Primera Respuesta se define como un apoyo psicosocial.

Fanny lidera las duplas que recorren los territorios entregando estas orientaciones.

A la casa de Mercedes nos acompaña Javiera Soto, monitora titulada de trabajo social, que no disimula su simpatía y cariño por la corista evangélica.

—La señora Mercedes es una mujer tan power. Me impresiona su vitalidad —dice, mientras acomodamos el auto a la orilla de una curva imposible que se encarama por el cerro, en una población que bien merece su nombre: Vista Hermosa.

LA GUITARRA Y EL SEPU

La casa de Mercedes tiene una impresionante vista de la bahía de Lirquén. La que se quemó —mucho más grande— y la nueva, de emergencia, que le regaló Pailita, contrastan en su memoria. Esta última parece una cabaña de cuento infantil.

—Yo fui la primera a la que le regaló una vivienda de emergencia. Cuando me acerqué a felicitarlo, él me dijo que al día siguiente la tendría lista en mi sitio, que él mismo me la traería. Yo no le creí. Cómo iba a hacer algo así. Pero lo hizo. El fin de semana vino a visitarme y me llevó a comer. Comimos empanadas de mariscos. Me dijo que yo le recordaba a su abuelita muerta.

Hablamos dentro de la cabaña. El interior requiere todavía trabajo importante. Por eso, es razonable que el sueño inmediato de Mercedes sea “tener mi casa forrada por dentro cuando llegue el invierno”.

—¿Es muy helado Vista Hermosa?

—Yo me quiero apurar por eso. Tener esto bien sellado cuando llegue el invierno, que aquí es duro, muy duro. Húmedo y lluvioso. Lo peor son los vientos.

Javiera interviene:

—También sueña con una cocina a leña, porque las a gas no le gustan tanto.

—Toda mi vida he cocinado en cocina a leña. Puede que a gas sea más cómodo, pero nada reemplaza el fuego del hogar, que sirve para cocinar y para mantener adentro calentito. Y el agua siempre lista para el mate —se justifica Mercedes.

Agradecida de Pailita, del apoyo del Hogar de Cristo y de personas que le han regalado muebles nuevos, Mercedes disfruta contando sobre la bondad de quienes ayudan.

Ahí recuerda “a ese joven de la tele al que le dicen el Sepu”.

En medio de la cobertura frenética de matinales y noticieros, cuando los focos del incendio no terminaban de apagarse, el periodista apareció en su casa.

—Me preguntó cuál era mi peor pérdida. Y yo le hablé de mis perritos, que se extraviaron, arrancaron y no han vuelto. Y de mi guitarra quemada, hecha cenizas. Eso me dolía mucho. “Pida que le regalen una. No pierde nada”, me dijo. Al final de la transmisión, me habían regalado dos. Claro que la mía era una Tizona. Esta es buena. A ver, déjenme afinarla —pide, después de limpiarla religiosamente con un pañito.

Mercedes Ruiz sorprendió al equipo de Primera Respuesta al desempolvar la guitarra y tocar y cantar unos coros para nosotros. Una mujer realmente power, como dicen quienes la conocen.

Y, para sorpresa del equipo de Primera Respuesta, acepta cantar algo. “Unos coritos”. A ellos les había dicho que no canta fuera del templo, pero, al parecer, el calor de la conversación le permitió hacer una excepción.

—Diecisiete templos se quemaron en Lirquén, y varias parroquias católicas también —reflexiona después del canto—. Pero cantamos igual, seguimos para adelante. La fe y, sobre todo, la solidaridad nos sostienen -cree Mercedes Ruiz.