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Alex Valenzuela:

“La hospedería es la última puerta que una persona debería tocar”

El jefe de la hospedería para hombres más grande del país, Alex Valenzuela, despeja mitos respecto a las personas que llegan a pernoctar cada noche en este lugar: “No están aquí porque quieran sino porque no tienen otro lugar. Esta es la última puerta que una persona debería tocar, primero están las redes, la familia y los amigos, y cuando no queda nada, estamos nosotros, el Hogar de Cristo”.

Por María Teresa Villafrade

 

En sus 22 años de experiencia trabajando en la Hospedería Padre Álvaro Lavín del Hogar de Cristo, ubicada en el tradicional Barrio Yungay del centro de la capital, en Esperanza 1125, Mario Alexis Valenzuela (49), a quien todos llaman simplemente Alex, ha sido testigo privilegiado de los cambios en las políticas sociales y principalmente en la mirada que se tiene de las personas en situación de calle.

“Yo creo que se ha avanzado, pero nos pasa que existe esta especie de juego de cambios de gobierno que hace retroceder lo avanzado en un buen proyecto de calle y se van estancando todas las buenas ideas. Existe una voluntad de querer mejorar en las instituciones públicas pero muchas veces se visualiza solamente en invierno. Lo bueno es que nuestra Fundación tiene una mirada integral y ha estado preocupada de contar con mejores equipos, entregando las capacitaciones necesarias a todos los que trabajamos aquí”.

Su propia historia está marcada por una experiencia de superación –la misma que ha visto en muchos de los usuarios que ha conocido- en la que ha aprovechado todas y cada una de las posibilidades que el Hogar de Cristo le ha dado: “Es algo que agradezco en lo personal y por eso siempre motivo a mis compañeros para que también se capaciten, porque es necesario”.

Alex tenía 26 años y sólo cuarto medio cuando llegó en 1996 a la hospedería para un reemplazo de dos días. “Apenas se generó una vacante, en 1998, postulé y quedé contratado como asistente, labor que desempeñé por una década. El Hogar de Cristo me ofreció una beca para estudiar técnico en administración en drogodependencia en la Universidad Central y acepté feliz porque quería aprender más y superarme. Me titulé y luego pasé a ser coordinador de la hospedería y junto a mi jefa, Vilma Gálvez, aprendí todo lo que sé del trabajo en calle, me enamoré de mi trabajo”.

Hace exactamente cuatro años que Alex la reemplazó en la jefatura cuando ella asumió un nuevo cargo en la fundación. Desde entonces, él no ve su vida en ningún otro lado: “Es una pega desafiante, motivadora, todos los días aprendes cosas nuevas y mis compañeros, al igual que yo, estamos muy comprometidos con las personas a las que atendemos día a día”, dice.

QUERER Y COMPROMETERSE CON EL OTRO

Recuerda que en 2011, el Ministerio de Desarrollo Social comenzó con el programa Noche Digna y el Plan Invierno para evitar que las personas en situación de calle muriesen de frío durante el invierno, razón por la que se habilitaron albergues, algunos muy masivos como el del Estadio Víctor Jara, con capacidad para 350 personas diarias. Alex cuenta que todos ingresaban “en estado natural”; es decir, con mucho consumo y él tenía a su cargo a 20 monitores.

“Fue un trabajo muy desgastante. Recuerdo que en mi primer albergue estuve trabajando de corrido 86 días de un total de 90 que estuvo habilitado. Desde las cuatro de la tarde hasta las tres de la mañana. Esta experiencia me sirvió para comprender lo importante que es nuestra misión, la del Hogar de Cristo, de querer y comprometerse con el otro. Para mí fue una excelente escuela, porque comprendí la dinámica de la situación calle de manera más profunda. Hay quienes tienen la percepción errada de que a ellos les gusta vivir en la calle, que no quieren trabajar y que quieren todo gratis. Los albergues y la hospedería me han enseñado que se requiere mucho más trabajo para que la persona pueda suspender, más que superar la situación de calle”.

-¿Cuál es el objetivo principal de la hospedería?

-Como hospedería no buscamos que la persona cambie sino que recobre las habilidades sociales que una vez tuvo en su vida. Creemos que la situación de calle es transitoria, la gente no está acá porque quiere sino porque no tiene otro lugar, yo siempre digo que esta es la última puerta que uno debiese golpear en su vida, primero están las redes, la familia y los amigos, y cuando no queda nada, estamos nosotros, el Hogar de Cristo. He entendido que uno no es muy diferente de los demás, ni de las personas que comparten esta hospedería ni de los que trabajan aquí. Eso es lo que me enamora del trabajo, nuestras historias y trincheras pueden ser distintas pero no somos tan diferentes. El respeto que uno logra, es porque les hacemos entender que todos estamos en las mismas.

-¿Hay casos de éxito?

-Lamentablemente en esta área no tenemos toda la retroalimentación que quisiéramos con las personas que han estado en la hospedería, pero sí he visto a muchos con quienes me he topado por la vida que hoy están súper bien y de repente pasan a vernos. Casos de personas que han recobrado sus familias, su trabajo, como, por ejemplo, el de Nelson Ilabel, un joven que llegó a este barrio escapando de La Granja. Tenía un problema de adicciones y lo apodaban “El Chicha”. Fue mi primera experiencia de acompañamiento junto al equipo en su proceso de rehabilitación en la comunidad terapéutica ambulatoria Talita. Hizo un proceso de casi dos años. Nelson lleva más de 5 años viviendo fuera de la hospedería y es voluntario nuestro. Nos ayudó mucho durante la explosión social, porque vive cerca en una pieza que arrienda. Costaba que los compañeros llegaran y él venía a servir la cena. Actualmente postula a un Fosis, tiene pareja y un puesto en la feria libre. Su testimonio es muy motivador para todos.

La hospedería Padre Álvaro Lavín tiene capacidad para 120 personas y durante el estallido social aumentó a 140 a raíz del toque de queda. Hombres entre los 18 y 50 años, en su mayoría como promedio de edad. “Los chiquillos fueron muy responsables con ellos mismos, no acudieron a saqueos ni nada por el estilo. Participaron con entusiasmo en los cabildos hace dos años y en los Círculos Territoriales, porque se interesan y tienen opinión bien potente. La semana pasada tuvimos un taller de la Constitución y también se sumaron, lo que te da indicio que las personas que nosotros atendemos son participativos en la sociedad”. Otro mito que se derrumba.

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