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Cristóbal Yessen: Del Sename a campeón del Atlántico

Tenía 7 años cuando se fugó de un hogar del Sename. “Si no hubiese huido quizá estaría muerto. Varios morían por distintas circunstancias; desnutrición o enfermedades sin tratamiento”, cuenta. De eso han pasado 29 años. Hoy es un reconocido boxeador profesional que reivindica los derechos de la infancia, lucha que lo ha llevado a visitar más de 130 residencias de niños, hacer discursos motivacionales, talleres deportivos y masivas colectas solidarias.

Por Matías Concha P.

Fue abandonado cuando tenía pocos meses de vida y quedó bajo la tutela del Servicio Nacional de Menores (Sename). Pasó de centro en centro durante años. “En aquel período éramos la basura, así nos trataban y así nos decían también”, recuerda. Revela que luego de su huida, se encontró solo en la calle. “Estaba aterrado. Pero ya no podía volver; eso significaba una dura golpiza y ser privado de alimentos, pero créanlo: me sentía más cuidado en la calle que en el mismo hogar”.

-¿Cómo recuerdas la vida en el Sename?

-Era solo angustia, cada actividad se transformaba en un castigo, por cualquier situación, así lo recuerdo. Llegar a la institución implica un congelamiento de sentimientos, no tienes cariño, menos preocupación por fechas significativas, como tu cumpleaños, te vuelves duro, no te conectas con nada. También vi mucha violencia, un montón de situaciones que son gravísimas.

-¿Cómo cuáles?

-Te dejaban sin comida, te pegaban lumazos, te encerraban, era como estar en la cárcel. Nunca olvidaré cuando cachetearon a un niño hasta dejarlo sangrando, solo porque se demoraba en contestar. Aún no sé si sabían que él tenía una discapacidad en el habla, creo que era tartamudo.

Su historia parece sacada de una novela de Dickens. “Estamos hablando de tiempos de dictadura, muchos de los que llegaban ahí eran niños que quedaron huérfanos producto de la violencia de Estado”. Mientras callejeaba para sobrevivir, conoció a un hombre que trabajaba en una piscina municipal. Lo dejaba entrar sin pagar y le daba comida. Su nombre era Claudio. Un día, Cristóbal se enfermó de otitis. Tenía la cara hinchada y secretaba pus por la oreja. Claudio lo llevó a su casa para que se recuperara. El niño nunca se fue y tomó un nuevo apellido para comenzar una nueva historia: Yessen.

A los 22 años,  su vida dio un giro en 180 grados. Mientras caminaba por Viña del Mar junto a su ex pareja, Nicole, fue asaltado. No poder hacer nada, lo hizo tomar una decisión: se metió a una escuela de boxeo. “A los 6 meses estaba peleando y ganando un campeonato de novatos amateur. Luego, y porque tengo familia en Argentina, me fui a desarrollar a Córdoba. Ahí aprendí mucho sobre todo la labor social que un deportista debe cumplir”.


-¿Un deportista debe cumplir una labor social?

-Así lo entendí cuando volví al CREAD (Centro de Reparación Especializada de Administración Directa) Pudahuel, que fue desde donde escapé, por la carta que me envió un niño de ahí. Fue en ese momento en el que comencé a recorrer hogares. En algunos hice talleres deportivos; en otros, charlas, pero siempre gratuitos. Hoy me siento afortunado de haberme escapado. Comprendo al niño o niña que escapa, quizás si me hubiese quedado en el hogar, estaría muerto –repite.

-Vivir experiencias así de violentas debe dejar huella.

-Por supuesto, pero mi familia fue capaz de convertir todo mi daño en recuperación. Recuerdo que el primer año no me enviaron al colegio, en cambio me mandaron a siquiatras, psicólogos, neurólogos, se gastaron la vida entera para armarme de nuevo. Eso me ayudó, es que tú llegas destrozado, con suerte de estar vivo.

El 31 de octubre de 2015, Cristóbal derrotó al argentino Franco Roldán, coronándose como campeón de la Organización de Boxeo Atlántico (ABO). Su historia e ímpetu siguen inspirando a niños que han experimentado sus mismas vivencias, quienes reflejan en él sus deseos de superación. “Hoy mi mayor logro no es el boxeo, porque no hay cinturón de campeón que compense el aportar en la vida de un niño o niña abandonada. Una vez fui y había más de cien niños y nadie me escuchaba. Después, frente al micrófono, dije: ‘Yo estuve aquí’. Todos me pusieron atención”.

-¿Qué tan difícil es ganarse la confianza de muchachos que, por la vida que han llevado, dudan de todos?

-Un caso en particular fue bien fuerte, tuve un encuentro muy especial con Cristóbal Cabrera, hice todo lo posible para que él se integrara a uno de mis programas de apoyo en reinserción social, haciendo deporte, envié cartas al magistrado, se empezó a tramitar su salida, inclusive lo iba a apadrinar, todo. Pero Sename decidió entregarlo al programa de libertad asistida, porque ellos no entienden la lógica de que alguien se puede rehabilitar sin pagarle a otra entidad. Y, bueno, así es como terminó la cosa. A la semana que Cristóbal salió en libertad estaba muy mal, pésimo.

El joven que Cristóbal menciona es un muchacho de 22 años a quien la prensa ha estigmatizado como el “Cisarro”, un niño que a los 9 años ya había participado de dos robos con violencia junto a dos amigos. “Sename lo volvió a meter en la misma mierda de dónde lo sacamos”.

-¿Por qué crees que después de tanto años sigue la violencia?

-Es que una gran parte del Sename se sustenta en la vulneración, se retroalimenta de ella. Hace no tantos años la PDI envío un informe a la directora en que decía que más de doscientos centros tienen condiciones paupérrimas. A los niños no los cuidan en la noche. ¿Cómo piensan detener los abusos sexuales al interior de las residencias?, ¿cómo piensan detener las muertes? Todas esas medidas, que son lógicas, no se toman.

Así lo confirma un lapidario informe de la PDI que en 2017 investigó 240 hogares de menores. En el 100 por ciento de los centros que administra el Sename y en el 88 por ciento de los gestionados por particulares se constataron 2.071 abusos, 310 de ellos con connotación sexual. Tan grave como lo anterior es que el informe policial fue entregado a la Fiscalía en diciembre de 2018 con copia al gobierno, pero no se hizo público.

-¿Has conocido residencias donde se haga bien la pega?

-Por supuesto, he constatado instituciones que trabajan muy bien, y son lugares que no tienen ni un cuarto del presupuesto que tienen otras instituciones, como Corporación Opción, que se lleva más del 60% del presupuesto anual del Sename. Eso es una cuestión tremenda que no se habla. ¿Y el resto? Hay otros hogares que tienen que hacer colectas permanentes para funcionar.

En junio de 2020, la Sala de la Cámara de Diputados aprobó el informe de la comisión mixta que resolvió las discrepancias entre la Cámara y el Senado en torno al proyecto que crea el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, que busca dejar atrás al Servicio Nacional de Menores (Sename).

-¿Qué opinas del proyecto que busca eliminar al Sename?

-La propuesta es un cambio sin profundidad. Es lo mismo pero con otro nombre, no cambia el sistema de financiamiento; no cambia a las instituciones administradoras del sistema, no cambia nada, esto es gravísimo, tú no puedes dejar a instituciones que han sido acusadas de crímenes de lesa humanidad al cuidado de niños.

-¿Cómo debería funcionar?

-En Holanda hay un sistema que sí funciona, que logró dejar atrás la lógica de seguir con los orfanatos. Hoy en día todos los estudios más serios van en ese camino. Lo que se busca es potenciar el sentido de pertenencia, manteniendo lo más posible a los niños con sus familias, evitando el desarraigo. Esto sí se hace en Chile, pero no con los niños que están en el Sename, como ellos son pobres, no se hace el esfuerzo. No está esa voluntad.

Casi 30 años después de la huida de Cristóbal, las cosas no han cambiado gran cosa. La Primera Auditoria social a los 11 centros de administración directa (CREAD) del Sename, entregada en 2018, revela que un 34 por ciento de los niños y adolescentes no van al colegio; un 44 por ciento tiene retraso escolar; un 58 por ciento presenta problemas de salud mental y un 48 por ciento tiene consumo problemático de alcohol y drogas.

El 28 de octubre de 2019 Cristóbal fue detenido por carabineros y según consta en la querella que presentó, uno de sus ojos sufrió una lesión que casi le quita la visión parcial y sus manos fueron pisoteadas para que no pueda boxear. “Mi único llamado ahora, después de tantas cosas, es que dejemos los discursos, salgamos de la indignación. Si marcho, si levanto una bandera, si me subo al cuadrilátero, es por los niños pobres”.

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