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El argentino que lleva ópera a los hospitales: “Necesitaba transformar ese dolor en algo positivo”

Cuando la talentosa flautista de la Orquesta Nacional de Música Argentina, María Eugenia Rubio, no pudo tocar más porque el cáncer le estaba quitando la vida, su novio, el chelista Jorge Bergero reunió a sus colegas para ir a tocar a la clínica donde ella estaba en tratamiento.

Por Matías Concha.

“Pasó que todos los pacientes, muchos de ellos en etapa terminal, incluida María Eugenia. Comenzaron a cantar con nosotros. De pronto estábamos haciendo lo mismo que hacemos profesionalmente en el teatro, pero con un conexión mucho más profunda con la gente”, cuenta Jorge.

La emoción que sintió ella y los demás enfermos fue tan potente, que Bergero no dejó nunca de llevarles música. María Eugenia falleció en 2011, pero las presentaciones no pararon.

-¿Ella te pidió que continuaras con Música para el Alma?

-No, sus últimos momentos fueron muy difíciles, estaba con mucho dolor. Más que hablar, alcanzó a vivir con mucha intensidad los conciertos. Estoy seguro que intuía que esto seguiría cuando ella no estuviese.

-¿Qué te hizo seguir adelante con la música?

-Necesitaba transformar ese gran dolor en algo positivo, donde aún la sintiera a ella. También fue importante el primer concierto que hicimos después de su partida. Habíamos ido a un colegio de niños ciegos en Santa Cecilia, y como los niños tenían el oído súper desarrollado y además amaban la música, se dio un momento mágico: una de las alumnas le pidió a uno de nuestros violinistas acompañarlo en el piano, fue muy emocionante para todos verlos hacer música juntos.

Así nació “Música para el alma”, una iniciativa promovida por músicos profesionales que tocan en la Orquesta Sinfónica Nacional y la Filarmónica del Teatro Colón en Argentina, para llevar música clásica a hospitales, escuelas de educación especial, geriátricos y otras instituciones.

-Las clínicas son lugares silenciosos, fríos. ¿Cómo reaccionan los pacientes cuando llegas con ópera?

-Me acuerdo de un caso en particular en Chile, donde previamente fuimos a hablar con la persona a cargo para que nos diera permiso, nos dijo: “Ustedes van a tener que tocar afuera porque acá hay gente muy enferma que necesita silencio”. Bueno, el cuento es que terminamos tocando en terapia intensiva, los mismos médicos, los pacientes, los familiares, todos, nos pedían que entráramos.

-Debe funcionar como una catarsis…

-Es increíble, porque, cuando uno entra, la atmósfera del lugar es triste, muy fría, pero, de pronto, se transforma. Hay gente que no ha dormido en días o está con mucho dolor físico, y el contacto con la música les permite hacer su catarsis, llorar, reír, cantar, hasta bailar. La música en vivo transmite una energía muy sanadora, y en nosotros también produce una conexión muy profunda porque va más allá del resultado, de lo que suena, es simplemente estar presente a través del arte, y eso genera una conexión muy especial.

Para cada intervención artística, donde participan aproximadamente 60 músicos profesionales, los miembros del proyecto se encargan de hablar con las autoridades del hospital y avisan de la realización de la actividad para evitar ser invasivos. Al final de cada concierto, incluso los niños participan de la experiencia con unos pequeños violines.

-¿Alguna vez se quejó un paciente?

-Aún no nos ha pasado, porque no es algo invasivo. También hemos ido aprendiendo, desde normas de seguridad hasta adecuar el volumen de la música, nunca ocupamos instrumentos amplificados. Por ejemplo, a los bebes no se les puede subir el volumen porque tienen un umbral auditivo más bajo, cosas así.

-Seguramente, la música también les sirve como terapia a las enfermeras y a los doctores. ¿Cómo los reciben ellos?

-Hemos tenido médicos que se han puesto a cantar “O sole mío” o enfermeras que se han puesto a bailar el vals de La Traviata. Hay pacientes que a pesar de estar muy graves, después del concierto nos dicen: “Ustedes no saben con la alegría que voy a ir a la operación mañana”.

-¿Alguna vez saliste afectado de un concierto?

-Muchas veces me he conmovido profundamente, sobre todo al comienzo, una vez en el Hospital Garrahan de, Buenos Aires, me dijeron: “Tenés que venir a tocar para un chico que está muy mal”. Cuando lo vi fue muy fuerte… por dentro me quebré, quedé como congelado. Entré a su cuarto con tres compañeros músicos, nos pusimos cerca de su cama, empezamos a charlar un poco y a los cinco minutos, esa situación que se había presentado tan difícil, pasó a segundo plano, como que nos olvidamos de la pena y comenzamos a hacer música todos juntos. Después, su mamá nos dijo que hacía mucho tiempo no lo veía tan despierto.

A 7 años del primer concierto, la música se ha expandido a 10 países en tres continentes: Argentina, Uruguay, Bolivia, Chile, Perú, Paraguay, Ecuador, Italia, Francia e Israel. “Cada vez más músicos se han ido uniendo, cuando partimos éramos 50, hoy ya somos más de 2.500 músicos alrededor de todo el mundo”.

-¿De dónde sacan el financiamiento?

-Todos los viajes que hemos hecho han sido con ayuda. En Chile nos ayudó un empresario, Eduardo Ergas, él nos pagó todo en el primer viaje. Fue una ayuda tremenda porque después de ver el primer concierto en el Hospital Luis Calvo Mackenna, nos dijo re emocionando: “El año que viene lo vamos a hacer en más ciudades”. Así fue como en 2015, además de Santiago, estuvimos en Concepción y Temuco.

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-¿Sueñas con una red mundial de música solidaria?

-Ese siempre ha sido mi sueño. En nuestra página web tenemos digitalizadas todas nuestras partituras para que los músicos pueden descargarlas, también hemos hecho tutoriales de cómo organizar estos conciertos, todo a disposición de cualquiera. El único compromiso es que sea gratuito. En Concepción, la violinista Pamela Astorga, ha hecho conciertos después de que fuimos nosotros. En Temuco los músicos se han organizado para seguir haciendo presentaciones gratuitas. Lo importante es que en las tres ciudades que estuvimos, de algún modo la música ha continuado.

-Lograste convertir la pérdida en una causa por los demás. ¿Cómo se logra algo así?

-Hay muchas maneras de atravesar un dolor, a mí me sirvió transformar ese dolor en algo positivo, como un homenaje a ella. Yo conozco a una mamá de acá en Argentina, que perdió a su hija de cinco años por un cáncer, y en homenaje a su niña creó una biblioteca pública para que todos los niños se puedan acercar a leer libros gratis. Empezó con muy poquito, y ahora, cientos de niños van todos los sábados a leer libros gratuitos.

-¿Qué crees que te diría María Eugenia si viera todo lo que has creado?

-Seguramente me retaría un poco –confiesa riendo- porque era bastante tímida, quizás le daría una poca vergüenza ver que su foto está circulando en todos los diarios del mundo, pero también creo que se emocionaría, estaría feliz, orgullosa de la música que nació de ella.

Fotografías: Agustín Benencia. 

#Involúcrate, transforma el dolor en una causa por los demás, acá 

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