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Jetzibel en el Valle de Azapa

Es venezolana. Cruzó la frontera con un hijo en brazos. Acá armó familia, tuvo una niña y se convirtió en apoderada del Jardín Infantil Granito de Arena del Hogar de Cristo, que queda junto al Agro, el mercado de Arica, donde la migración es parte del paisaje. Un tercio de los 68 asistentes al establecimiento son hijos de extranjeros, mujeres solas muchas. Dada las circunstancias, es revelador leer su testimonio como madre y migrante venezolana en Chile. Hoy, sabemos, regresó a su país.
Por Ximena Torres Cautivo
Enero 5, 2026

Durante 2021, en Arica las auto-denuncias de extranjeros por ingreso ilegal aumentaron al doble respecto de 2020.

La venezolana Jetzibel Estévez (30) es una de esas migrantes que hizo el trámite de auto-denuncia hace ya casi cuatro años, que es el camino recomendado para regularizarse en el país. Pero a fines de 2023 seguía esperando por sus papeles.

Hasta entonces seguía siendo ilegal en Chile.

La joven madre entró a nuestro país en 2019, caminando durante 15 días desde Perú, donde vivió un año. Venía con Iván Pacheco, su hijo mayor, hoy de 9, quien nos muestra el amplio y polvoriento sitio donde arriendan piezas. Dos higueras monumentales, cargadas de frutas, conviven con árboles de mango y papayos. Hay también una porqueriza, que a la hora del calor, despide un olor nauseabundo.

Su segunda hija es chilena de padre cubano. A fines de 2023, la migrante venezolana Jetzibel Estévez era apoderada del Jardín Infantil Granito de Arena.

“La fruta y los animales, los cerdos y las gallinas, son del dueño del sitio. Nosotros arrendamos aquí por cien mil pesos. Mi mamá también vive acá”, explica Jetzibel, la migrante venezolana que vivía en el Valle de Azapa,

El sitio está en San Miguel de Azapa, una localidad agraria en el valle, que queda muy cerca del museo donde se encuentran las momias más antiguas del mundo, las chinchorro.

“Dentro de lo que cabe, yo me siento mejor acá en Arica que en Caracas”, dice. “Aquí al menos puedes trabajar, comprarte un par de zapatos, comer. Allá en Venezuela, no. Yo trabajaba todo el día, de 8 a 8, y apenas me alcanzaba para comprarme una arepa. Mi mamá, que ya estaba acá, insistió en que me viniera”. Dice que lleva tantos años sin ver la lluvia, que a veces ha pensado en avanzar hacia el sur de Chile. “Me han dicho que es tan verde como mi tierra natal”, comenta con su hablar educado y una cierta tristeza que tiñe todo su discurso.

Jetzibel entonces era apoderada del jardín infantil Granito de Arena, donde hoy nos informan que regresó con sus niños a Venezuela. 

Camila Noa, su segunda hija, de un año y dos meses, es una mulata preciosa, que nació de su relación con Raúl Noa (47), un cubano que está legal en Chile y al que conoció en el mercado.

–Yo trabajaba en El Agro, vendía mandarinas y naranjas. Todos los días subía con mi carretilla, mi hijo y Raúl siempre se me quedaba viendo, pero yo no lo conocía. Hasta que un día yo no trabajé y me puse en el puesto donde mi mamá vende zapatillas. Él se acercó a hablarnos, nos hicimos amigos y me invitó a salir. Después él vio mi situación económica, que no me daba mucho el trabajo, que con suerte juntaba 5 mil pesos al día. Entonces ofreció alquilarme una casa, sin decirme que el arriendo lo incluía a él… Bueno, yo acepté –cuenta con su pequeña en brazos.

“Ya tenemos tres años juntos. Yo no quiero tener más hijos. Yo estaba bien con uno y me cuidaba, pero salió Camila. Estará de Dios. Yo soy creyente, aunque no de una religión en especial”.

Si bien terminó la secundaria en Caracas y quiso estudiar informática en la universidad, la situación económica se lo impidió. Ahora, ya no vende en El Agro. Raúl provee.

Cuando le preguntamos en qué trabaja, Raúl nos comenta: “Tengo un emprendimiento en El Agro”. Al indagar en qué consiste nos cuenta que arrienda carritos de supermercado a los compradores en el mercado por 200 pesos o “lo que sea su cariño”, y que cuida y limpia autos en los alrededores. En esa tarea a veces lo ayuda Jetzibel, pero él prefiere que su mujer no trabaje.

Sin desconocer el amor, hay mucho de pragmatismo en estas relaciones. Jetzibel es una madre joven que necesitn protección. Y que conoce del machismo de su pareja.

–No es agradable pedir dinero hasta para comprarse un jugo. Yo desearía seguir estudiando. Trabajar, siempre he sido trabajadora. Me gusta tener mis propios ingresos, no tener que pedirle a él, pero Raúl dice: Yo te doy lo que necesitas, pero no es así. Nunca es así.

¿HAS PADECIDO RACISMO, XENOFOBIA?

Jetzibel cuenta que cuando estaba embarazada de siete meses fue a averiguar al Granito de Arena. Luego las propias profesoras las llamaron para que llevara a Camila. “Pero la niña está muy apegada a mí y no suelta la teta. Cuesta que ella se acostumbre, por eso no ha ido nunca en jornada completa. Veremos qué pasa este año”.

La migrante venezolana Jetzibel Estévez en el sitio del Valle de Azapa donde a fines de 2023 arrendaba una pieza con su pareja y sus dos hijos.

La joven mamá considera que “las maestras son responsables y el lugar es limpio, pero mi hijo mayor nunca estuvo tan chiquito en el jardín y uno siempre desconfía. Al comienzo, revisaba a la Camila entera, ahora espero que ojalá logre acostumbrarse, porque el jardín es una gran ayuda para que las mamás podamos trabajar”.

Raúl prefiere que su mujer no trabaje, que la niña aprenda en la casa, que esté con su madre. Jetzibel acepta, porque “soy de pocos amigos y casi no salgo”, dice, siempre con algo de tristeza y resignación.

¿Qué sueños comparten estas mujeres jóvenes y desarraigadas que luchan por sacar adelante a sus hijos en un país extraño? ¿Sienten el racismo y la xenofobia? ¿Qué las mueve en su día a día?

“Extraño todo de mi país. Todo. Ojalá algún día se componga la situación y podamos volver. Pero estoy consciente de que debo estar donde están mis hijos y ellos ya son chilenos. Estudian acá, hablan y hablarán como se habla acá. Uno se debe a sus hijos”, afirma, Jetzibel Estévez, migrante venezolana, con una conciencia tremenda.

Conmueve cuando afirma que nunca se ha sentido discriminada. “Es más; muchos creen que soy chilena, como soy blanquita… Distinto es lo que pasa con Raúl y con Camila”.