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Marisol y el consumo de alcohol:

“Nunca supe controlar la bebida”

Tomaba siempre con su marido. Y no sabía parar. Cuando él, tras 37 años de matrimonio, le dijo que no la quería, cayó en una depresión sin fondo. Descuidó el trabajo, las mínimas medidas de seguridad y cuidado, fue víctima de robo y violación. Una historia digna de un thriller de Netflix que, gracias al apoyo de los profesionales del Programa Terapéutico Residencial para mujeres que Hogar de Cristo tiene en Quilicura, podría tener un final feliz.

Por Ximena Torres Cautivo

16 Diciembre 2023 a las 14:31

Marisol nos ha esperado largo rato en el pasillo. Quiere ser oída. Contar su historia. Pide, eso sí, que protejamos su identidad. “Por mis nietos, por mis hijos”, pero necesita compartir la truculenta serie de Netflix en el que se convirtió su vida a causa de una desilusión amorosa.

Es una mujer de 60 años. Madre de tres hijos, de 39, 32 y 25 años. El mayor fue reconocido por el hombre con el que estuvo casada durante 27 años y con él que tuvo a los otros dos. Hoy está separada.

-Mi consumo de alcohol empezó o, mejor dicho, se desbordó con el término de mi matrimonio. Nosotros, como pareja, éramos buenos para el copete. Tomábamos juntos siempre. Yo nunca he sabido controlar la bebida. Cuando nos fuimos a vivir al sur, a Chiloé, eso se agravó. Allá bebíamos mucho.

En 2020, en plena pandemia, Marisol tuvo que viajar, porque su madre fue internada de urgencia en la UTI a causa de una accidente cardiovascular. Ocupada de esa emergencia familiar, estaba, cuando “mi marido me llamó para decirme que ya no me quería, que nuestro matrimonio había terminado, que no volviera al sur, porque se quería divorciar”.

La sorprendente y unilateral decisión la tumbó. “Caí en una depresión terrible. No me levantaba ni para lavarme el trasero”, dice, gráficamente.

VIOLENTO ASALTO

Marisol trabajaba en turnos en una residencia del SENAME, actual Mejor Niñez. Cuenta que, entre turno y turno, lo suyo era puro consumo.

“Cuando se me acababa el trago, salía a comprar. Fuera la hora que fuera. Una noche, muy tarde, me encontré con una cabra joven en la calle. Amistosa. Simpática. Me comentó que llevaba tres días sin comer y la llevé para la casa de mi hija, donde yo estaba viviendo. Le dije que tenía pan y queso para prepararle unos sándwiches. Lo hice por lástima, o de puro curada que estaba. Esa noche, mi hija tenía que trabajar, así es que no había nadie”.

Craso error.

Su “nueva mejor” amiga” le dio una pipa. Y Marisol probó la pasta base por primera vez. En medio de la inconsciencia que le provocó la droga, dice que sintió golpes en la puerta. Una horda entró a la vivienda, ubicada en Puente Alto. Semi inconsciente vio cómo saqueaban todo. “La ropa, los perfumes de mi hija. Hasta la plancha de pelo se llevaron”, dice.

No fue todo: a Marisol la patearon, la golpearon con puños y… la violaron.

Un grupo de vecinos de la villa donde vive su hija se dieron cuenta de que algo estaba pasando y lograron expulsar a los violentos asaltantes. Ella quedó devastada.

ME ESTOY APRENDIENDO A QUERER

Hoy Marisol vive en el Programa Terapéutico Residencial que Hogar de Cristo tiene en Quilicura. Es uno de los escasos centros de tratamiento de consumo problemático de alcohol y otras drogas para mujeres que permite a las madres de niños pequeños vivir su rehabilitación con ellos. Actualmente hay 12 mujeres, dos de ellas están acompañadas de sus pequeños.

Esta foto de 2018 muestra a una de las primeras habitantes del Programa Residencial Mujeres de Quilicura, que permite la rehabilitación del consumo de alcohol y de otras drogas a madres con hijos pequeños. En esa casa, vive hoy Marisol, quien nos contó su historia.

“Llevo ocho meses aquí y no he tenido ninguna recaída. Siento que me estoy sanando. Fue muy horrible todo lo que viví, al punto que intenté suicidarme. Después del asalto, robo y violación, estuve hospitalizada varios días en el Sótero del Río. Me pasaron a una cama psiquiátrica de corta duración y luego alguien nos habló de este lugar, donde afortunadamente pude entrar”.

Marisol hoy tiene incorporado en su hablar el lenguaje terapéutico que ha absorbido en la residenica. Comprende y usa términos como “comunicación asertiva”, “introspección”, “autovaloración”, para reflexionar sobre su historia. Sobre la relación con su ex marido. Y el apoyo que le han dado sus tres hijos. Además, sobre su propio proceso de reconstrucción personal.

–Entré a esta casa destruida. No me sentía segura. Sentía que había delincuentes por todas partes y que me atacarían. Pero el tratamiento ha sido muy exitoso. Agradezco a los profesionales, sobre todo a mi educadora, que me ha sostenido y me ha permitido hacer progresos increíbles. He resignificado toda mi historia. Ahora sé quién soy.

Si quieres ayudar a las mujeres que recuperan sus vidas, como Marisol, apóyanos, cliqueando aquí. https://hubs.la/Q01B2f-H

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