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Adultos mayores responden:

¿Con qué regalo sueñas esta Navidad?

A pesar de que a la mayoría de los hombres de la Casa de Acogida Transitoria de Puente Alto, no les queda más familia que la compañía de sus propios pares en Hogar de Cristo, a todos la Navidad les gatilla recuerdos de infancia, de fiestas, comidas y regalos simples y entrañables, que aquí rememoran.

Por Matías Concha P. 

La Navidad es la única vez en el año en que un adulto mayor se convierte en una figura pública popular. “El resto del año dejamos de ser importantes para la sociedad y si se nos da tribuna es sólo para hablar de enfermedades, soledad o abandono”.

Él es uno de los 22 hombres con largas experiencia de vida en situación de calle que habitan en este programa del Hogar de Cristo, que entiende la institucionalización como una etapa transitoria. Tienen entre 55 años, el menor, y 87, el mayor, y sus historias, siendo muy diversas, tiene de base el abandono.  “Yo llegué acá desde Colombia, hace como un año… Como soy profesor, quería conocer nuevas culturas y gente nueva, pero las cosas no terminaron bien”.

-¿Por qué?

-Allá me terminé separando de mi segunda mujer, que me fue infiel, entonces caí en una depresión bien fuerte y me quedé sin trabajo, sin nada. Viajé a Colombia a conocer a una amiga con la que me conecté por Facebook, pero al final me fueron a dejar a un hogar de ancianos en Medellín. No me dejaba volver a Chile, porque recibían una subvención por tenerme ahí encerrado, así que estuve ahí un tiempo aislado e incomunicado, sin celular ni nada.

-¿Y cómo lograste escapar?

Como iban voluntarios a vernos, logré contarle a una señora que me tenían ahí contra mi voluntad. Ella fue súper humana y me pagó el pasaje a Chile, me dijo: “No tiene que devolverme nada”.

Después de llegar al Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez, en Chile, Rafael cayó en la cuenta de que había sido víctima del robo de todos sus documentos, dejándolo sin la posibilidad de entrar oficialmente al país. Esta situación lo tuvo viviendo dentro del aeropuerto durante semanas, al más puro estilo de la película de Steven Spielberg, de 2004, “La Terminal”.

-Intenté llamar a mi única hija, pero nadie me vino a buscar. Al final, me vinieron a dejar al Hogar de Cristo, el único lugar que se preocupa por los viejos todos los días, no solamente en la Navidad.

-¿Qué opinas de la Navidad?

Es la única época del año donde todos los niños esperan que un viejo como yo llegue a su casa, el resto del año no nos espera nadie, para qué estamos con cosas, la Navidad es para los que tienen familia, a menos de que seas el viejo pascuero y llegues lleno de regalos.

-¿Qué extrañas en estas fechas?

Extraño a mi papá, que se disfrazaba de Papá Noel. ¡Qué nostalgia, amigo!

-¿Hay un regalo de Navidad que recuerdes con cariño?

-Me regalaron un camión militar que tenía radar, eso me impresionó. Y ahora de grande, lo que más me gustó fue el regalo que yo le hice a mi madre: mi título de profesor de educación básica.

LA SOLEDAD DEL VIEJITO PASCUERO

“La Navidad es la temporada del año donde más se lee en redes sociales la palabra viejo o “viejito” acompañada de pascuero. Lamentablemente el resto del año dejan de ser importantes para la sociedad y ,si se les da tribuna, es para hablar de las enfermedades que los aquejan, de la soledad y abandono social, además de hacer “meas culpas” sin cambiar en nada las actitudes hacia la vejez, hablando en prensa de los “abuelitos”, una forma tierna, pero paternalista, medio lastimera”, opina la jefa de la Casa de Acogida Transitoria de Hogar de Cristo, Carolina Mena.

Eso mismo ha vivido Luis Narea (72), otro residente transitorio de esta Casa de Acogida. “Daría lo que fuera con tal de volver a vivir otra Navidad con mi mamá, yo era su conchito, su regalón”.

-¿Cómo recuerdas la Navidad con ella?

Íbamos juntos a sacar leche de vaca, imagínate, y como ella sabía que me gustaba el deporte, me regaló una la pelota de fútbol preciosa, que todos mis amigos admiraban porque era muy parecida a la que se ocupó para el Mundial del 62´.

-¿Hace cuánto vives acá?

-Esa pregunta es muy buena, muy capciosa, resulta que yo nunca preparé mi vejez y me dediqué a cuidar a mi madre y a mi hija, que logró titularse de fonoaudióloga en la Universidad Católica, pero la vida nos separó y hoy vive con una tía que tiene muy buen pasar.

-¿Por qué no volvieron a verse?

-Ya no tengo nada que ofrecerle, no tengo trabajo, me cuesta caminar y quizás ese es el problema, tal parece ser que la gente se olvida que todos los días hay viejos y viejas que no llegan con un saco de regalos pero sí con otros regalos, como la buena conversar o la risa y los recuerdos.

“QUIERO VOLVER A PASAR LA NAVIDAD CON MI MADRE”

Para Héctor Antonio (55), la Navidad representa una época mágica, un tiempo lleno de anhelos y nostalgia.  “Al menos en mi niñez era así, me sentía seguro, especialmente en la época en las que estuve con mi padre, que mantenía a la familia unida, porque después de que él falleció, la familia se desmoronó. Yo terminé en la calle a las 14 años,  el resto de mis hermanos en diferentes casas y mi madre en su país, Argentina, muy sola”

Héctor es otro de los participantes de la Casa de Acogida Transitoria que Hogar de Cristo tiene en la población Teniente Merino de Puente Alto. “Antes de estar acá, viví más de 40 años en la calle, tratando de sobrevivir. Hace no tanto tiempo me atropelló una camioneta y me quebró la cadera, por eso llegué a vivir acá, porque literalmente la calle me iba a terminar de matar”.  El consumo problemático de alcohol lo alejo de su trabajo: era un diestro carpintero, especialista en hacer sillas, tres modelos clásicos, que describe en detalle.

-¿Tienes familia?

Sí, tengo una hija y tres nietas a las que no conozco.

-¿Por qué?

Por la calle, las malas decisiones… De niño me arrancaba del colegio y nunca me imaginé que de haber seguido en el colegio, la vida se me hubiera hecho mucho más fácil.

-¿Y qué le pedirías al viejo pascuero?

-El mayor regalo que le podría pedir a la vida es volver a pasar una Navidad con mi madre. Con decirle que ya no recuerdo cuando fue la última vez que pasé una Navidad con ella, pero no me queda otra que estar acá, lo que también es una oportunidad muy linda, porque acá se aprende a respetar, a mantener el orden. Imagino que será una Navidad bien en comunión y como hermanos, deseándonos lo mejor y creyendo, aún, que somos todos hermanos.


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