El domingo 17 de mayo partió con ese ambiente que mezcla deporte, entusiasmo y una pregunta muy humana: ¿Por qué me inscribí en 5K si anoche dije que iba a acostarme temprano? Pero bastaron unos minutos en Mall Vivo Los Trapenses, en Lo Barnechea, para que la duda se fuera trotando sola en la corrida.
Familias completas, grupos de amigos, niños chicos, corredores serios con cara de reloj inteligente y otros más relajados con cara de “vine por la causa” se reunieron en la cuarta Corrida del Hogar de Cristo para Superar la Pobreza. Una jornada pensada para moverse, compartir y recordar que correr también puede ser una forma concreta de ayudar.

Entre los participantes estuvo Felipe Alessandri, alcalde de Lo Barnechea, quien ya parece estar agarrándole el gusto a esta tradición. “Esta es la cuarta corrida del Hogar de Cristo, y la segunda desde que yo soy alcalde y he corrido las dos, acá se siente una adrenalina especial y la idea es apoyar. Todos sabemos que el Hogar de Cristo hace una tremenda pega, y tenemos que estar presentes apoyando, no solamente la sociedad civil, también el Estado y los municipios”, señaló.

Con recorridos de 3K y 5K, la actividad convocó a personas de distintas edades en una experiencia cercana y llena de energía. Porque acá no se trataba de llegar primero, ni de hacer marca personal, ni de demostrarle nada a nadie. El verdadero objetivo estaba claro desde antes de la partida: cada inscripción se convirtió en ayuda concreta para apoyar a miles de personas que viven en situación de vulnerabilidad a lo largo del país.

“Estamos contentos de haber participado de esta corrida para Superar la Pobreza del Hogar de Cristo, aquí con la camioneta verde del Padre Hurtado. Esta corrida es para superar la pobreza y nos interesa mucho que en esta actividad, que es familiar, los más adultos podamos contarles a los más niños la historia del Padre Hurtado, y podamos tener la mirada sobre los nuevos dolores y necesitados que hay en nuestro país”, dijo José Francisco Yuraszeck, capellán general del Hogar de Cristo, junto a un símbolo que siempre despierta cariño y memoria: la camioneta verde del Padre Hurtado.

La escena tenía de todo: papás tratando de seguirle el ritmo a sus hijos y niños que, probablemente, terminaron con más energía que al comienzo. Porque esa es una de las gracias de esta corrida: no exige ser atleta, pide estar presente. Y eso, en tiempos donde muchas veces cuesta levantar la vista del celular, ya es bastante.