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 “A un niño cualquiera le hace cariño; a los viejos no”

Desde hace unos meses el programa del Hogar de Cristo dejó de ser un centro diurno y hoy está enfocado sobre todo en las visitas domiciliarias, los llamados PADAM. Muchos de los adultos mayores no se veían desde hace tiempo, pero el equipo de trabajadores organizó una cita para que se reencontraran junto a sus voluntarios y seres queridos.

María Luisa Galán

 

La cita era a las 10.30 pero antes de las 10 de la mañana ya había adultos mayores esperando con ansias el encuentro con sus compañeros, voluntarios y trabajadores del Programa de Atención Domiciliaria del Adulto Mayor (PADAM) de Renca. La mesa servida, con comida y bebidas, los esperaba. Los otros invitados fueron llegando después y apenas arribaban, la algarabía era tremenda. Sobre todo cuando vieron a Carmen y Alberto, voluntarios desde hace 25 años, que el 2019 hicieron un alto pero que este  retoman sus talleres de los sábados, donde leen, comentan del acontecer nacional, cantan. “Es una alegre noticia”, declara Claudia Méndez, la directora del centro.

Alberto y Carmen se conocieron porque sus hijos fueron compañeros en la Academia de Humanidades y junto a otros diez apoderados fueron al PADAM a hacer voluntariado. Al final, quedaron ellos dos. “A mí siempre me gustó visitar a los adultos mayores, porque a un niño, cualquiera le hace cariño; a los viejos no”, dice Alberto.

Al encuentro llegaron cerca de diez adultos mayores, quienes sentados alrededor de la mesa comenzaron la conversación comentando los talleres que hizo otra voluntaria, Patricia de la Fundación Amanoz, el año pasado. Ella  les pidió que dijeran lo bueno y lo malo de las sesiones 2019. Lo negativo según Mónica, una de las participantes que vibra porque hace unas semanas apareció en la tele junto a José Miguel Viñuela, no le gustó que el taller durara tan poco. “Porque aquí salgo de la rutina, me voy feliz para la casa. Uno arranca del qué cocino hoy, del que la plata no me alcanza”, comenta.

Otra, en tanto, cobra sentimientos porque una de las compañeras no la ha ido a ver. La aludida dice que no tuvo tiempo. Y tienen un problema, no se acuerdan de lo que hacían en los talleres anteriores. Por eso la nieta de una de las participantes le sugirió que llevara una libreta. Pero otro asistente, Raúl, la refuta. Dice que no sabe leer, conoce la estructura del alfabeto, eso sí. Comenta que los electroshock le afectaron la cabeza. Vivió en la calle, tuvo consumo problemático de alcohol y hoy arrienda una pieza cerca del PADAM.

Son pocos los hombres miembros del programa; de hecho, a don Raúl antes no le gustaba ir, sobre todo cuando estaban en otro lado. “Es que no participo en nada, sólo veo la tele”. Pero el médico le sugirió que compartiera en grupos. El otro día, con sus compañeros del PADAM, fueron al teatro de  La Moneda a ver “La Laguna Negra”. Fue su primera vez en el teatro.

Otras de las asistentes es Rosa, tiene 80 años y es la que menos tiempo lleva en el PADAM. Asiste  desde hace tres años y no sabe cómo “las señoritas” llegaron a su casa. “Un milagro de Dios”, piensa. Tuvo dos hijas, la primera nació cuando tenía 15 años, la segunda a sus 17, pero su pareja falleció mientras estaba embarazada. Se iban a casar el 16 de enero, pero “a él se le ocurrió morirse”, relata. Tenía 22 años y le dio tuberculosis. En el camino, tuvo la oportunidad de criar a otra niña. “Nunca me gustaron las niñitas, pero el tatita Dios me regaló una guagüita de 5 días”. Hoy las tres son profesionales. Además, Rosa conoció al Padre Hurtado, era una niña de 8 años. “Nos hacía cariño en las manos, así, dándonos golpecitos. Llevaba a los pelusitas que recogía al lado del cité donde vivíamos, en la calle López en Independencia. Lo conocimos porque éramos mocosos intrusos y por las ventanas lo veíamos. Cuando llegaba en su camioneta, traía pan dulce de la panadería Santa Rosa, de La Pinto y de la Colón, y lo repartía. Y había unas botellas de leche de un cuarto de litro y él nos daba eso, el pan y la leche. Nos decía: se comen todo. Era muy tierno”, cuenta.

La cita termina pero con el compromiso de los voluntarios de volver en marzo con nuevos talleres, enfocados en temas de ayuda memoria, problemas visuales y un taller de caligrafía, tal como pidieron los mismos adultos mayores.

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