“Soy hija de profesores, mis hijos son profesores y yo soy profesora. Me preocupa que todavía existan analfabetos, y que en su mayoría sean mujeres. Recordemos que antiguamente se privilegiaba la educación de los hijos varones. A las niñas las destinaban a las labores domésticas y se esperaba que de adultas se casaran. Hay muchas causas que originan el analfabetismo, la pobreza es otra de ellas”.
Recuerda un caso bien ejemplar. El de una mujer de 89 años, a quien le enseñó a leer y escribir.
“Fue regalada de niña, a los ocho años, a una familia, como dama de compañía. No supo lo que era jugar ni ir a la escuela. A los 15 años, fue rescatada por su hermano, quien la llevó a Valparaíso. Su historia es realmente de resiliencia pura”, cuenta.
Agrega: “Ella empezó a trabajar como asesora del hogar y era tan responsable y esforzada, que logró entrar a la empresa Yarur, donde nunca nadie supo que era analfabeta. Solo supieron de su enorme capacidad y responsabilidad para realizar las tareas que otros no querían hacer”.
Enseñarle a esa esforzada adulta mayor de 89 años a leer y escribir le ocasionó una de las mayores satisfacciones en su vida.
“Hay tantos dramas ocultos e historias maravillosas en mis alumnas. Nadie puede imaginar la alegría que me da verlas madurar, porque hay mucho de niñez grande cuando no puedes sino copiar tu nombre. Ellas mismas me dicen que antes se les olvidaban las cosas, que ahora la memoria ha mejorado. El aparato cognitivo está muy vinculado a la memoria”.
Por eso, la escritura es fundamental para prevenir el deterioro cognitivo y mejorar la atención. Nuestra profesora vive en Maipú, donde se estima que el 15% de su población es adulta mayor.

Aunque como país hemos avanzado, todavía hay miles de personas —sobre todo mujeres— que nunca tuvieron la oportunidad de aprender a leer y escribir. Foto referencial de archivo Hogar de Cristo.
“Llevo muchos años alfabetizando, primero lo hice en la comuna de Padre Hurtado, durante catorce años. En Maipú propuse a un centro de adulto mayor enseñar a leer y escribir y desde entonces, lo hago. Pero no es una tarea fácil”.
Se requiere de conocimientos muy especializados para emprender esta labor. Ella, como profesora normalista que sigue educándose a distancia en una universidad española, está más que preparada.
“Estoy haciendo un curso de redacción y me encanta la Inteligencia Artificial. No cierro las puertas a continuar mi formación, pero en cuanto a la educación para personas como yo no dudo en afirmar que no hay mejor maestro para una persona mayor que un adulto mayor”.
No cabe duda además, que ella lleva el voluntariado en su ADN.
Nos comenta que al jubilarse después de 45 años de trabajo educativo, fue voluntaria en el Hogar de Cristo. Ahora es voluntaria en el SENAMA donde encontró en la alfabetización un camino natural para seguir aportando como profesora.
Cuando le contamos sobre nuestra convocatoria, que, a partir del 27 de abril, invita a que los mayores de 65 compartan su caligrafía, se entusiasma. No duda en dar ideas y ofrecerse como jurado.
“Yo le llamaría Cuéntame tu vida en 20 líneas. A menudo se le da más importancia a la actividad física en esta etapa de la existencia, pero la escritura a mano es demasiado importante para conservar una buena actividad cerebral”.
SI ERES UNA PERSONA MAYOR, PARTICIPA EN NUESTRA CONVOCATORIA DE CALIGRAFIA Y MANDA TU ESCRITO A RRPP@HOGARDECRISTO.CL