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CAR Estación Central

“Las parejas jóvenes de ahora no nos casamos. Tenemos gatitos, perritos”

Contraer nupcias, ver a los hermanos, vivir con la mamá, son algunos de los sueños de quienes viven en la residencia para personas en situación de discapacidad mental del Hogar de Cristo. En estas líneas te contamos sobre sus anhelos.

Por María Luisa Galán

“Señorita, ¿es periodista? Dígale a los de Chilevisión que den Doctor Milagro más temprano, porque lo dan muy tarde. Anótelo, no se le vaya a olvidar”, solicitó una de las treinta personas con discapacidad mental que viven en el Centro de Atención Residencial (CAR) del Hogar de Cristo, ubicado en Estación Central. Esperaban su almuerzo: unas ricas lentejas con huevo duro rallado. En eso, otra mujer pregunta: “¿cuándo me va a venir a buscar a mi mamá?”.

En este espacio cohabitan hombres y mujeres mayores de 18 años. Cada uno es atendido por un grupo especializado de TENS y profesionales de diversas disciplinas. Tienen sus habitaciones, reciben sus alimentos, medicamentos y todos los cuidados que requieren. Unos tienen esquizofrenia, otros demencia, pero la lista de problemas de salud es más extensa en algunos casos. Se suman, por ejemplo, diabetes o asuntos cardiacos.

Mauricio Petit reside hace siete años en el CAR. Cuando llegó se sentía solo. No conocía a nadie y no tenía plata ni para un cigarro porque no podía acceder a su pensión. “Aquí he tenido altos y bajos, pero lo mejor de estar aquí ha sido tener mi pensión y conocer a mi pareja, la Silvia, hace siete años. Yo estaba sentado ahí afuera y me apuntó. Dije: ‘la conozco’ y sentí que me quería de verdad”, cuenta con ojos enamorados.

Silvia vive en una Casa Protegida del Hogar de Cristo y solían verse todos los días, pero la pandemia restringió todo. Se ven una vez a la semana.

Si no existiera el Hogar de Cristo estaría en mi casa haciendo quizás qué cosas, o en la calle. Quiero que me den de alta para irme a mi hogar y formar una familia con Silvia. No quiero casarme, las parejas jóvenes de ahora no nos casamos. Tenemos gatitos, perritos”, dice.

Sueños

Lo primero que muestra Karen Cárdenas cuando uno se le acerca, es su anillo. “¡Mira! Me casé con el Jorge”, cuenta orgullosa. Contrajo nupcias en abril del 2021 y, desde noviembre del 2017, que vive en el CAR. Su relato, continúa: “Soy Carabinera, jefa y PDI. Cuando estuve en el Hogar San Luis fui unos días a la PDI y ahora me quieren volver a llamar. Y me gusta porque ayudo a las chiquillas”.

Dice que está feliz en la residencia y que su pasatiempo es tejer. Teje mantas para el invierno. “Mi sueño es tener una casa en donde me quieran”, expresa al final.

Manuela Lizama llegó hace poco al CAR, derivaba desde el hospital Félix Bulnes. No recuerda fechas ni cuántos años tiene, pero está feliz. Es la mayor de nueve hermanos y sueña con ver a uno de ellos. “Quiero ver a mi hermano. Hace cuatro años que no lo veo porque vive en Iquique. Lo quiero ver luego”, cuenta Manuela, que ama actuar y espera, algún día, ser actriz.

Albertina González es de esas mujeres menuditas que hacen imposible imaginar que concibió ocho hijos. Es oriunda de Lautaro, en la región de la Araucanía, donde trabajó como temporera y hoy, es una de las participantes con más años de residencia en el CAR. Llegó hace 12 años. “Quiero mucho a las tías, no tengo nada que decir de ellas. Llegué inválida y ahora no hay nadie quien me pare”, cuenta sobre aquellos años en que cruzó la puerta del CAR en sillas de rueda luego de un accidente.

Albertina está enamorada. Tiene pololo, Gastón, quien vive ahí mismo en el CAR. Además de sus ocho hijos – dos de ellos fallecieron – hizo propios a los dos de su pareja. “Me dicen mamá Tina”, cuenta. “Mi sueño es casarme con mi Gastón, irme con él, pero no sé qué haría sin mi Carlita. Ella es mi guagua”, dice Albertina mientras mira a Carla, una de las TENS, que tiene el nombre y la edad de una de sus hijas.

Elizabeth Musatadi tiene una estampa y un estilo únicos. Su apellido y ascendencia son 100% españoles. Su padre nació en Guernica, la ciudad que fue bombardeada por los alemanes en la Guerra Civil Española. Hace tres años que vive en el CAR. Llegó derivada de la casas de acogida del Hogar de Cristo porque se le empezaron a olvidar las cosas. Se le quedaba la cocina encendida y debido a que es un espacio donde tienen sólo una monitora y son más independientes, fue mejor trasladarla donde la pudieran cuidar 24/7.

Hay algo particular en ella. Su oreja izquierda está cortada. Según relata, la asaltaron en la micro. “Nadie me ayudó”, dice con pesar. “Mi sueño es estar con mi mamá otra vez. Mi mamita es taxista, tiene 87 años. Quiero cuidarla, darle los remedios”, comenta Elizabeth, sobre su progenitora.

Hogar de Cristo cuenta con 48 programas a nivel nacional focalizados en personas que presentan discapacidad mental, atendiendo en total a más de 1.800 personas. De estos, el 56% son hombres. El promedio de edad de los participantes es de 42 años. En cuanto a su situación de pobreza, el 71% presenta una pobreza monetaria extrema. En tanto, el costo mensual por persona en los centros residenciales es de 814 mil pesos.


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