Una fotografía, algunas velas, flores de cempasúchil y el plato favorito de alguien que ya no está. En México, cada objeto tiene un lugar en los altares que se preparan para el Día de Muertos. La tradición, que reúne antiguas costumbres indígenas con celebraciones católicas, parte de la creencia de que las almas de los fallecidos regresan temporalmente para visitar a sus familiares.
La celebración tiene sus días principales el 1 y 2 de noviembre. El primero corresponde a Todos los Santos, mientras que el segundo está dedicado a los Fieles Difuntos. En México, estas fechas se viven con música, comida y reuniones familiares, una expresión cultural que la UNESCO reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Y que está maravillosamente expresada en la película Coco, que ganó el Oscar al mejor filme animado en 2017.
En Chile, las costumbres son diferentes. Las familias visitan los cementerios, llevan flores, limpian las tumbas y recuerdan a quienes ya no están. Algunos rezan, otros comparten recuerdos y hay quienes simplemente se quedan un momento frente al lugar donde descansa alguien querido.
Recordar y despedir a nuestros muertos parece algo natural, pero no todas las familias pueden hacerlo de la misma manera. La pobreza, que marca tantos aspectos de la vida, también puede hacerse presente al momento de la muerte. ¿Qué ocurre cuando una persona muere sin contar con los recursos económicos o las redes de apoyo necesarias para recibir una despedida?
En México se cree que desde el 28 de octubre hay almas que bajan a estar en este plano y ese día se ofrenda a los fallecidos de manera trágica, por violencia o accidentes. El 30 y 31 se dedican a las guaguas y niños pequeños que murieron sin haber sido bautizados y el 1 de noviembre, a aquellos que recibieron el bautismo. Las familias preparan altares decorados con juguetes, dulces y fotografías para recibir a estos espíritus.

En estas fechas las calles de México se llenan de elementos alusivos al Día de los Muertos. Aquí variedad de altares en el centro histórico de Ciudad de México. (Fotos: @experimentacultura)
En estas fechas las calles de México se llenan de elementos alusivos al Día de los Muertos. Aquí variedad de altares en el centro histórico de Ciudad de México. (Fotos: @experimentacultura)
El 2 de noviembre se honra a los adultos que dejaron el plano terrenal, principalmente a través de los altares que adornan los hogares de los mexicanos.
En algunos lugares las familias también se reúnen en los cementerios, limpian las tumbas, dejan ofrendas y celebran la vida de los seres queridos con música y comida. Es una fiesta.
Las ofrendas son una parte fundamental en los altares, pues a través de ellas se expresa el amor a quienes ya no están.
Algunos de los elementos que no pueden faltar en el altar son:
Fotos de las personas a quienes se honra.
Velas y cirios que representan la luz que guía y da paz a las almas.
Agua para calmar la sed de los difuntos.
Sal para evitar que el espíritu se pierda o se corrompa durante su estancia.

Su color naranja y aroma ayudan a las almas a encontrar el camino hacia su ofrenda.
Flor de cempasúchil, cuyo color naranja y aroma ayudan a las almas a encontrar el camino hacia su ofrenda.
Papel picado -papel recortado con distintas figuras- que da color a la ofrenda y representa el aire, uno de los cuatro elementos esenciales.
Incienso para purificar el ambiente con su aroma.
Alimentos: se colocan los platos favoritos de los difuntos, incluidas las frutas y bebestibles que les gustaban.

Su forma simboliza el ciclo de la vida y la muerte.
Pan de muertos, cuya forma simboliza el ciclo de la vida y la muerte.
Calaveritas hechas de azúcar, chocolate o amaranto (antiguamente eran cráneos de verdad).
Esta tradición tiene diferentes variantes, unas más laicas y otras más católicas. Cristina Ferrer, periodista chilena radicada hace más de 30 años en México, nos explica lo que significan los principales elementos de su altar, que tiene tres niveles.
En el nivel de arriba está la iglesia triunfante, Jesús, la Virgen, los santos, los ángeles. Tienen un lugar los santos Alberto Hurtado y Teresita de los Andes.

Su significado tiene tres niveles
“En un estadio intermedio está la iglesia purgante, que son todos nuestros muertos que están purificándose para llegar al cielo. Allí pongo las fotos de mis seres queridos que ya no están con nosotros”, nos dice.

Acá están todos nuestros muertos que están purificándose para llegar al cielo
“Más abajo represento a la iglesia militante, que son los vivos que rezan por los muertos y los muertos que rezan por los vivos. Ahí coloco la comida que le gustaba a mis muertitos (sus platos preferidos, chocolate, cigarritos) y las distintas ofrendas -velas, agua, sal, la flor naranja (Cempasúchil), pan de muertos- y también calaveritas que nos representan a nosotros los vivos que estamos disfrazados de muertos y representan la alegría de celebrar a los que ya no están con nosotros, pero están vivos también en nuestro recuerdo”, finaliza.

Acá están los vivos que rezan por los muertos y los muertos que rezan por los vivos
¿Y tú cómo celebras a tus muertos? ¿Con una fiesta alegre, llena de color y emotiva como en México?
La pregunta adquiere especial importancia en Chile cuando hablamos de personas en situación de calle. No hay muerte más solitaria y desangelada. Según el monitoreo Panorama de Calle, elaborado por la Corporación Moviliza, entre 2020 y 2025 se registraron 620 fallecimientos de personas en situación de calle en Chile. De ellos, 221 correspondieron a homicidios, 63 a hipotermia y 61 a enfermedades. Las cifras muestran los riesgos de vivir a la intemperie, donde la violencia y la falta de protección pueden tener consecuencias fatales.
Detrás de cada fallecimiento hubo alguien con un nombre, una historia y vínculos que, en algunos casos, se fueron perdiendo con los años. Cuando tampoco existen recursos económicos ni personas cercanas que puedan hacerse cargo del funeral, incluso la despedida se vuelve una dificultad.
Esa preocupación también forma parte de la historia del Hogar de Cristo. Para Alberto Hurtado, la dignidad de las personas más pobres debía ser respetada durante toda su vida, incluso al momento de su muerte.

Funeral de San Alberto Hurtado a mediados de agosto de 1952 en Santiago de Chile
Con ese propósito, el 26 de enero de 1954, dos años después del fallecimiento del sacerdote jesuita, nació la Funeraria Hogar de Cristo. Su objetivo era ofrecer servicios funerarios dignos, especialmente a quienes no contaban con los recursos necesarios para costearlos.
Durante 2025 realizó 118 servicios sociales, ofreciendo una despedida digna a personas y familias en situación de vulnerabilidad. A ello se suma la atención funeraria gratuita para quienes fallecen mientras participan en los programas sociales del Hogar de Cristo, una labor que busca que la falta de recursos económicos no se convierta en un impedimento para recibir un último adiós.

Desde su creación, la Funeraria destina sus utilidades a financiar los programas sociales del Hogar de Cristo.
Un funeral implica gastos, trámites y decisiones que muchas familias deben enfrentar en medio del dolor. Para quienes viven en situación de pobreza, contar con apoyo en ese momento puede marcar una diferencia importante. Porque, así como todos merecemos vivir con dignidad, también deberíamos tener la posibilidad de despedir dignamente a nuestros seres queridos.